iglesia-vacia.png

Santiago González

Desconocimiento del Amor de Dios, por culpa de una teología modernista y horizontal; y omisión del Temor de Dios, por culpa de una pastoral acomplejada y debilitada.

¿Por qué se ha abandonado, en la mayor parte de la población católica, la asistencia a la Misa Dominical?… ¿Cómo es posible que en España (nación de tradición cristiana) la participación en Misa (en días de precepto) apenas supere el (equis) % de los bautizados?…

No es sencillo responder a estos interrogantes, y sería pretencioso hacerlo en un breve artículo, pues el tema da para una tesis profunda. Sin embargo podemos aproximarnos a la realidad de esta masiva desafección a la celebración de la Fe. Y esa aproximación yo propongo que se haga a través de las causas que han llevado a esta “huida” de la Santa Misa. Creo que son básicamente dos Causas:

La primera es el desconocimiento del amor de Dios.

La segunda es la omisión del temor de Dios.

¿Para qué vamos a Misa? Pregunta de catequesis, tanto de comunión como de confirmación. La respuesta correcta es: para dar gracias a Dios por su infinito amor, ya que la Santa Misa es el memorial de la pasión, muerte, resurrección y ascensión de Nuestro Señor Jesucristo. Vamos a Misa para reconocer el infinito amor de Dios por nosotros, y porque ese amor suscita una respuesta desde nuestra realidad humana y espiritual. La respuesta de un corazón agradecido es hacer de la Misa el centro de la vida, no sólo de la semana—o del día, para el que vaya diariamente a Misa. Cuando de verdad creemos que la Misa es eso: Santo Sacrificio de Amor, entonces si dejamos de ir es porque o no tenemos FE o, sencillamente, nuestro corazón es frío como el hielo y duro como el metal más denso. Si no vamos a Misa en domingo es porque nos da igual el Amor de Dios por nosotros, despreciamos su crucifixión expiatoria por nuestros pecados. Por eso la primera causa del abandono de la Misa dominical es el desconocimiento u olvido del Amor que Dios nos tiene.

¿Y qué colabora a que lleguemos a ese desconocimiento? Pues colaboran las concepciones de la Misa imbuidas de teología modernista y “progre”, a saber: Misa como asamblea sociológica, eliminación del sentido sacrificial, liturgia del tipo show sin referentes sobrenaturales, redundancia del banquete pascual en detrimento de la cruz, y toda clase de abusos litúrgicos de origen protestante u orientalista.

Con ello llegamos a la segunda causa: omisión del temor de Dios, que, recordemos, es un don del Espíritu Santo. Es el temor “afectuoso” de ofender a quien más nos ama: Dios Nuestro Señor. Y es temor también a perder para siempre a Dios (condenación eterna). Se ha omitido el temor de Dios porque, sencillamente, se ha aniquilado el “sentido de pecado”. Y, aplicado a la Santa Misa dominical, hay que recordar que faltar a Misa un domingo es pecado mortal, tal como indica el punto 2181 del Catecismo de la Iglesia Católica. Sin embargo hoy día:

La mayoría de los que faltan a Misa no saben que eso es pecado mortal.

En poquísimas ocasiones se enseña que es pecado mortal faltar a Misa (homilías, cartas pastorales, catequesis, formaciones, charlas, etc.), y eso es porque se ha sustituido el santo temor de Dios por el diabólico temor al mundo. Y esto es una clave fundamental.

Desconocimiento del Amor de Dios, por culpa de una teología modernista y horizontal; y omisión del Temor de Dios, por culpa de una pastoral acomplejada y debilitada. Ésas son, en mi opinión como sacerdote, las causas principales de que la Santa Misa (cuya asistencia es deber moral emanado de los mandamientos primero y tercero de Dios, y primero de la Iglesia) haya sido borrada de las conciencias de una inmensa mayoría de los católicos.

Infocatolica


Nota de Fe y Razón: El siguiente texto del mismo autor está en la sección de comentarios del artículo anterior.

“Por pregunta directa respondo a Roberto, que me interroga sobre qué soluciones concretas daría. Pues éstas:
1. Que cada niño/a apuntado en catequesis de comunión vaya a Misa todos los domingos con sus padres y no con el catequista. Y que se controle esa asistencia.
2. Que hagan la comunión no todos los “apuntados” sino los que durante dos años (veranos incluidos) se hayan hecho partícipes como mínimo de la Misa dominical.
3. Que los padres reciban catequesis al menos una vez al mes.
4. Que se exija al catequista una mínima vida sacramental de Misa y confesión.
5. Que los niños/as hagan su primera confesión el primer año y se vayan habituando a confesarse antes de comulgar por vez primera.
6. Que inmediatamente después de la primera comunión se siga la catequesis de poscomunión y pre-confirmación con el mismo catequista y que ese proceso concluya con la Confirmación a la edad de DOCE años.
7. Que las llamadas ‘Misas de niños’ sean Misas de familia donde se eviten los shows que son pan para hoy y hambre para mañana.
8. Y que los Obispos apoyen a los párrocos en todo este proceso, por si se dieran quejas a la Diócesis por desacuerdo de parte de los padres que sólo buscan el jolgorio de la fiesta de ese día (de la Primera Comunión).
De momento le doy estas ocho. Un abrazo.

Otros artículos del autor:

Primeras comuniones: abusos a montones
Del lenguaje “merengue”… ¡Líbranos, Señor!
Miedo, miedo, miedo… el gran enemigo de la nueva evangelización