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Daniel Iglesias Grèzes

Reseña del libro de Steve Goreham, The Mad, Mad, Mad World of Climatism – Mankind and Climate Change Mania, New Lenox Books, New Lenox IL USA, 2012.[1]

La humanidad en las garras de una locura

El Capítulo 1 presenta a los principales representantes del climatismo,[2] sostiene que ahora el cambio climático es un gran negocio para muchos y explica cómo se llegó al actual estado de cosas, desde el testimonio del Dr. James Hansen ante el Comité de Energía y Recursos Naturales del Senado de los Estados Unidos y la creación del IPCC en las Naciones Unidas –ambos hechos ocurridos en 1988– pasando por la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro (en 1992) y la firma del Protocolo de Kyoto (en 1997).

Haz esto para salvar el planeta

El capítulo 2 sostiene que la energía renovable es una solución ilusoria del supuesto calentamiento global porque es muy cara, provee relativamente poca energía y no reduce significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero; y además porque la energía eólica y la energía solar son intermitentes y los biocombustibles son un pobre sustituto de la gasolina.

En ese mismo capítulo Goreham presenta siete cambios principales en el estilo de vida impulsados por partidarios del climatismo: la electrificación de los vehículos, la descarbonización de las viviendas, las empresas “verdes”, la reducción de los viajes aéreos, las dietas vegetarianas, la reducción del tamaño de las familias e incluso el cambio del gobierno y la economía (algunos “climatistas” abogan por la eliminación de la democracia y el capitalismo). A continuación el autor presenta “el espectro del gobierno global”[3], “el dilema de las naciones en desarrollo”[4] y “el lío del comercio de carbón según el sistema cap-and-trade.”[5]

Al final del capítulo 2, Goreham resume el asunto de una forma elocuente: “Parar el calentamiento global es la máxima prioridad de la ideología del climatismo. Eso es más importante que el desarrollo económico, la libertad, la democracia, el capitalismo y el bienestar de las naciones pobres. Ciertamente es más importante que tu auto, tu familia, tu dieta, tu casa, tu viaje y tu estilo de vida. Bienvenido al loco, loco, loco mundo del climatismo. Es un mundo de comidas vegetarianas y bocadillos de insectos, autos diminutos, lámparas fluorescentes y créditos de carbono. Es un mundo en el que tus hijos son medidos por el tamaño de su huella de carbono, más que por el contenido de su carácter. Es un mundo dirigido por burócratas globales que no son responsables ante ningún votante. Es un mundo de energía eólica, solar y de biocombustibles, subsidiada por el gobierno y cara. Los proponentes del climatismo afirman que todo esto, y más, es necesario si vamos a salvar el planeta.”[6]

La simple ciencia del calentamiento global antropogénico

Los capítulos 3-5, que tratan de la ciencia del clima, constituyen el núcleo del libro. Presentan fuertes argumentos científicos que tienden a mostrar “que el cambio climático se debe a ciclos naturales de la Tierra, impulsados por el Sol y otras causas naturales, y que las emisiones de origen humano desempeñan sólo una parte muy pequeña [de ese cambio]”[7]

El capítulo 3 presenta las cuatro premisas básicas que proveen el fundamento de la teoría del calentamiento global antropogénico:

  • El aumento de las temperaturas globales de la superficie terrestre.
  • El aumento del dióxido de carbono en la atmósfera.
  • El efecto invernadero en la atmósfera.
  • Las proyecciones de los modelos de computadora del clima.

La historia muestra que el calentamiento global no es anormal

Se estima que la temperatura de la superficie de la Tierra ha aumentado alrededor de 0,7 °C desde fines del siglo XIX. Los proponentes del “climatismo” o catastrofismo climático, sostienen que este aumento de temperatura no tiene precedentes en la historia moderna. En cambio, el Capítulo 4 tiende a demostrar que el “Calentamiento Moderno”, el de los últimos 130 años, no es anormal.

Decenas de estudios científicos indican que en el Período Cálido Medieval (circa 900-1300 d.C.) las temperaturas eran al menos tan altas como en la actualidad. En 982, cuando los vikingos llegaron a Groenlandia, el nombre que dieron a esa isla[8] no fue una broma irónica. Allí encontraron “matorrales de abedul de seis metros de altura debido al clima cálido.”[9] Agrego que hasta el siglo XIII los vikingos cultivaron trigo en Groenlandia, que hoy tiene un clima mucho más frío, con un 80% de su superficie cubierta de hielo. El autor señala que en esa misma época “Inglaterra era un productor de vinos, con catorce vides diferentes cultivadas comercialmente. A pesar del reciente calentamiento del siglo XX, las temperaturas aún no favorecen la producción de vino en Inglaterra.”[10]

El Período Cálido Medieval fue seguido por un período más frío: la Pequeña Edad de Hielo (circa 1300-1850). “Los períodos más fríos siempre han sido tiempos de privación humana, y la Pequeña Edad de Hielo no fue una excepción. Los registros históricos europeos describen temporadas de cultivo más cortas, aumento de las hambrunas y enfermedad durante la Pequeña Edad de Hielo. En 1695, Islandia estaba completamente rodeada de hielo, que se extendía al sudeste hasta las Islas Faroe. La población de Islandia cayó un 50 por ciento durante la Pequeña Edad de Hielo.”

Hay muchas evidencias científicas de que el Período Cálido Medieval y la Pequeña Edad de Hielo no fueron eventos locales, sino globales. Además, el Período Cálido Medieval y la Pequeña Edad de Hielo son sólo dos de los numerosos períodos cálidos y fríos alternados que integran la historia climática de la Tierra.

¿Existe actualmente un calentamiento global? La respuesta a esta pregunta es más compleja de lo que parece a primera vista. Depende de la escala temporal elegida.

En una escala de decenas de miles de años, hoy estamos ubicados en un período cálido interglacial, y probablemente cerca del pico de ese período. A largo plazo corresponde esperar la próxima edad de hielo, con temperaturas entre 5 y 10 °C menores que las actuales.[11]

En una escala de siglos, es muy razonable pensar que “el [reciente] aumento de 0,7 °C en las temperaturas medias es parte de un calentamiento [natural] de largo plazo a medida que la Tierra se recupera de la Pequeña Edad de Hielo.” (p. 69).

En una escala de años, se han sucedido últimamente tres períodos diferentes:

  • Un período de enfriamiento global de 1940 a 1975. En los años ‘70 se produjo una fuerte corriente alarmista sobre el enfriamiento global, muy similar a la que poco después se centró en el calentamiento global.
  • Un período de calentamiento global de 1975 a 1998. Este período de tan sólo 23 años representa la base principal del actual alarmismo sobre el calentamiento global.
  • Un período, de 1998 hasta hoy, en el que la temperatura global se ha mantenido casi constante o con una pequeña tendencia descendente. En esta escala, el calentamiento global terminó hace ya 16 años.

Goreham señala que estas variaciones de temperatura de corto plazo pueden ser explicadas por fenómenos cíclicos naturales tales como la Oscilación Sureña El Niño y la Oscilación Decenal Pacífica.[12]

“Por lo tanto, la base para toda la alarma, el aumento de temperatura de los últimos años del siglo XX, no es anormal en términos del tamaño del cambio, la velocidad del cambio o los niveles de temperaturas medidas. Los datos proxy e históricos muestran que las temperaturas durante el Período Medieval Cálido y otras eras recientes de la historia del clima de la Tierra fueron más cálidas que las de hoy. Además, la Oscilación Decenal Pacífica y otros ciclos de temperatura explican plenamente el calentamiento moderno, sin necesidad de los pretendidos impactos de los gases de efecto invernadero de origen humano. La conclusión climatista de que el Período Cálido Moderno es anormal no es apoyada por la evidencia histórica.”[13]

Ciencia climática-el resto de la historia

En el Capítulo 5, Goreham critica otras cuatro conclusiones científicas básicas del climatismo.

¿El dióxido de carbono (CO2) conduce el clima de la Tierra?

Según el climatismo, el CO2 conduce el clima de la Tierra; y, más aún, lo ha conducido a lo largo de toda la historia. La pequeña contribución del CO2 al efecto invernadero atmosférico, que es sólo uno de los muchos procesos físicos de la Tierra, se ha convertido en la explicación de la marcha global del clima, y hasta de los terremotos y tsunamis.

Sin embargo, el clima de la Tierra es un sistema caótico y complejísimo, en el que intervienen cientos de factores, entre ellos la radiación del Sol, los rayos cósmicos de las estrellas, la fuerza gravitatoria de la Luna, las nubes, los volcanes, las corrientes oceánicas, etc. “Sólo cuatro de cada diez mil moléculas del aire son dióxido de carbono. En toda la historia humana, las emisiones de origen humano son responsables de agregar sólo una fracción de una de esas cuatro moléculas.”[14] Los océanos tienen más de 250 veces la masa de la atmósfera y retienen unas 1.000 veces más calor. “Pero los climatistas están obsesionados con el efecto invernadero [atmosférico], el calentamiento causado por la absorción de la radiación infrarroja saliente de los vestigios de gas dióxido de carbono.”[15] La contribución del CO2 al efecto invernadero atmosférico es de tan sólo el 19%. El 75% corresponde al vapor de agua y las nubes, y el 6% al metano y otros gases. Del 25% correspondiente al CO2 y al metano, sólo un 3% es de origen humano. Por lo tanto, en principio la humanidad es responsable de menos de un 1% del efecto invernadero.

Hacia el final de esta sección, Goreham cita al físico Freeman Dyson, quien sostiene que los modelos de computadoras de los climatólogos describen muy mal el mundo real. Éste “está lleno de cosas como nubes, vegetación, suelo y polvo, que los modelos describen de un modo muy pobre.”

¿El aumento del CO2 se debe al hombre?

La variación del CO2 de la atmósfera a lo largo del tiempo se estima midiendo la composición de las burbujas de aire atrapadas en hielo o contando el número de estomas de hojas de plantas. Por lo común los climatistas se basan en el primer método. El segundo método ha dado resultados de hasta 400 ppm (partes por millón) de CO2 en el año 500 DC, un nivel superior al actual. Además, ha mostrado cambios de más de 50 ppm por siglo, un cambio que, según los climatistas, sólo puede ocurrir debido a emisiones de origen humano.

Los datos de los núcleos de hielo de la estación Vostok en la Antártida muestran una fuerte correlación entre la temperatura y la concentración de CO2 en los últimos 400.000 años. De allí los climatistas, desestimando la teoría clásica de los Ciclos de Milankovich, deducen que la variación del CO2 ha sido la causa principal de las cuatro edades de hielo y los cinco períodos cálidos interglaciales de esos años. Sin embargo, una mirada más atenta muestra que la concentración de CO2, aunque tiene una evolución similar a la temperatura, sigue a ésta con un retardo de unos 500 años, por lo que sus cambios no pueden ser la causa de los calentamientos y enfriamientos. “Lo más probable es que las temperaturas crecientes calentaron los océanos, los cuales luego se desgasificaron de dióxido de carbono, causando el aumento del CO2 atmosférico.”[16]

Por otra parte, debido a la Ley de Henry, los 6 mil millones de toneladas de carbono emitidas anualmente por el hombre deben ser vistas en relación, no solamente con los 750 mil millones de toneladas de la atmósfera, sino con los 40.000 miles de millones (40 billones) de toneladas de carbono de todo el sistema del clima.

¿El vapor de agua produce una realimentación positiva?

El dióxido de carbono, por sí mismo, no puede causar un calentamiento global catastrófico. Los modelos del clima alcanzan sus conclusiones alarmantes asumiendo que el vapor de agua multiplica el calentamiento producido por el CO2.

Sin embargo, un conjunto creciente de datos indica que la sensibilidad del clima a los cambios de nivel del dióxido de carbono atmosférico es baja. A) Las mediciones desde satélites muestran que el nivel de vapor de agua atmosférico se mantuvo relativamente constante en los últimos 30 años. B) Recientes publicaciones científicas han sostenido que el efecto del vapor de agua podría ser una realimentación negativa (o sea, una amortiguación del calentamiento), en vez de positiva. C) Los modelos del clima de los catastrofistas (climatistas) predicen la formación de un “punto caliente” en la tropósfera, centrado sobre el Ecuador; pero las mediciones de temperatura realizadas desde los años ’60 por miles de globos no muestran ninguna señal de ese “punto caliente”.

¿Es correcto ignorar al Sol?

El climatismo sostiene que el Sol es un factor poco significativo en el cambio climático debido al carácter muy constante de su enorme influencia en el clima. De 1610 a 1995 hubo una muy buena correlación entre el número de grupos de manchas solares y la temperatura de la Tierra. La gráfica correspondiente encaja bien con los dos mayores fenómenos climáticos del período: la Pequeña Edad de Hielo y el Período Cálido Moderno. Pero aunque esa correlación era muy alta, los cambios en los niveles de irradiación de la luz solar eran tan pequeños que no parecía que pudieran explicar los cambios de temperatura de la Tierra.

Sin embargo, en los años ’90 científicos daneses (Svensmark, Marsh y otros) encontraron el eslabón faltante del clima: la relación entre los rayos cósmicos y las nubes. Con base en datos experimentales, Svensmark formuló la siguiente teoría: “La actividad de las manchas solares refuerza el viento solar, o campo magnético solar, el cual bloquea una porción de los rayos cósmicos que entran a la atmósfera de la Tierra. Menos rayos cósmicos significan menos iones creados por colisiones con los gases atmosféricos. Menos iones proveen menos núcleos de condensación de nubes para la formación de nubes de baja altitud. Menos nubosidad de bajo nivel refleja menos luz solar, por lo que más luz solar es absorbida por la tierra y los océanos de la Tierra, haciendo que la Tierra se caliente.”[17] Una disminución del nivel de actividad de las manchas solares produce el efecto inverso: un campo magnético solar más débil, más rayos cósmicos que entran a la atmósfera, una Tierra más nubosa y más fría.

Goreham concluye el capítulo subrayando que el mundo es como parece ser: “el Sol, el tiempo y las nubes y los ciclos de los océanos son las fuerzas dominantes que dan forma al clima de la Tierra. El dióxido de carbono, ese gas invisible y vestigial que es culpado de nuestra predicha destrucción del clima, es sólo una parte minúscula del cuadro.”[18]

¡Los océanos están subiendo! ¡Los océanos están subiendo!

Los climatistas predicen que, de no mediar un combate exitoso al calentamiento global antropogénico, éste derretirá los casquetes polares de hielo, causando una elevación catastrófica del nivel de los océanos. Las distintas predicciones apocalípticas difieren bastante entre sí, pero en general estiman una elevación de varios metros del nivel del mar durante el siglo XXI, que afectaría gravemente a cientos de millones de personas. Por ejemplo, James Hansen, de la NASA, prevé que hacia 2100 la temperatura global aumentará 3 °C y el nivel del mar subirá 25 metros, lo cual sería verdaderamente catastrófico. La principal evidencia aducida por los climatistas es la disminución del casquete polar ártico, que en el otoño de 2007 alcanzó su tamaño mínimo en 30 años.

Sin embargo, los registros históricos muestran que en el pasado se han dado muchas situaciones similares de escasez del hielo ártico. Éste tiende a crecer y decrecer, en ciclos impulsados por fuerzas naturales. Además, el hielo ártico flota sobre el Océano Ártico, por lo que, incluso si se derritiera enteramente, no afectaría el nivel global de los mares. Por último, el hielo ártico es sólo el 1% del hielo del planeta. El 90% de éste corresponde al casquete polar antártico, que en promedio está creciendo. ¡Más aún, en el mismo otoño de 2007, el hielo antártico alcanzó su tamaño máximo en 30 años! Y el casquete de hielo de Groenlandia—8% del hielo global— está estable.

Desde la última edad de hielo (hace 20.000 años) los océanos se han elevado unos 120 metros por causas naturales. En los últimos 150 años, los océanos se han elevado a una velocidad de casi 20 centímetros por siglo. A pesar del creciente nivel de las emisiones de gases de efecto invernadero, no se ha detectado una aceleración de la elevación de los mares en los últimos 50 años. Goreham concluye que la humanidad no puede detener el ascenso de los mares: los océanos no pueden ser domados eliminando una molécula de CO2 por cada 10.000 moléculas del aire. “Los niveles del mar se elevarán y caerán por causas naturales, y la humanidad necesitará continuar adaptándose al cambio climático, exactamente como lo ha hecho por miles de años.”[19]

Tiempo loco y disparates de nieve

Todas las semanas, en algún lugar del planeta, hay una sequía, una inundación, un huracán, un gran tornado o un gran incendio forestal. Estos eventos son partes normales del caótico clima de la Tierra, pero ahora los climatistas los atribuyen al calentamiento global. El IPCC afirma que el calentamiento global está causando tormentas tropicales más fuertes.

Sin embargo, la evidencia empírica no concuerda con ese alarmismo. En los últimos 35 años, a pesar del aumento de temperatura de la superficie del mar, no se advierte una tendencia creciente de la actividad global de los ciclones tropicales. La cantidad anual de tornados fuertes en los Estados Unidos tiene una clara tendencia decreciente desde los años ’70. Además, los tornados generalmente son más frecuentes en los años más fríos, no en los más cálidos.

Uno de los principales expertos en huracanes, el Dr. Christopher Landsea, renunció al IPCC debido a la politización de sus reportes, supuestamente científicos. Goreham concluye lo siguiente: “Las pretensiones de los alarmistas están basadas en eventos anecdóticos y memorias cortas, sin base científica… [Los datos no] muestran una tendencia de aumento del clima severo. La física climática básica predice una reducción de las tormentas mientras la Tierra se calienta. Sin embargo, los catastrofistas del tiempo continúan alarmando a nuestros ciudadanos. ¡Al diablo con los hechos, adelante a toda velocidad!”[20]

La sección titulada “¿La nieve es una señal del calentamiento global?”[21] es muy divertida. Hasta 2008, todos los científicos climatistas señalaban la reducción de las nevadas como una evidencia del calentamiento global. Pero después de tres inviernos muy fríos (2008-2011), que pusieron en ridículo tres veces seguidas las predicciones de inviernos suaves de instituciones como la Oficina Meteorológica del Reino Unido, los climatistas cambiaron su cuento: las nevadas se convirtieron en “evidencia” del calentamiento global.

Grandes embustes sobre el cambio climático

El autor dedica la mayor parte del Capítulo 8 a rebatir cinco tesis que considera como “algunos de los mayores embustes pretendidos por proponentes del calentamiento global catastrófico.”[22]

Los climatistas suelen afirmar que el dióxido de carbono es un contaminante peligroso; pero el CO2 es un gas invisible e inodoro que no causa humo ni smog y no es dañino para los humanos hasta niveles muchísimo mayores que los de la atmósfera. Además, el CO2 es “verde”: es alimento para las plantas y es fundamental en la fotosíntesis vegetal. Cientos de estudios científicos muestran que mayores niveles de CO2 atmosférico hacen que las plantas crezcan más, y más rápido. Hace 50 millones de años los niveles de CO2 eran mucho mayores que hoy, y en esa era la vida floreció abundantemente.[23]

Los climatistas suelen afirmar que el cambio climático pone en peligro la salud. Sin embargo, tanto el sentido común como los estudios científicos aseguran que se enferma y muere más gente en las estaciones frías que en las cálidas. No en vano muchos jubilados norteamericanos se van a vivir a Florida o Texas, no a Alaska o Dakota del Norte.[24]

Los climatistas suelen afirmar que el calentamiento global, a través del derretimiento del hielo ártico, está destruyendo el hábitat del oso polar y causando su extinción. Sin embargo, en el último medio siglo la población total de osos polares se ha más que duplicado, de unos 9.000 ejemplares en 1960 a unos 23.000 hoy.[25] Algunos osos polares están entrando en pueblos, poniendo en peligro a sus habitantes.

Los climatistas suelen afirmar que las emisiones de CO2 de origen humano están haciendo más ácidos a los océanos, desafiando a la vida marina en una escala sin precedentes en decenas de millones de años. Sin embargo, el agua de mar es básica, con un pH de 8,2. Una duplicación del CO2 atmosférico disminuiría el pH oceánico a 7,9, aún básico, pero menos. Los océanos nunca serán ácidos. La única preocupación con algún asidero se refiere a los arrecifes de coral; pero los corales de la Gran Barrera de Arrecifes crecieron casi constantemente entre los años 1600 y 2000, exceptuando una pequeña disminución desde 1990. Además, es un hecho comprobado que los peces y corales viven bastante bien en condiciones ácidas, cerca de respiraderos de CO2 en el fondo del océano.[26]

Los climatistas suelen afirmar que la abrumadora mayoría de los científicos del clima aceptan la teoría del calentamiento global antropogénico. Sin embargo, más de 4.000 científicos firmaron el Llamamiento de Heidelberg oponiéndose a la Agenda 21 de la Cumbre de la Tierra de Rio de Janeiro (1992), agenda muy marcada por la ideología climatista. Además, más de 40.000 científicos norteamericanos han firmado una declaración que afirma lo siguiente: “No hay una evidencia científica convincente de que las emisiones humanas de dióxido de carbono, metano u otros gases de efecto invernadero están causando o causarán, en el futuro previsible, un calentamiento catastrófico de la atmósfera de la Tierra y una ruptura del clima de la Tierra. Además, hay una evidencia científica sustancial de que los aumentos del dióxido de carbono atmosférico producen muchos efectos beneficiosos en los ambientes naturales vegetales y animales de la Tierra.”[27]

En la sección final del Capítulo 8, el autor cita a Lenin (“Dennos a un niño durante ocho años y será un bolchevique para siempre”) y a continuación dice que los gobiernos están empleando las técnicas de los regímenes totalitarios para adoctrinar a los niños y jóvenes en la ideología climatista. Vale la pena reproducir el párrafo final del capítulo: “Los embustes del cambio climático penetran toda la sociedad de hoy. Líderes intelectuales, gobiernos, grupos ambientalistas, universidades, liceos, escuelas elementales, medios de noticias y ciudadanos equivocados alrededor del mundo repiten interminablemente estos embustes. Nuestro aire está siendo llenado con peligrosa contaminación de carbono; el ozono aumentará; sufriremos muerte prematura por olas de calor; vamos a estar plagados de malaria, virus del Oeste del Nilo y parásitos; la hiedra venenosa cubrirá la tierra; los osos polares morirán de hambre; y los océanos se volverán ácidos. Debemos educar a los niños para poder evitar estos desastres. El Camarada Lenin habría estado orgulloso.”[28]

Continuará en la Segunda Parte.

 


[1] The Mad, Mad, Mad World of Climatism – Mankind and Climate Change Mania, New Lenox Books, New Lenox IL USA, 2012. Este libro, de 301 páginas, está disponible en Amazon. Allí se puede leer gratuitamente el prólogo y las primeras 32 páginas del libro. Éste es un libro sobre el “climatismo”, término que el autor define como “la creencia en que los gases de efecto invernadero de origen humano están destruyendo el clima de la Tierra” (p. 2), por medio de un calentamiento global catastrófico. La tesis principal del libro es que el “climatismo” es una ideología sin respaldo científico sólido, pese a lo cual “casi cada gobierno, universidad, organización científica y empresa [e iglesia, agrego] del mundo ha adoptado el climatismo” (pp. 2-3).

[2] El IPCC, Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, Al Gore, James Hansen, etc.

[3] pp. 35-38.

[4] pp. 38-40.

[5] Trad. “tope-y-comercio” (pp. 40-44).

[6] pp. 44-45.

[7] p. 7.

[8] Groenlandia trad. “Tierra Verde”

[9] pp. 56-57.

[10] p. 57.

[11] pp. 79-80.

[12] pp. 66-69.

[13] p. 69.

[14] p. 72.

[15] p. 74.

[16] p. 80.

[17] p. 96.

[18] p. 99.

[19] p. 112.

[20] p. 120.

[21] pp. 120-124.

[22] p. 127.

[23] pp. 128-132.

[24] pp. 132-136.

[25] pp. 136-138.

[26] pp. 138-140.

[27] p. 142.

[28] p. 144.

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