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Daniel Iglesias Grèzes

Segunda parte de la reseña anteriormente publicada del libro: Steve Goreham, The Mad, Mad, Mad World of Climatism –Mankind and Climate Change Mania, publicado por New Lenox Books, New Lenox, Illinois, en 2012.

Mala ciencia – temperatura, el IPCC e emails reveladores

En el Capítulo 9, Goreham critica a fondo tres aspectos de la moderna ciencia del clima:

  • “Los mismos registros de temperatura sobre los cuales está basada la alarma del calentamiento global están afectados por el error y la exageración.
  • El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático [IPCC], la autoridad mundial reconocida del cambio climático, no es objetivo, sino fuertemente tendencioso hacia políticas climáticas activistas.
  • Y correos electrónicos reveladores de los principales científicos climáticos del mundo muestran un patrón de selección tendenciosa de datos, engaño, esfuerzos para suprimir la evidencia contraria y, en general, mala práctica científica.”[1]
  • Acerca del primer aspecto (temperatura) destacaré tres puntos:
  • La red mundial de estaciones de temperatura cayó de más de 6.000 estaciones en 1960-1990 a menos de 1.500 estaciones en la actualidad.[2]
  • Un estudio de 2007 mostró que más del 70% de las estaciones de temperatura de los Estados Unidos (consideradas las mejores del mundo) están en condiciones inadecuadas por la cercanía del sensor de temperatura a una fuente artificial de calefacción, lo que afecta las mediciones.[3]
  • Varias instituciones gubernamentales, mediante “ajustes” cuestionables, han inyectado una tendencia al calentamiento en los datos crudos de temperatura.[4]
  • Acerca del segundo punto (IPCC), destacaré tres puntos:
  • Desde su creación en 1988, el IPCC abrazó decididamente la teoría del calentamiento global antropogénico catastrófico. Nunca analizó objetivamente si el cambio climático estaba conducido principalmente por fuerzas naturales o si el resultado neto del calentamiento global podría ser positivo para la humanidad (pp. 153-154).
  • El IPCC impulsa el consenso para apoyar una posición política. Esto se logra seleccionando autores principales que apoyan la teoría referida y dándoles poder editorial autoritario para controlar el contenido del reporte final.[5]
  • Los reportes del IPCC incluyen pronósticos alarmistas científicamente infundados sobre la desaparición de los glaciares del Himalaya, la deforestación de la Amazonia y la caída de la producción agrícola en África, reconocidos luego como errores serios.[6]

El tercer aspecto (emails reveladores) se refiere al “Climategate” (es decir, el Watergate del clima). Este escándalo estalló en noviembre de 2009, en vísperas de la Conferencia Climática de las Naciones Unidas en Copenhague, y contribuyó al fracaso de esa Conferencia. Alguien no identificado descargó en Internet más de 1.000 documentos e emails de la Unidad de Investigación Climática (CRU, Climate Research Unit) de la East Anglia University, de Inglaterra. La CRU es un actor clave de la climatología mundial. Reúne todos los datos de temperatura del mundo y los procesa. Los emails filtrados muestran, entre otras cosas graves, cómo muchos de los principales climatólogos (autores importantes de los reportes del IPCC que guían las políticas ambientales de todos los gobiernos del mundo) amañaron los datos para promover la teoría del calentamiento moderno anormal. Para colmo de males, la CRU admitió en 2009 que ya no dispone del conjunto original de datos de temperatura global, sino sólo de los datos procesados: un gravísimo error de práctica científica.[7]

La actuación de las tres comisiones creadas para investigar el Climategate fue tan escandalosa como el Climategate mismo. Básicamente, se dedicaron a blanquear rápidamente la situación.[8]

En noviembre de 2011, en vísperas de la Conferencia Climática de las Naciones Unidas en Durban, Sudáfrica, ocurrió el “Climategate 2”: una segunda liberación anónima de emails de la CRU (esta vez 5.200). Estos emails agravaron el escándalo del Climategate. Entre otras muchas cosas, muestran que Phil Jones, Director de la CRU, propuso a varios científicos borrar todos sus emails para eludir las leyes de libertad de información. También muestran la fuerte influencia de la CRU en la BBC, orientada a impedir la cobertura informativa de científicos escépticos sobre el calentamiento global antropogénico.[9]

Goreham concluye el Capítulo 9 diciendo: “Por increíble que parezca, este proceso científico defectuoso ha hecho descarrilar al mundo en torno a un gas vestigial de la atmósfera.”[10]

Financia mi estudio del clima

Para no alargar mucho más esta ya larga reseña, me limitaré a decir que la caricatura contenida al principio del Capítulo 10 resume muy bien el contenido del capítulo. Un universitario recién graduado con un doctorado en ciencia se encuentra ante una encrucijada, debiendo elegir entre dos caminos. A su izquierda se abre el camino del climatismo, que conduce hacia contratos de investigación, riqueza, aprobación de los pares, premios, permanencia asegurada en la universidad y fama mediática. A su derecha se abre el camino del realismo, que conduce hacia la acusación de “negacionismo climático”, falta de contratos de investigación, burla de los medios, privación, crítica de los pares y pobreza.[11] No es de extrañar que, por convicción o conveniencia (o una mezcla de ambas), la mayoría elija el camino del climatismo…

Rayos de sol, céfiros y combustible verde y frondoso

En el Capítulo 11, el más largo del libro, Goreham critica las políticas energéticas impulsadas por la ideología climatista.

Las fuentes “medievales” de energía renovable (sol, viento, leña, fuerza animal) fueron reemplazadas por hidrocarburos durante los últimos dos siglos porque estos últimos entregaban más potencia, eran más baratos y estaban disponibles cuando se los necesitaba. Ese reemplazo fue un factor crucial del desarrollo económico moderno. Las sociedades desarrolladas usan mucha energía per capita. Hoy muchos intelectuales de élite (Paul Ehrlich, Al Gore, el Club de Roma, etc.) propugnan una limitación del uso de energía. “¿Qué mejor forma de reducir el crecimiento energético que abrazar el climatismo? Si las emisiones de origen humano están destruyendo el clima de la Tierra, entonces el uso de carbón, petróleo y gas debe ser detenido. Además, la promoción de energía renovable ineficiente y costosa es un método excelente de retardar el uso global de energía,”[12] y por tanto retardar el desarrollo económico.

A pesar de más de 20 años de alboroto mediático y de la enorme ayuda financiera de los gobiernos, muchas predicciones sobre una masiva transición a la energía renovable han fallado estrepitosamente. De 1973 a 2009, la porción de los hidrocarburos en el suministro mundial de energía descendió apenas del 87% al 81% (un 6%); y casi todo su descenso se explica por el ascenso de la energía nuclear del 1% al 6% (un 5%). En 2009, las formas de energía solar, eólica y geotérmica (sumadas) representaron un 0,8% de la energía del mundo. Los biocombustibles y desechos representaron el 10,2%, pero la mayor parte de esa cantidad correspondió a leña, carbón vegetal y estiércol utilizados en países pobres. Sólo la décima parte de ese porcentaje (o sea, alrededor de un 1% de la energía mundial) correspondió a los biocombustibles “modernos”.

Las principales desventajas de la energía solar y la energía eólica son tres: son formas de energía diluida, intermitente y de alto costo. La densidad energética de la luz solar y del viento es baja. Una planta de generación de electricidad de 1.360 MW de potencia promedio entregada ocuparía 0,4 km2 para una planta de gas, 1,6 km2 para una planta de carbón, 4,2 km2 para una planta nuclear, 340 km2 para una planta eólica y 900 km2 para una planta solar. Por otra parte, debido a su carácter intermitente, la energía solar y la energía eólica no encajan bien en los actuales sistemas eléctricos de potencia. No pueden reemplazar a las centrales de “carga base” porque no son de bajo costo ni pueden operar las 24 horas; pero tampoco sirven en un rol de “seguimiento de carga” porque el pico de demanda es a menudo de noche, cuando no se cuenta con energía solar, y porque la energía eólica varía demasiado como para contar con ella para cubrir la demanda pico. “Hacia fines de 2010, Alemania había construido más de 20.000 turbinas eólicas y Dinamarca más de 5.000. Pero ninguna de ambas naciones ha sido capaz de cerrar ni una sola planta de energía basada en carbón.”[13] Además, el costo variable de la energía basada en carbón o gas natural es de 2-5 centavos de dólar por KW-hora, mucho menor que el costo de la energía eólica o solar. Por último, varios estudios de casos reales muestran que los sistemas de energía eólica no reducen significativamente las emisiones de CO2. Incluso desde el punto de vista climatista, la promoción a ultranza de la energía eólica es un gigantesco esfuerzo en vano.[14]

Los gobiernos del mundo han abrazado con entusiasmo la promoción de los biocombustibles (etanol y biodiesel) para reducir las emisiones de CO2 de los sistemas de transporte, fijando metas muy ambiciosas para la sustitución del petróleo por biocombustibles y subsidiando fuertemente a estos últimos. Sin embargo, además de los grandes subsidios, los biocombustibles presentan otras desventajas importantes: (A) Para producir la misma cantidad de energía que un litro de gasolina, se necesitan 4,5 litros de etanol. (B) El biodiesel entrega más energía que el etanol, pero los cultivos de biodiesel tienen un bajo rendimiento por hectárea. Por lo tanto, la cantidad de tierra requerida para proveer cantidades significativas de etanol o biodiesel es enorme. La Unión Europea debería convertir un 70% de su tierra agrícola para proveer un 10% de sus necesidades energéticas. (C) La producción de etanol requiere 40 veces más agua que la de gasolina; y la producción de biodiesel a partir de soja usa 268 veces más agua que la de gasolina. (D) La demanda creciente de maíz y soja para biocombustibles causó la duplicación de los precios de esos productos en el período 2000-2010, poniendo en peligro la seguridad alimentaria de millones de personas pobres. (E) Por último, la producción y el uso de biocombustibles contaminan el aire e incluso aumentan las emisiones de CO2. La hipótesis contraria se debió a un grave error de “contabilidad” que ya ha sido reconocido: los cultivos necesarios para producir biocombustibles sustituyen mucha vegetación que habría absorbido grandes cantidades de CO2. Cuando esta sustitución se toma en cuenta, los biocombustibles dejan de ser “neutrales respecto al carbono”. Incluso desde el punto de vista climatista, la promoción a ultranza de los biocombustibles es un gran error.

Los automóviles eléctricos tenían la mayor parte del mercado automotriz norteamericano a principios del siglo XX. En el siglo XXI el climatismo está impulsando un resurgimiento de los autos eléctricos; pero éstos todavía sufren las mismas desventajas importantes que causaron su desaparición hace un siglo: alcance corto, tiempo de carga largo, costo alto y poca vida útil de la batería. A pesar de la fanfarria de marketing y los incentivos gubernamentales, los autos eléctricos vendidos en los Estados Unidos en 2011 fueron unos 20.000, sobre un total de 13.000.000. “Incluso volúmenes de venta mayores no tendrán un efecto perceptible sobre las emisiones, dado que la mayor parte de la electricidad usada [por los autos eléctricos] es producida en plantas de energía que queman carbón o gas.”[15]

La sección titulada “Montañas de subsidios: la locura climática en Europa”[16] critica la falta de sentido económico del celo casi misionero con el que las naciones europeas promovieron la energía renovable en las últimas dos décadas.

La sección titulada “El mito del pico del petróleo”[17] recuerda muchas predicciones completamente fallidas sobre el próximo fin de las reservas de petróleo y muestra que éstas han crecido y siguen creciendo constantemente.

La sección titulada “La revolución del fracturamiento hidráulico [o fracking]” (pp. 222-226) afirma que el fracking está dando resultados espectaculares y tiene el potencial para entregar cantidades casi ilimitadas de gas y petróleo a precios asequibles. En los Estados Unidos, en los últimos 30 años, se han perforado más de 500.000 pozos usando la técnica del fracking y los casos de incidentes documentados de contaminación del agua son sólo dos, y sus causas son discutidas.

Goreham concluye el Capítulo 11 diciendo: “A todos nos gustaría creer que la energía renovable es la respuesta, pero no lo es. La revolución de la energía renovable propuesta por el climatismo es un espejismo. El mundo permanece abrumadoramente basado en combustibles de hidrocarburos. El enorme volumen de uso global de energía significa que las diluidas, intermitentes y costosas [energías] renovables serán incapaces de proveer una porción significativa del uso global de energía en las próximas décadas, si es que alguna vez lo serán. Pero la buena noticia es que la humanidad no se quedará sin fuentes energéticas de hidrocarburos en el corto plazo. Al contrario, la revolución del fracturamiento hidráulico promete siglos de suministro de gas natural y posiblemente petróleo, si el mundo puede sacudir las equivocadas garras de la locura climática.”[18]

¡Usted no puede hacer estas cosas!

En el Capítulo 12, el autor presenta unos cuantos ejemplos de comportamientos tontos inspirados por la ideología climatista. Mencionaré sólo tres de ellos.

Las cremaciones de cadáveres emiten muchas toneladas de CO2 por año. Una compañía australiana encontró una solución a este serio problema climático: un proceso de hidrólisis que disuelve un cuerpo en cuatro horas. La propaganda de la firma dice que la solución resultante puede ser usada para regar rosales.[19]

Cada camello salvaje de Australia expulsa unos 45 kg de metano por año. Hay 1.200.000 camellos salvajes en Australia, lo cual constituye un problema climático casi tan serio como las emisiones de la cremación humana mundial. Una ley aprobada en Australia en 2011 aspira a la reducción de las emisiones de metano a través de la eliminación de las cabras, ciervos, cerdos y camellos salvajes. Se dispara a las pobres bestias con rifles desde helicópteros.[20]

El Primer Ministro británico Tony Blair dijo en 2004 que todas las nuevas escuelas deberían ser modelos de desarrollo sostenible. Siguiendo la visión de Blair, una escuela de Londres construyó en 2010 un aula de “cero carbono”. Costó US$ 38.000 y no puede ser usada por los niños todo el año porque es enconadamente fría en invierno.[21]

Climatismo – encaminado hacia una quiebra

En el Capítulo 13 (el último del libro) Goreham sostiene que el climatismo se encamina hacia una caída estrepitosa. Las temperaturas globales reales del período 1990-2012 muestran claramente que todos los modelos de computadora del IPCC están equivocados. También las mediciones del cambio del calor contenido en los océanos en 2004-2012 divergen absolutamente de las proyecciones de los modelos.[22] Después de 20 años de alarmismo, es claro que la catástrofe climática no está ocurriendo. “La ciencia climática saltó a una conclusión equivocada hace más de 20 años, y ahora el climatismo está impulsado por dinero.”[23]

Después de 20 años de negociaciones políticas y de muchas cumbres mundiales sobre el clima, no ha habido logros significativos. La emisión global de gases de efecto invernadero de 2010 fue un 45% mayor que la de 1990. La tasa de crecimiento de las emisiones del período 1990-2010 fue igual a la del período 1970-1990. Está cada vez más claro que los remedios del climatismo han fracasado. Recientemente muchas naciones recortaron sus subsidios a la energía renovable. “¿Cuántos subsidios permanecerán después de que la gente se dé cuenta de que los humanos no están destruyendo el clima de la Tierra?” (p. 244). La Unión Europea sigue auspiciando una reducción del 80% de las emisiones de CO2 para el año 2050. Aunque las emisiones europeas se redujeron un 7% de 1990 a 2009, gran parte de ello se debió a un desplazamiento de la producción por importaciones. Por ejemplo, las emisiones de las industrias británicas bajaron un 22%, pero las emisiones asociadas al consumo en el Reino Unido subieron un 12%. En los hechos, el concepto de desarrollo sustentable está íntimamente asociado a la creencia en el calentamiento global antropogénico. “Pero dado que la naturaleza, no el hombre, controla el clima, la filosofía del desarrollo sustentable está edificada sobre una falsedad” (p. 246).

Reproduzco los párrafos finales del libro: “Cada día, 25.000 personas mueren por causas relacionadas con el hambre en las naciones en desarrollo. Más de 1.000 millones de personas tratan de sobrevivir con menos de $ 1,25 por día. 2.500 millones de personas no tienen saneamiento adecuado. 1.400 millones no tienen electricidad, y casi 1.000 millones no tienen acceso a agua potable. Cada año, 2 millones mueren de SIDA. Casi 2 millones mueren de tuberculosis. La malaria, la neumonía y las enfermedades diarreicas matan millones más (cada una).

La tragedia del climatismo es el mal uso de recursos en una escala vasta. […], el mundo gastó 243.000 millones de dólares en 2010 en energía renovable para tratar de “descarbonizar” los sistemas energéticos. Más de un millón de millones de dólares fueron gastados en los últimos diez años, y los gobiernos e industrias están en camino de desperdiciar otros mil millones en los próximos cuatro años en programas climáticos tontos. Cada año, el gasto en el fútil intento de parar el calentamiento global es el doble del gasto en […] ayuda internacional. Imagine los beneficios para los pobres del mundo si los gastos en descarbonización pudieran ser redirigidos a resolver los problemas del hambre, la enfermedad y la pobreza.

Hoy, miles de millones de personas creen en la teoría del calentamiento global antropogénico. Pero, año tras año, las temperaturas no siguen las predicciones de los modelos, los niveles del mar no suben anormalmente, los osos polares prosperan y los desastres predichos no ocurren. Los ciudadanos del mundo lo resolverán. Los cambios en la opinión pública ya muestran que los ciudadanos están empezando a aprender la historia verdadera. La quiebra del climatismo será estruendosa.

Apresuremos la caída del climatismo y el despertar de la humanidad a la realidad del clima. El cambio climático es natural y los autos son inocentes. Reasignemos los vastos fondos gastados en tontos esfuerzos para combatir el calentamiento global, para a cambio resolver los verdaderos problemas acuciantes de la humanidad.”[24]

Mi opinión sobre el libro

En mi opinión, se trata de un libro magnífico, sumamente interesante: muy bien escrito y argumentado, muy claro y ordenado, lleno de información relevante, bien documentada, con muchas ilustraciones y gráficos excelentes. En las 35 páginas de notas[25] se indican las fuentes de casi todos los datos y las citas. Además, es un libro muy entretenido. Al principio de cada capítulo, una buena caricatura y una cita (con frecuencia humorística) presentan el tema central del capítulo. El texto tiene muchos recuadros notables, en los que el humor suele estar presente. Algunas de las series de recuadros se titulan así: “¡Castiguen a los negacionistas!”, “Titulares chiflados sobre el cambio climático”, “¿Hipocresía climática?”, “Predicciones fallidas”, “El Efecto Gore”, “Plata grande para el cambio climático”, etc. El prólogo, escrito por Harrison Schmitt, ex Senador de los Estados Unidos y ex astronauta del Apolo 17, resume en ocho puntos breves y contundentes el fuerte alegato del libro.[26] Goreham recomienda otros 24 libros para profundizar en el tema del calentamiento global desde el punto de vista escéptico.[27] Quizás el más famoso de esos libros sea: Bjorn Lomborg, The Skeptical Environmentalist (publicado en español como “El ecologista escéptico”). A estos 24 libros tal vez convendría añadir: Fritz Vahrenholt y Sebastian Lüning, The Neglected Sun.

En mi opinión, las principales limitaciones de The Mad, Mad, Mad World of Climatism son las tres siguientes.

Primeramente Goreham asume, sin cuestionamientos, la existencia del efecto invernadero atmosférico. Habría sido oportuno por lo menos mencionar que los físicos alemanes Gerhard y Tscheuschner han publicado un paper de 115 páginas titulado Falsification of the Atmospheric CO2 Greenhouse Effects within the Frame of Physics, para demostrar que el efecto invernadero atmosférico es contrario a las leyes de la física. Aún mejor habría sido evaluar la corrección o incorrección de ese paper, cosa que yo no haré aquí. En segundo lugar Goreham no analiza en detalle si o en qué medida las actuales políticas ambientales y energéticas orientadas principalmente a combatir el calentamiento global podrían estar justificadas por otras razones, independientemente de su motivación principal. Pienso que al respecto se puede decir lo siguiente. Si se llegara a la conclusión (muy plausible) de que el Calentamiento Global Antropogénico Catastrófico (CGAC) no existe, cada una de esas políticas debería ser reexaminada en profundidad y sin prejuicios. En esa hipótesis, subsistirían dos problemas principales: la contaminación del aire y la finitud de las reservas de petróleo y gas natural.

A diferencia del supuesto CGAC, el problema de la contaminación del aire no es una tragedia global, sino un problema local mucho más manejable, restringido básicamente a las grandes ciudades. Muchas ciudades lo han resuelto con base en simples medidas urbanísticas. Los créditos de carbono, los impuestos al carbono y otras medidas semejantes están totalmente fuera de lugar en este escenario. El CO2 no contamina el aire; y la contaminación causada por los caños de escape de los autos a nafta se puede reducir mucho mediante la construcción de sistemas de transporte colectivo eléctricos (trenes subterráneos o tranvías), la promoción del uso de bicicletas, la prohibición de circulación de automóviles con números de matrícula par o impar en días alternados y muchas otras medidas semejantes. No sería necesario en absoluto trastornar toda la economía mundial prosiguiendo la actual cruzada fervorosa contra el CO2.

En cuanto a la finitud de las reservas de hidrocarburos, si el CO2 no está destruyendo el clima y el problema de la contaminación del aire de las ciudades se puede resolver sin mayores dramas, entonces no hay por qué considerar el uso de petróleo o gas como una nueva especie de pecado capital. Sin dejar de lado la investigación y el desarrollo de formas alternativas de energía, podremos seguir usando sin remordimientos petróleo o gas, mientras estén disponibles en abundancia. Los precios del mercado de combustibles nos indicarán en qué momento convendrá iniciar una transición fuerte hacia otras formas de energía. La promoción a ultranza (sin sentido económico) de las formas de energía renovable está fuera de lugar en este escenario.

Goreham no profundiza mucho en el análisis de las causas subyacentes de la ideología climatista. Sin embargo, afirma claramente que el miedo a la superpoblación es uno de los cimientos del climatismo, e incluso de todo el movimiento ecológico.[28] Pienso que convendría investigar más a fondo la fuerte relación entre el climatismo, el neomaltusianismo y lo que podríamos denominar “el imperialismo demográfico”: una serie de políticas que tienden a preservar el nivel de vida de algunos afortunados a costa de limitar la cantidad e incluso el desarrollo de las demás personas. A continuación reproduzco dos citas del libro de Goreham que apuntan en esa dirección:

““En la búsqueda de un nuevo enemigo para unirnos, se nos ocurrió la idea de que la polución, la amenaza del calentamiento global, la escasez de agua, el hambre y similares encajarían en ese rol. Todos estos peligros son causados por la intervención humana, y es sólo a través de actitudes y conducta cambiadas que ellos pueden ser vencidos. El verdadero enemigo, entonces, es la humanidad misma” –Alexander King, fundador del Club de Roma, think tank ambientalista (1991).”[29]

““Somos demasiadas personas; por eso tenemos calentamiento global… sobre una base voluntaria, todo el mundo debería comprometerse a que uno o dos hijos es todo” –Ted Turner, magnate de los medios y padre de cinco hijos (2008).”[30]

Por otra parte, estimo que también convendría profundizar otra sugerencia de Goreham: el anti-capitalismo radical de buena parte del movimiento ecológico (que da pie al famoso chiste que compara a los ecologistas con las sandías: verdes por fuera y rojas por dentro). Pienso que también el neomarxismo es un factor importante en el auge del “climatismo”. Esto se advierte en el hecho de que muchos climatistas presentan el calentamiento global como la máxima falla del mercado en la historia económica y de que abogan por políticas cada vez más intervencionistas para combatir el calentamiento global. A muchos políticos les gusta esa clase de políticas porque aumenta el poder del Estado y por ende también el suyo. Esas políticas dirigistas pueden tender hacia la planificación central de la economía.

¿Por qué escribí esta reseña?

Probablemente a varios lectores les parezca raro o inadecuado que yo haya publicado esta reseña de un libro sobre el calentamiento global en esta revista, dedicada a temas religiosos. Mis motivos principales son dos.

El primero es que la religión está íntimamente conectada con la moral y que las actuales políticas ambientales y energéticas, orientadas principalmente a combatir el supuesto Calentamiento Global Antropogénico Catastrófico (CGAC), plantean un problema moral social de primerísima magnitud, como surge de los elocuentes párrafos finales del libro, citados por mí más arriba.

El segundo es que ya han aparecido referencias al supuesto CGAC en muchas declaraciones y documentos eclesiásticos, y que muchas de ellas parecen dar por buena la teoría del CGAC, al menos en cierta medida. Cito los siguientes ejemplos, elegidos de entre muchos otros semejantes:

  • Ante el cambio climático, la Santa Sede exige medidas serias
  • Ante las elecciones al Parlamento Europeo

Véase el punto 5: “Somos custodios de la creación y debemos profundizar en nuestra decisión de respetar y alcanzar los objetivos de emisión de CO2, promover el entendimiento internacional sobre el cambio climático, comprometernos a adoptar un enfoque más ecológico e insistir en que la sostenibilidad es un elemento fundamental de cualquier política de crecimiento o desarrollo.”

  • Las campanas suenan por el clima
  • ¿La respuesta de los católicos ante el cambio climático? Organizaciones católicas de EEUU piden que se respete la creación

Véase que la declaración de esas organizaciones católicas asume plenamente la teoría del CGAC.

Como contraejemplo, cito también a una voz profética que clama en el desierto contra los peligros del ideologizado catastrofismo climático:

  • Cambio climático y la reingeniería de las religiones, por Mons. Dr. Juan Claudio Sanahuja.

Habiendo leído y reflexionado bastante sobre este tema, mis consejos para los ministros de la Iglesia, por si acaso les interesa conocerlos, son dos: escuchen atenta e imparcialmente a las dos partes del actual debate científico y político sobre el “cambio climático” y extremen los esfuerzos para evitar que las aguas puras de la doctrina moral social católica se mezclen (en medida grande o pequeña) con las aguas turbias del catastrofismo climático.

Traducción de las citas del inglés por Daniel Iglesias Grèzes


[1] pp. 145-146.

[2] pp. 147-148.

[3] pp. 148-149.

[4] pp. 149-153.

[5] pp. 155-156.

[6] pp. 156-158.

[7] pp. 158-163.

[8] pp. 163-166.

[9] pp. 166-168.

[10] p. 170.

[11] p. 171.

[12] p. 186.

[13] p. 199.

[14] p. 199.

[15] p. 214.

[16] pp. 214-220.

[17] pp. 220-222.

[18] p. 226.

[19] p. 228.

[20] p. 231.

[21] pp. 232-233.

[22] pp. 238-240.

[23] p. 240.

[24] ídem.

[25] pp. 249-283.

[26] cc. v-vi.

[27] En las pp. 247-248.

[28] p. 32.

[29] p. 21.

[30] p. 33.