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Jorge Novoa

Abundantes y variados virus aparecen en la sociedad actual causando verdaderos estragos. Los científicos y la medicina investigan diligentemente intentando combatir esta avalancha de males que azotan a los hombres. Algunos males tan añejos, actuando imperceptiblemente, parecen haber acompañado al hombre de todos los tiempos con funestas consecuencias para sus portadores y toda la sociedad. Hay un síndrome peligroso y actual que se llama Elimas.

Leamos el texto para conocer a Elimas:

“Habiendo atravesado toda la isla hasta Pafos, encontraron a un mago, un falso profeta judío, llamado Bar Jesús, que estaba con el procónsul Sergio Paulo, hombre prudente. Éste hizo llamar a Bernabé y Saulo, deseoso de escuchar la Palabra de Dios. Pero se le oponía el mago Elimas intentando apartar al procónsul de la fe. Entonces Saulo, también llamado Pablo, lleno del Espíritu Santo, mirándole fijamente le dijo: ‘Tú, repleto de todo engaño y de toda maldad, hijo del Diablo, enemigo de toda justicia, ¿no acabarás de torcer los rectos caminos del Señor?

Pues ahora, mira, la mano del Señor vendrá sobre ti. Te quedarás ciego y no verás el sol hasta un tiempo determinado.’ Al instante cayeron sobre él oscuridad y tinieblas y daba vueltas buscando quien le llevase de la mano… Entonces, viendo lo ocurrido, el procónsul creyó, impresionado por la doctrina del Señor.”[1]

Uno de esos males persistentes es el llamado síndrome de Elimas, que toma su nombre de este pobre hombre, que aparece presentado en el relato del libro de los Hechos, y que fue prisionero de sus consecuencias. Elimas era el asesor de un poderoso procónsul llamado Sergio Paulo, y esto ocurrió en el siglo I d.C. Como verán, los que gobiernan y son poderosos a los ojos del “mundo” tienen asesores y ello no es nada nuevo, como tampoco lo es la devastadora acción de Elimas sobre estos consejeros. Lo que llama la atención es cómo, siendo Sergio Paulo “prudente,”[2] se reunió con un asesor que, según la Escritura, estaba “repleto de engaño y maldad… y (era) enemigo de toda justicia.”[3] Pero, como ocurre a menudo, a veces los asesores son amigos de la infancia; conocidos de algún familiar; alguien que nos ayudó en un momento difícil o incluso un servil que repetirá, a cada decisión nuestra, “Amén.”

Pero el síndrome de Elimas es más específico. Intentemos detallar el conjunto de síntomas de esta enfermedad que aparecen claramente descritos en el texto de los Hechos de los Apóstoles.[4]

El asesor:

1 – Trata de evitar que el gobernante escuche “la Palabra de Dios” (Hechos 13,7) “apartándolo de la fe” (Hechos 13,8)

Con una disuasión agresiva pone de manifiesto que la vida nada tiene que ver con las cosas de la fe. ¿Cómo puede la Biblia contener una respuesta a la problemática de un mundo tan complejo, globalizado, postmoderno y henchido de los avances científicos? Con esta propuesta se hace eco de la voz de los demonios en la Sinagoga de Nazaret: “¿Qué tienes que ver con nosotros?.”.. Nada tienes para decirnos.

¿Cómo pueden ser observadas a la luz de la fe las decisiones de un poderoso gobernante? Valientemente Juan Pablo II exhortaba al mundo de la política, la economía, etc. a no tener miedo de abrir las puertas, de par en par, de estas realidades para que penetre la verdad de Cristo. A veces la ceguera de los gobernantes es tal, que siguen hundiéndose, con consecuencias devastadoras para los que están bajo su acción, y persisten obstinadamente prestando oídos a sus asesores, que una y otra vez excluyen del horizonte de sus decisiones a Dios. Parece parte de un decálogo insensato y ateo, tal vez acuñado en alguna logia: “Si quieres alcanzar (o has alcanzado) algún cargo importante en el mundo de la economía o la política, etc., debes renunciar a manifestarte creyente, erradicando de tu vocabulario el lenguaje religioso que llevas en el corazón.”

Diría Elimas: ¿Para qué vas a leer o escuchar la Palabra de Dios, habiendo tantos manuales modernos? No ocupes tu tiempo en escuchar a Dios. La propuesta parece clara: la vida de fe y la Palabra de Dios son enemigos del hombre en el ejercicio de la tarea a desarrollar. Dios y su enseñanza son vistos y propuestos como una carga, y su Palabra en nada toca a la forma de movernos como gobernantes.


2 – Trata de torcer los caminos del Señor

Un segundo aspecto, destacado en el libro de los Hechos, es la intención de torcer los caminos de Dios. Dios no sólo tiene un proyecto sobre cada uno de nosotros, también lo tiene sobre las naciones. Ellas están destinadas a alabar y reconocer a Dios. Ciertamente, cuando los asesores ponen obstáculos a la acción de Dios, tuercen sus caminos. Cuando se aprueban leyes que no contemplan sus mandamientos, se toman caminos que llevan a la perdición, se tenga fe o no, pues la verdad sobre el hombre y el modo de conseguir la felicidad y lo que ésta supone no puede admitir dos caminos contrapuestos. Vivir desde la fe el servicio en la política, la diplomacia, la economía etc. es un bien que redunda en beneficio de toda la sociedad.

¿Qué le ocurre a los que son atacados por el síndrome de Elimas? Sigamos el relato de los Hechos.[5] Lo quieran o no, darán cuentas a Dios de lo que han obrado, y “la mano del Señor vendrá sobre ellos.” Ciertamente, dicen en su interior: “¡No hay Dios!”[6] y se duermen en su existencia, perdiendo el tiempo, envueltos en reconocimientos sociales: “¿Por qué el impío menosprecia a Dios, dice en su corazón: ‘no vendrás a indagar?’”[7] Y esta forma insensata de vida, en el Occidente que apostató de Dios, se va justificando cada día más, incluso por aquellos que creen, atrincherados en un falso concepto de respeto y secularidad.

El libro de los Hechos nos indica que “la mano del Señor vendrá sobre ellos.” Finalmente aquel tonto asesor que creía poder quitar a Dios de su mundo “quedó ciego.”[8]

El final es extremadamente elocuente. Aquel que orientaba y conducía a otros con sus consejos ahora “daba vueltas buscando quien le llevase de la mano.” Las sociedades que rechazan a Dios de la vida social, andan dando vueltas, desorientadas y vacilantes, buscando quien las lleve de la mano. Los “Elimas” de turno en los estados que se erigen en Dios, y quieren robar el corazón de sus hijos, sembrando promiscuidad y secularización, van caminando por el “mundo” y aunque los organismos internacionales los llenen de reconocimientos, siembran “oscuridad y tiniebla” y tarde o temprano quedarán dando vueltas sin poder saber adónde ir.

Cada uno deberá cotejar sus actitudes con las de Elimas, para ver si está afectado por este Síndrome, o si ya siente sus primeros síntomas. Gracias a Dios hay creyentes que dan testimonio del Hijo allí donde actúan. Ser dóciles a la acción del Espíritu Santo es el antídoto necesario para inmunizarnos contra este mal.

El síndrome de Elimas necesita hombres de fe valientes, que no pidan a Dios salir de tales situaciones, sino que oren como los apóstoles: “Y ahora, Señor, ten en cuenta sus amenazas y concede a tus siervos que puedan predicar tu Palabra con toda valentía.”[9]


[1] Hechos 13,6-12.

[2] Hechos 13,7.

[3] Hechos 13,10.

[4] Hechos 13,6-12.

[5] Hechos 13,11.

[6] Salmos 10,4.

[7] Salmos 10,13.

[8] Hechos 13,11.

[9] Hechos 13,30.