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Cynthia Caden

La Albania pre-guerra no tenía religión oficial del Estado. Todas las religiones y creencias (mahometanismo con sus varias sectas, cristianismo ortodoxo y catolicismo romano) eran respetadas y la libertad para practicarlas estaba asegurada. En aquel tiempo tuvieron lugar algunos cambios organizacionales. Los musulmanes (cerca del 70% de la población) se separaron del Califato y formaron una comunidad musulmana por su cuenta, con los Bektashis gozando de autonomía espiritual y ejecutiva en su interior. La Iglesia Ortodoxa recibió el tomos (decreto) del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla y fue declarada una iglesia nacional autocéfala, reconociendo sólo la supremacía del Patriarca. Por su parte, los católicos no tenían problemas que resolver y su Iglesia permaneció intacta.

Durante el régimen totalitario comunista, la religión – identificada como una importación extranjera a la cultura albanesa – fue prohibida en su totalidad. Los albaneses nacidos durante el régimen nunca fueron educados en religión, por lo que crecieron como ateos o agnósticos. Poco tiempo después de alcanzar el poder en 1944, los comunistas se dedicaron a actividades anti-religiosas, expulsando, encarcelando y ejecutando a sacerdotes y otros religiosos.

Debido a la diversidad y débil organización de las comunidades religiosas – con la excepción de la Iglesia Católica Romana – la tarea del gobierno comunista en Albania fue más sencilla que en otros países satélites, si bien siguió igualmente un proceso gradual.

En noviembre de 1949, se promulgó una ley obligando a las comunidades religiosas a desarrollar entre sus miembros el sentimiento de lealtad hacia “el poder del pueblo” y la República Popular de Albania. Según esta ley, las cabezas de las comunidades religiosas, así como los jefes de las varias sectas, debían ser aprobados tras su elección por el Consejo de Ministros. El Jefe de Estado tenía el derecho de desaprobar al líder escogido de la comunidad religiosa.

En ese tiempo muchos imames y derviches albaneses fueron asesinados, encarcelados o exiliados por el régimen, sus templos derribados y la literatura religiosa prohibida y destruida. Por consiguiente, hacia 1991 la mayoría de los musulmanes de la Albania posterior a 1967 tenían una idea muy vaga acerca de su identidad islámica.

Uno de los principales objetivos de la propaganda del Estado había sido que los albaneses abandonaran la religión. Por esta razón en el país mayoritariamente musulmán se puso en marcha un proceso de manipulación histórica de su pasado islámico. Los historiadores comunistas retrataron la historia albanesa bajo los otomanos en términos marxistas,[1] representándola como una época de matanzas, ignorancia, atraso, conquista, dominación asiática y explotación feudal.[2]

Si hasta 1967 existían alrededor de 1.666 mezquitas en Albania, después del paso del comunismo, los albaneses sólo han conseguido reconstruir unas 500.

Pero la religión mayoritaria no sería en ningún caso la única sufriente. El 28 de agosto de 1949, la radio de Tirana anunció que el Arzobispo Ortodoxo de Albania, Kristofor Kisi, había sido depuesto por “actividades fascistas” y por conspirar para separar a la iglesia de la fe Ortodoxa Oriental y rendirla al Vaticano, nombrando al Obispo Paisi Vodica de Korce como su sucesor. Dos semanas después la Iglesia Albana Ortodoxa “aceptó la fidelidad al Patriarcado de Moscú”. Del 5 al 10 de febrero de 1950 se sostuvo un congreso ortodoxo en Tirana donde se votó la nueva constitución de la Iglesia Ortodoxa Albanesa. Según ésta, la iglesia estaba obligada a desarrollar en sus adherentes el sentido de lealtad al régimen.

Por su parte, ya en el temprano 1945 comenzó el ataque a la Iglesia Católica en Albania, considerada un instrumento del Vaticano. El primer sacerdote fusilado en el país fue, ese mismo año, don Lazer Shantoja. Antes de la ejecución fue sometido a terribles torturas, durante las cuales le rompieron los pies y las manos. El 21 de junio después de una predicación en la iglesia, el Padre jesuita Giacomo Gardini, s.j., alzando la imagen del Santísimo en presencia de algunos agentes de la Sigurimi, fue arrestado y condenado. El mismo día detuvieron también al padre Gjergj Vata,[3] de la misma Orden.

Un buen número de sacerdotes católicos fueron llevados a juicio (aquellos que no eran albaneses fueron expulsados), y Monseñor Nigris, el Nuncio Apostólico en Albania, fue denunciado como el “agente que fomentó la reacción anticomunista”. El clero católico fue acusado de distribuir panfletos contra el régimen y organizar bandas guerrilleras en las montañas. Con estas excusas el gobierno ejecutó o encarceló a la mayoría de los miembros distinguidos de la jerarquía. Aún así, no sería hasta 1951 que tendría lugar la gran transformación de la Iglesia Católica en Albania.

El 26 de junio de ese año se convocó una “asamblea general” de clérigos católicos en Escútari, el centro del catolicismo del país. Los católicos representaban alrededor del 10% de la población total. En agosto siguiente el Presídium de la Asamblea Popular aprobó las “decisiones” de la “asamblea general”, que produjo una nueva constitución para la Iglesia Católica Albanesa.

Según esta nueva constitución, la Iglesia Católica de Albania había sido nacionalizada. La constitución declaraba que esta nueva iglesia no tenía lazos organizacionales, políticos o económicos con el Vaticano. Sus relaciones con una “Iglesia no-Albanesa” (el Vaticano) podían establecerse sólo a través de canales oficiales del gobierno de Tirana. La Iglesia Católica de Albania, decía, “se somete a la ley canónica de la Iglesia Católica, si las disposiciones del Código no contradicen las leyes de la República Popular de Albania, el orden público y las buenas costumbres”. A partir de entonces, los sacerdotes serían entrenados en seminarios “creados y administrados” con la aprobación del gobierno.

La Iglesia Católica Romana, más organizada en ese entonces que las demás religiones, se convirtió en el principal blanco de persecución. Entre 1945 y 1953, el número de sacerdotes fue reducido drásticamente y el número de iglesias católicas romanas decreció de 253 a 100.[4] Todos los católicos fueron estigmatizados como fascistas y atacados por ello.

La agresión contra las iglesias no podría haberse legalizado si los comunistas no hubieran eliminado antes a los miembros prominentes del clero. Las tres religiones tuvieron sus propias víctimas, pero la que más sufrió fue la católica. Para mantener a las iglesias bajo control, el Gobierno Comunista de Albania puso a su cabeza clérigos dispuestos a ser sus herramientas. Algunos de ellos eran comunistas.[5]

La chispa encendida por la revolución cultural e ideológica iniciada en la primavera de 1966 se convirtió en un gran incendio el día 7 de febrero siguiente. Hoxha pidió una lucha cultural-educacional agresiva contra la “superstición religiosa” y asignó la misión anti-religiosa principalmente a los estudiantes albaneses.

Comenzaron a circular los “manifiestos de crítica” contra la religión, semejantes a los tazebao chinos. El 15 de febrero, a las diez de la mañana, en las puertas de todas las iglesias y mezquitas, así como en los lugares de la ciudad donde se debían realizar demostraciones, aparecieron tales manifiestos. Ese ataque duró muchos años, constituyendo un infierno en la tierra para Albania.

Fruto de esas ofensivas comenzaron destrucciones masivas de edificaciones y monumentos. En la ciudad de Durazzo, por ejemplo, destruyeron el santuario ortodoxo de San Blas. Se estableció en Escútari la dirección general para toda Albania, bajo el mando de Ramiz Alia.[6]

El clero fue públicamente vilipendiado, sus vestimentas quitadas y desecradas. Muchos mullahs musulmanes y sacerdotes ortodoxos se sometieron ante esta violencia y renunciaron a su “pasado parasitario”. Más de 200 clérigos de varias religiones fueron encarcelados, otros fueron forzados a buscar trabajo en la industria o en agricultura y algunos más fueron ejecutados o murieron de hambre. El claustro de la orden franciscana en Shkodër, entre otros, fue incendiado resultando en la muerte de cuatro frailes ancianos.

Para septiembre de 1967, todos los edificios religiosos, incluyendo 2.169 iglesias, mezquitas y monasterios, fueron cerrados – sus miembros expulsados o muertos – y los que sobrevivieron a la destrucción serían convertidos en viviendas, centros culturales, gimnasios, tribunales, almacenes o establos para ganado y cerdos.[7]

Un ejemplo lo da la iglesia de la Madonna en Shkodra. Era un lugar de mucha veneración para las madres católicas albanesas. Incluso en abril de 1946, ya instaurado el poder del partido comunista, más de 2.000 personas participaron en un peregrinaje hasta allí. Poco tiempo después, sin embargo, la iglesia fue cerrada y transformada en un salón de baile. Finalmente en 1967, durante una campaña anti-religiosa, fue destruida hasta los cimientos.[8]

Entre todos los encarcelados, torturados y asesinados en ese entonces, aquí hay unos pocos ejemplos: La religiosa María Tuci fue arrestada y sometida a torturas inhumanas. Murió en el hospital de Escútari, poco después de los interrogatorios. El padre Frano Kiri, o.f.m., sufrió durante tres días y tres noches, atado a un cadáver en descomposición. El padre Gjon Karma, s.j., fue enterrado vivo en un ataúd.[9]

Un impresionante testimonio lo proporciona el Padre Anton Luli SJ:

Me han oprimido con toda clase de torturas. Cuando me arrestaron la primera vez me hicieron permanecer nueve meses encerrado en un cuarto de baño: tenía que acurrucarme encima de los excrementos endurecidos, sin lograr jamás extenderme completamente, tan estrecho era aquel sitio. La noche de Navidad me hicieron desvestir en este lugar y me ataron a una viga, de tal modo que podía tocar el piso sólo con la punta de los pies. Hacía frío; sentía el hielo que subía a lo largo de mi cuerpo: era como una muerte lenta. Cuando el hielo me estaba llegando al pecho grité desesperado. Mis guardias corrieron, me golpearon y luego me tiraron al suelo.

Con mucha frecuencia me torturaban con corriente eléctrica: me metían dos alambres en los oídos. Era una cosa horrible. Durante un tiempo me amarraban las manos y los pies con alambres, y me echaban al suelo en un lugar oscuro, lleno de grandes ratas que me pasaban por encima sin que yo pudiera evitarlo. Llevo todavía en mis muñecas las cicatrices de los alambres que se me incrustaban en la carne. Vivía con la tortura de permanentes interrogatorios, acompañados de violencia física. Recordaba entonces los golpes sufridos por Jesús al ser interrogado por el Sumo Sacerdote.

Una vez me colocaron delante un papel y un bolígrafo y me dijeron: Escribe una confesión de tus crímenes y, si eres sincero, podríamos hasta mandarte a casa. Para evitar golpes y bastonazos empecé a llenar alguna página con los nombres de muertos o de fusilados, con los que nunca tuve nada que ver. Al final añadí: Todo lo que he escrito no es verdadero, pero lo he escrito porque me obligaron. El oficial empezó la lectura con una sonrisa de satisfacción, seguro de haber logrado su objetivo, pero cuando leyó los últimos renglones, me golpeó y, blasfemando, ordenó a los policías que me llevaran fuera, gritando: Sabemos cómo hacer hablar a esta carroña.

En otra ocasión, el mismo sacerdote recordaría:

“Al salir de la prisión, me enviaron a trabajos forzados como obrero en una finca estatal: me pusieron a trabajar en la recuperación de los pantanos. Era un trabajo fatigoso y con la poca alimentación que teníamos se nos reducía a gusanos humanos: cuando uno de nosotros caía extenuado, le dejaban morir”.[10]

Todos los decretos previos que sancionaban oficialmente la existencia nominal de religión organizada fueron anulados en 1967. El artículo 37 de la Constitución de 1976 declararía: “El estado no reconoce ninguna religión y apoya la propaganda atea con el propósito de inculcar la visión del mundo científico-materialista en las personas”. También prohibía toda “actividad y propaganda fascista, anti-socialista o religiosa” y el código penal de 1977 impuso sentencias de cárcel de tres a diez años para “propaganda religiosa y producción, distribución o almacenamiento de literatura religiosa”.

Con esa mentalidad, quienes eran encontrados con artículos religiosos eran severamente castigados. Un emigrado – identificado como I. en ese entonces para proteger su identidad – dijo que un hombre encontrado en su pueblo llevando un crucifijo en 1988 fue sentenciado a cinco años de prisión. Otro testigo dijo que conocía personas sentenciadas por diez años por poseer una Biblia.[11]

Un nuevo decreto que en efecto se dirigió a albaneses con nombres cristianos estipulaba que los ciudadanos cuyos nombres no estaban en conformidad con “los estándares políticos, ideológicos o morales del Estado” debían cambiarlos. También fue decretado que ciudades y villas con nombres religiosos debían ser renombrados. Así, en las zonas del sur pobladas por la etnia griega, alrededor de noventa pueblos y lugares con nombres inspirados en santos ortodoxos griegos recibieron nombres seculares.

Alerta 360


[1] La opinión de Marx sobre los orientales era que “no pueden representarse a sí mismos, pero deben ser representados”. Citado por E. Said, en Orientalismo, p. 21. Véase la traducción española de esta obra titulada Orientalismo, Editorial Debolsillo, Barcelona, 2007. La cita está extraída de la obra de Marx titulada El dieciocho brumario de Luis Bonaparte.

[2] Historia e Shqiperise, Tirana, 1959, p. 340.

[3] La persecución de la Iglesia católica en Albania desde 1944 hasta 1990, Mons. Zef Simoni. Obispo auxiliar de Escútari (Albania).

[4] Albania. Campaña anti-religiosa de Hoxha, en: Raymond Zickel y Walter R. Iwaskiw, editores, Albania: Estudio de un país, Washington, GPO para la Biblioteca del Congreso, 1994.

[5] Toma comunista del poder y ocupación de Albania, en: Informe Especial Nro. 13 del Comité seleccionado sobre agresión comunista. Casa de Representantes. Congreso Decimotercero. Segunda sesión. Bajo la autoridad de Resolución de la Casa de Representantes No. 346 y 438. Government Printing Office, Washington, 30 de diciembre de 1954, Charles J. Kersten.

[6] Político albanés que, como ya dijimos, sería presidente del país entre 1985 y 1992. Fue un alto dirigente del Partido Trabajador de Albania, llegó a ser miembro de su Politburó y secretario del Comité Central. En 1985 fue elegido Presidente de la Asamblea del Pueblo (Parlamento) y por tanto, Jefe del Estado. Al morir Enver Hoxha en 1985, le sucedió como secretario general del PTA, por lo que se convirtió en el máximo dirigente de Albania. En el funeral de Hoxha afirmó que “Albania será siempre fuerte, siempre roja, como tú la deseaste, camarada Enver”.

[7] Derechos Humanos en la República Democrática Popular de Albania, Comité de Abogados de Minnesota de Derechos Humanos Internacionales.

[8] Santos cristianos en Albania, Robert Elsie.

[9] Persecución de la Iglesia católica en Albania desde 1944 hasta 1990, por Mons. Zef Simoni, Obispo auxiliar de Escútari (Albania).

[10] Muere un mártir moral del siglo XX, (El P. Anton Luli pasó sus 50 años de sacerdocio entre cárceles y persecuciones), Christus Rex.

[11] Derechos Humanos en la República Democrática Popular de Albania, Comité de Abogados de Minnesota de Derechos Humanos Internacionales.