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Equipo de Dirección

Durante este año la Iglesia Católica deberá pasar por la instancia crucial de un Sínodo de la Familia en el que un grupo importante de Obispos intentará un cambio que implica ignorar en la práctica la tradicional doctrina católica sobre las personas divorciadas vueltas a casar e incluso sobre las uniones homosexuales, “archivando” en este proceso más de un dogma de fe y muchas enseñanzas claras y firmes del Magisterio ordinario de la Iglesia.

Con humildad y responsabilidad a la vez, invitamos a nuestros lectores católicos a mantenerse alertas y a participar, según las posibilidades de cada uno, en la defensa de la doctrina católica, con la confianza puesta en la Promesa de Cristo a su Iglesia, según la cual Ella se mantendrá siempre fiel a su Divino Esposo.

En esta línea, los invitamos a adherirse a la Apelación Filial a Su Santidad el Papa Francisco sobre el futuro de la familia promovida en el sitio web Filial Appeal. Dado que ese sitio aún no está disponible en el idioma español, a continuación ofrecemos nuestra propia traducción de la versión en inglés de esa apelación, que ya ha sido firmada por importantes personalidades del ámbito eclesiástico, académico y político.

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Santo Padre,

En vista del Sínodo sobre la familia que tendrá lugar en octubre de 2015, nos dirigimos filialmente a Su Santidad para expresar nuestros temores y esperanzas con respecto al futuro de la familia.

Nuestros temores surgen del ser testigos de una revolución sexual de décadas de duración promovida por una alianza de poderosas organizaciones, fuerzas políticas y los medios de comunicación masiva que trabajan de forma consistente en contra de la existencia misma de la familia como unidad básica de la sociedad. Desde la llamada Revolución de la Sorbona de mayo de 1968, una moralidad opuesta tanto a la ley divina como a la ley natural se ha impuesto gradual y sistemáticamente sobre nosotros tan implacablemente como para hacer posible, por ejemplo, enseñar la aborrecible “teoría de género” a niños pequeños en muchos países.

La enseñanza católica sobre el sexto mandamiento de la Ley de Dios brilla como un faro frente a este siniestro objetivo ideológico. Este faro atrae a muchas personas – abrumadas por esta propaganda hedonista – al modelo de familia casta y fecunda enseñado por el Evangelio y acorde con la ley natural.

Su Santidad, a la luz de la información publicada sobre el último Sínodo, observamos con angustia que, para millones de fieles católicos, el faro parece haberse atenuado ante la embestida de los estilos de vida difundidos por grupos de presión anti-cristianos. De hecho vemos que una confusión extendida surge de la posibilidad de que se haya abierto una brecha dentro de la Iglesia que aceptaría el adulterio – permitiendo a católicos divorciados y luego vueltos a casar civilmente recibir la Santa Comunión – y prácticamente aceptaría incluso las uniones homosexuales, aunque tales prácticas estén condenadas categóricamente como contrarias a la ley divina y natural.

Paradójicamente, nuestra esperanza se deriva de esta confusión.En verdad, en estas circunstancias, una palabra de Su Santidad es la única manera de aclarar la creciente confusión entre los fieles. Evitaría que la misma enseñanza de Jesucristo sea diluida y disiparía la oscuridad que se cierne sobre el futuro de nuestros hijos si ese faro ya no iluminara su camino.

Santo Padre, Le imploramos que diga esta palabra. Lo hacemos con un corazón dedicado a todo lo que Usted es y representa. Lo hacemos con la certeza de que Su palabra nunca disociará la práctica pastoral de la enseñanza legada por Jesucristo y sus vicarios – ya que esto sólo aumentaría la confusión. En efecto, Jesús nos enseñó muy claramente que debe haber coherencia entre la vida y la verdad;[1] y Él también nos advirtió que la única manera de no caer es practicar su doctrina.[2]

Pidiendo Su bendición apostólica, Le aseguramos nuestras oraciones a la Sagrada Familia – Jesús, María y José – para que ilumine a Su Santidad en estas circunstancias de importancia crucial.


[1] Juan 14:6-7.

[2] Mateo 7:24-27.