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Antonio Ocaña Pasquau

El 7 de Enero de este año 2015, dos terroristas islámicos (Chérif y Said Kouachi) asaltaron el local del semanario Charlie Hebdo en París y asesinaron a ocho miembros de su redacción (“Charb”, “Cabu”, “Tignous”, Georges Wolinski, Philippe Honoré, el economista Bernard Maris – quien firmaba bajo el seudónimo “Oncle Bernard” – el corrector Mustapha Ourad y la columnista y psicoanalista Elsa Cayat). Esos dos terroristas pertenecían a la organización Al Qaeda, que rivaliza con el Estado Islámico en el proyecto de reimplantar el Islam en su versión más violenta. Ambas organizaciones son responsables de muchísimos asesinatos de cristianos en Medio Oriente, lo que ha llevado a que centenas de miles de ellos emigren de sus territorios ancestrales.

Alejados geográficamente, pero emparentados ideológicamente con ellos, los terroristas de Boko Haram han hecho en Nigeria cosas como irrumpir en tres iglesias durante la Misa de Navidad de 2011 (Santa Teresa en Medalla, y otras dos en Jos y Gadaka) haciendo explotar bombas en su interior (matando al menos a cuarenta personas), o secuestrar a centenares de niñas cristianas en Chibok y venderlas para los harenes. Según la ACNUR, hay alrededor de un millón de cristianos entre Nigeria y Camerún que han huido de sus hogares para escapar de los ataques de los fanáticos. Así pues, no hay duda de que el ala radical del Islam, la misma que atacó a Charlie Hebdo, es enemiga de los cristianos.

Por otra parte, el semanario Charlie Hebdo, apelando a la libertad de expresión, lleva años atacando a los cristianos en sus puntos más venerados, y de manera mucho más soez que a los musulmanes: ha dibujado a la Santísima Trinidad copulando entre sí, a Jesús con un falo en la mano diciendo: “Dios mío, bendice este falo que me voy a comer”, a la Virgen abierta de piernas y dando a luz a Jesús y otras muchas imágenes más cuyo tema da vergüenza sólo nombrarlo; esas imágenes pueden contemplarse en Internet…

Uno de los que los apoyan—Claudio Fantini en el diario El País de Montevideo, Bitácora del 14 de enero de 2015—opina que cualquier pero a la libertad de expresión “convierte a ésta en un oxímoron”, es decir, en una contradicción. Y cita en su apoyo una autoridad: “El profesor de Georgetown, Héctor Schamis, habla del ‘derecho a blasfemar’, explicando que no fue concebido con la intención ‘malévola’ de ofender a los creyentes, sino como parte esencial de la secularidad.” De su mano, concluye: “Sin derecho a blasfemar, no hay separación entre religión y Estado; por lo tanto no hay sociedad secular”.

No hay duda de que gente así, tan convencida de que es necesario ofendernos para vivir en libertad, son enemigos nuestros. Sin duda no es legítimo ponerlos en el mismo grupo: son dos tipos de enemigos muy distintos. Los primeros tienen las armas y matan; los segundos tienen la pluma y sólo humillan y ofenden.

En la lucha entre los fusiles y la pluma no se puede dar la razón a los fusiles, pero ¿habrá que dársela siempre a la pluma? Acabamos de ver que algunos partidarios de la pluma no admiten que ésta exprese ningún pero; no se trata de discutir libremente, atendiendo a hechos, datos y razones: o hay derecho a ofender a los creyentes o estamos bajo la opresión de las religiones.

¿Qué nos queda a los creyentes en Jesucristo? Desde luego repetirnos que los enemigos de nuestros enemigos no son nuestros amigos: los que matan a los dibujantes de Charlie Hebdo, que nos ofenden con su pluma, no son nuestros amigos; pero las plumas que ofenden a los que nos matan en Medio Oriente o en Nigeria tampoco lo son. Ambos son enemigos nuestros.

¿Qué hacer? ¿Dejar que se exterminen entre sí? Eso sería lo lógico si nosotros fuéramos enemigos de nuestros enemigos. Pero somos cristianos y debemos vencer, en primer lugar, la enemistad que hay en nosotros. Jesús nos dijo: “Ustedes han oído que se dijo: “Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo.” Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen, para que sean hijos de su Padre que está en el cielo. Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa recibirán? ¿Acaso no hacen eso hasta los recaudadores de impuestos? Y si saludan a sus hermanos solamente, ¿qué de más hacen ustedes? ¿Acaso no hacen esto hasta los gentiles? Por tanto, sean perfectos, así como su Padre celestial es perfecto.”[1]

Es difícil ser perfecto como el Padre. Pero habrá que comenzar por algo.

¿Nuestros enemigos se habrían ofendido si el Cardenal de París hubiera convocado a un solemne funeral en Notre Dame para implorar a Dios el eterno descanso de todos esos hermanos muertos: Chérif Kouachi, Said Kouachi, “Charb”, “Cabu”, “Tignous”, Georges Wolinski, Philippe Honoré, ”Oncle Bernard”, Mustapha Ourad y Elsa Cayat? Probablemente sí; ambos bandos se habrían ofendido ante nuestra libertad de expresión.

Eso no debe ser un obstáculo para que pidamos por ellos en nuestra oración silenciosa. Que Nuestro Padre tenga misericordia de todos esos hijos suyos.


[1] Mateo 5,43-48.