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Angela Pellicciari

Massimo Bordin, en Radio Radical, es siempre una gran cantera de ideas. Esta mañana reportó una comparación hecha por Obama entre las infamias cometidas por los cristianos en la época de las Cruzadas y de la Inquisición y las actuales fechorías del IS [Estado Islámico]. Yo no estaba en Italia, pero me han dicho que también periodistas italianos se han ejercitado en consideraciones análogas.

Brevemente, algunos hechos: si usted se pregunta cómo nunca los musulmanes moderados han alzado la voz contra los crímenes cometidos por los varios califas o pretendientes a tales contra los cristianos, la respuesta es simple y se encuentra en el Corán. El Corán es un libro que no se puede interpretar. El Corán es obedecido porque quien habla es Dios, que lo dicta al profeta. Por lo tanto, el versículo 33 de la sura 5 dice: “En verdad, la recompensa de los que combaten a Dios y a su Mensajero y se dan a corromper la tierra es que ellos serán masacrados, o crucificados, o amputados de las manos y de los pies de los lados opuestos, o desterrados de la tierra”. No parece que el Dios bíblico se haya expresado nunca en estos términos.

En obediencia al Corán a lo largo del tiempo muchas veces los musulmanes se han adherido a la letra a la voluntad del profeta. Así hicieron los turcos selyúcidas en el siglo XI. Leamos algunos extractos de la carta que en 1091 el emperador Alejo Comneno escribe a Roberto I, conde de Fiandra, para describir lo que sucede a los cristianos que viven bajo el dominio turco o que van a Tierra Santa como peregrinos: “circuncidan a los niños y los jóvenes de los Cristianos sobre los bautisterios de los Cristianos, y en desprecio de Cristo vierten la sangre de la circuncisión en los mismos bautisterios, y luego los obligan a orinar en los mismos; y luego los arrastran en las iglesias y los obligan a blasfemar el nombre y la fe de la santa Trinidad. A los que se rehúsan los afligen con innumerables penas y al final los matan. Han depredado a nobles matronas y sus hijas, deshonrándolas en el adulterio, sucediéndose uno tras otro como animales. Otros corrompen torpemente a las vírgenes, poniéndolas frente a sus madres, y obligándolas a cantar canciones viciosas y obscenas, hasta que han terminado sus vicios”; “hombres de toda edad y orden, niños, adolescentes, jóvenes, viejos, nobles, siervos, y, lo que es peor y más vergonzoso, clérigos y monjes, y – ¡qué dolor! – lo que desde el inicio de los tiempos nunca fue dicho ni sentido, obispos, son ultrajados con el pecado de Sodoma, y un obispo pereció bajo este pecado obsceno. Contaminan y destruyen los lugares sagrados en modos innumerables, y amenazan a otros de un peor tratamiento. ¿Y quién no llora frente a esto? ¿Quién no siente compasión? ¿Quién no siente horror? ¿Quién no reza?”. Los turcos destruyen “casi la tierra entera desde Jerusalén hasta Grecia”, las islas, y “ahora no queda casi nada excepto Constantinopla, que amenazan arrebatar muy pronto, a menos que la ayuda de Dios y de los fieles Cristianos Latinos venga velozmente”; “Omitamos el resto para no molestar al lector”.

El Occidente en 1096 responde a la llamada desesperada del emperador bizantino yendo con grandes sacrificios y gran heroísmo a liberar la tierra de Jesús de la barbarie musulmana imperante en esa época. Es la primera cruzada. Palabras como aquellas pronunciadas por Obama descansan sobre un terreno seguro. Un terreno vuelto sólido por siglos de falsedades históricas hechas pasar por verdad. Como escribe León XIII en 1883: “la ciencia histórica parece ser una conjura de los hombres contra la verdad”; “Demasiados quieren que el mismo recuerdo de los acontecimientos pasados sea cómplice de sus ofensas”. La propaganda anticatólica ha pintado a la Iglesia como una especie de asociación para delinquir, violenta, opresiva, intolerante. La propaganda anticatólica ha pintado al Islam como la tierra de la paz y de la tolerancia. Ni siquiera las atrocidades inhumanas cometidas en este tiempo por el Islam que, como lo ha hecho siempre, quiere conquistar el mundo y llegar a Roma, mueven a reflexionar a quien ha sido educado en el odio y el desprecio anticristiano.

La Nuova Bussola

Traducido del italiano por Daniel Iglesias Grèzes.