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93 – Hoy existe mucha ignorancia en materia de matrimonio. ¿No significa eso que la mayor parte de los matrimonios debería ser considerada nula?[1]

Respuesta: La ignorancia debe ser remediada con una seria preparación para el matrimonio, que envuelve la enseñanza de la doctrina. Es realmente curioso que muchas personas que hoy, ante el hecho de la ignorancia, exigen un aflojamiento de la disciplina moral de la Iglesia, sean las mismas que antes habían defendido el aflojamiento de la educación moral que causó tal ignorancia.

“La preparación remota para el matrimonio es extremamente importante y podría ser una buena idea iniciarla antes de que los jóvenes en determinada sociedad tiendan a volverse sexualmente activos, cosa que en Occidente significa antes de la adolescencia. (…) Es claro que la Iglesia es llamada a cuidar de las heridas y a curarlas, pero, como sabe todo buen médico, el mejor remedio es la prevención. Los jóvenes son mucho más abiertos para hablar sobre la virtud de la castidad de lo que con frecuencia se cree”[2]

94 – Un tratamiento pastoral que se inspira en la misericordia, ¿no debería facilitar los procesos de nulidad del vínculo matrimonial?

Respuesta: De acuerdo con el eminente canonista Cardenal Raymond Leo Burke, “el actual proceso de nulidad garantiza plena justicia a las partes envueltas, de modo que no habría necesidad de modificarlo en su actual estructura.”[3]

Obviamente, la gran solución pastoral consiste en asegurarse de que los matrimonios sean contraídos de forma consciente y válida, y en volver accesibles los eventuales procesos de nulidad en todos los niveles sociales, inclusive en los menos instruidos. Pero no es prudente cuestionar la validez de muchos matrimonios sólo para satisfacer a la pequeña minoría de divorciados vueltos a casar que pretende recibir la Comunión sin enmendarse.

“La caridad sin justicia no es caridad, sino sólo una falsificación, porque la misma caridad requiere la objetividad típica de la justicia, que no hay que confundir con una frialdad inhumana. A este respecto, como afirmó mi predecesor el venerable Juan Pablo II en su discurso dedicado a las relaciones entre pastoral y derecho: “El juez (…) debe cuidarse siempre del peligro de una malentendida compasión que degeneraría en sentimentalismo, sólo aparentemente pastoral.”[4]

“Hay que huir de las tentaciones pseudo-pastorales que sitúan las cuestiones en un plano meramente horizontal, en el que lo que cuenta es satisfacer las peticiones subjetivas para obtener a toda costa la declaración de nulidad, a fin de poder superar, entre otras cosas, los obstáculos para recibir los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía. En cambio, el bien altísimo de la readmisión a la Comunión eucarística después de la reconciliación sacramental exige que se considere el bien auténtico de las personas, inseparable de la verdad de su situación canónica. Sería un bien ficticio, y una falta grave de justicia y de amor, allanarles el camino hacia la recepción de los sacramentos, con el peligro de hacer que vivan en contraste objetivo con la verdad de su condición personal.”[5]

Mons. Aldo di Cillo Pagotto, SSS, Arzobispo de Paraíba (Brasil)
Mons. Robert F. Vasa, Obispo de Santa Rosa, California (Estados Unidos)
Mons. Athanasius Schneider, Obispo auxiliar de Astaná (Kazajistán)


[1] Mons. Aldo di Cillo Pagotto, SSS-Mons. Robert F. Vasa-Mons. Athanasius Schneider, Opción preferencial por la Familia. 100 preguntas y 100 respuestas a propósito del Sínodo. Prefacio del Cardenal Jorge A. Medina Estévez, Edizioni Supplica Filiale, Roma 2015, pp. 57-58

[2]  Stephan Kampowski, Una vita vissuta nel tempo [Una vida vivida en el tiempo], en: Pérez Soba-Kampowski, pp. 134-135.

[3] cfr. Card. Raymond Burke, Il processo di nullità canonica del matrimonio come ricerca della verità [El proceso de nulidad canónica del matrimonio como búsqueda de la verdad], in Aa. Vv., Permanere nella verità di Cristo [Permanecer en la verdad de Cristo], cap. IX

[4] 18 de enero de 1990: AAS 82 [1990] 875, n. 5; cfr. L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 28 de enero de 1990, p. 11

[5] Papa Benedicto XVI, Discurso al Tribunal de la Rota Romana de 29 de enero de 2010