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Raymond de Souza

Pongámonos a pensar a fondo y razonemos: siempre que ves algo cuyas partes están dispuestas en orden, siguiendo un patrón lógico específico, sabes que alguien lo hizo. Muebles en una sala de estar, piezas de ajedrez sobre un tablero, libros en una biblioteca. Una disposición ordenada no puede ser explicada excepto como debida a la actividad de un diseñador inteligente. No hay orden sin un ordenador inteligente.

Supón que mañana por la mañana vas a una fábrica de bicicletas, y en uno de los talleres ves una cantidad de partes, ordenadas en diferentes cajas: tubos de acero, un haz de radios, llantas de ruedas, ejes, manillares, pedales, cajas de tuercas y tornillos, etc. Entonces una gran tormenta golpea la fábrica y, cuando tú vuelves algunas horas más tarde (digamos), después de la tormenta, encuentras que el conjunto entero de componentes ha sido transformado en una docena de bicicletas nuevas, cada una de ellas perfecta en todos sus detalles. Cada parte ha sido encajada en las demás partes con un ajuste hábil, arrojando un resultado que es un modelo de disposición ordenada. Es asombroso cómo las bicicletas se armaron a sí mismas durante la tormenta, ¿no?

Sólo un idiota supondría que esas bicicletas fueron armadas por la tormenta. ¡El mero azar jamás produciría ese tipo de orden! Cualquiera con un mínimo de razón reconocería inmediatamente que fue el trabajo de un mecánico o de un grupo de mecánicos. Así de simple.

El orden es unidad en la variedad. El orden es el resultado del diseño inteligente. El diseño es la planificación del orden. El mecánico tenía en la mente o sobre el papel las instrucciones de montaje, y las siguió a fin de armar las bicicletas. El orden está presente cuando varias cosas diferentes (las partes) se combinan para producir un solo efecto o resultado (la bicicleta).

Tomemos otro ejemplo: tu reloj de pulsera. Allí ves la caja, el cuadrante, las agujas, una multiplicidad de rueditas y de otras partes y piezas: cada parte encaja para contribuir a producir un único resultado, es decir la indicación adecuada de la hora. Todos saben que la naturaleza no produce relojes. Ellos no crecen en los árboles, ni siquiera en la tierra de Oz. Ellos son hechos por personas para su comodidad. Su orden necesariamente presupone un ordenador, el relojero.

Ahora consideremos un ejemplo más elevado: el cuerpo humano. Como la bicicleta y el reloj, pero en una forma inmensamente más perfecta, consiste en un gran número de miembros y órganos; empero todos ayudan, cada uno a su propia manera, al bienestar del conjunto: tú.

En la mano humana que ayudó a hacer la bicicleta y el reloj encontrarás un ejemplo mucho más maravilloso de orden e ingenio. Cada movimiento de la mano humana causa una interacción de huesos, una contracción o relajación de músculos flexibles, un tensionamiento o aflojamiento de tendones fibrosos. Su estructura está compuesta de no menos de diecinueve huesos, mientras que ocho más, de formas varias, aseguran la fuerza y la flexibilidad en la muñeca. Y es parte de un cuerpo viviente, inmensamente más perfecto que todas las bicicletas y los relojes del mundo.

Tú sabes que las bicicletas exigen la existencia de mecánicos y que los relojes exigen la existencia de relojeros. ¿Cómo podría el azar ciego haber formado un sistema tan altamente complejo e intrincado de huesos y músculos, de tendones y arterias, en el que las diversas unidades trabajan armoniosamente para la producción de cada uno de los movimientos del conjunto? ¡Más aún, a diferencia de la bicicleta y del reloj, la mano humana está viva!

Y, una vez que el azar es necesariamente excluido, surge inmediatamente la ¿De dónde ha venido tu mano? ‘De mis padres’, responderás naturalmente. Sí, por supuesto, y tus padres vinieron de tus abuelos, y ellos vinieron de tus bisabuelos y así sucesivamente, hasta que te planteas la pregunta acerca del origen de la especie humana y de toda vida en el planeta. ¿Quién, entonces, es el autor de esa realidad maravillosa? ¿Quién ha hecho que madure hasta su forma actual, que desarrolle tantos tejidos diferentes, para alcanzar tal eficiencia?

La respuesta salta a tus labios. El mero azar nunca podría haber producido un ser tan perfecto como un ser vivo. La materia inerte nunca puede producir materia viva, porque ningún ser puede dar lo que no tiene. El Artífice de la mano humana y de las incontables otras maravillas de las cuales el universo está lleno no puede ser otro que el gran Maestro Artesano a quien llamamos Dios.

Un diamante en bruto en una mina no atraerá tu atención, pero un diamante esmeradamente cortado encima de una corona real sí lo hará. ¿Cuál es la diferencia? Es el mismo elemento, ¿no? La diferencia es que alguien con una mente inteligente sabía cómo cortar el diamante en bruto y colocarlo sobre la corona. Un diseñador inteligente estaba detrás del trabajo, incluso si tú nunca llegas a saber quién era él. La única mina de diamantes donde la gente recoge diamantes ya cortados estaba en la clásica película de dibujos animados de Disney Blancanieves y los siete enanitos.

Los caballos salvajes nunca realizarán las cabriolas de los caballos de la Escuela Española de Equitación de Viena, a menos que un entrenador pase largos meses trabajando con ellos, después de unas cuantas generaciones de caballos en cautividad. Los arbustos y las plantas silvestres de un campo nunca se organizarán a sí mismos para lucir como los jardines de Versailles, a menos que un paciente grupo de jardineros trabaje en ellos.

Sí, no hay un orden sin un ordenador inteligente. El orden es el resultado exclusivo del intelecto. Tu vieja cámara fotográfica consiste en una caja en la que hay una abertura circular para el pasaje de la luz. La luz pasa a través de la lente y forma una imagen sobre la película sensible. El ojo humano trabaja de una manera similar: el globo ocular corresponde a la caja de la cámara, la pupila corresponde a la abertura circular, el cristalino a la lente de la cámara y la retina a la película.

En ambos ejemplos ves que varias partes distintas se encuentran unidas o encajadas juntas para producir un solo resultado, a saber, una imagen clara sobre la película y sobre la retina. Tú sabes que la cámara fue hecha por alguien, ¿pero el ojo humano, el cuerpo humano, no? ¿Así que la cámara vino de una fábrica pero el cuerpo humano con todas sus perfecciones surgió del suelo después de unos cuantos millones de años? ¿Por qué las cámaras no hacen lo mismo? ¿O podrían esas cosas distintas, la cámara y el ojo, haberse juntado por azar? No. Es perfectamente claro que tal combinación sólo puede haber sido efectuada por un trabajador inteligente: la cámara fue hecha por el hombre, incluso aunque tú puedas no saber quién fue. El ojo humano fue hecho por un trabajador no menos real, aunque invisible a nuestros sentidos. A ese artífice lo llamamos Dios.

La última palabra

El trabajador que podría organizar la materia para comportarse de la forma en que lo hace el ojo es un trabajador cuya inteligencia y poder es imposible de medir para nuestras mentes. Él es el Autor y el Amo de la Naturaleza: lo llamamos Dios. Sí, para cualquier mente no perturbada por el prejuicio o la locura, el orden del universo prueba la existencia de Dios.

Dejemos que Einstein tenga la última palabra: “Yo quiero saber cómo Dios creó este mundo. (…) La mente humana no es capaz de aprehender el Universo. Somos como un niño pequeño que entra a una biblioteca inmensa. Las paredes están cubiertas hasta el techo con libros en diferentes lenguas. El niño sabe que alguien debe haber escrito estos libros. No sabe quién ni cómo. No entiende los idiomas en los cuales están escritos. Pero el niño nota un plan definido en la disposición de los libros –un orden misterioso que no comprende, sino que sólo sospecha tenuemente.”[1]

Traducción del inglés por Daniel Iglesias Grèzes.


[1] Curso de Apologética – Parte 3. Raymond de Souza es conductor de un programa de EWTN; coordinador regional de Human Life International [Vida Humana Internacional] para los países de habla portuguesa; presidente del Sacred Heart Institute [Instituto del Sagrado Corazón]; y miembro de la Soberana, Militar y Hospitalaria Orden de los Caballeros de Malta. Su sitio web es: http://www.RaymonddeSouza.com.