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José Alfredo Elía Marcos

Eugenesia y la depuración de la raza

Francis Galton (1822-1911) está considerado el padre de la eugenesia. Médico y estadista inglés, primo de Charles Darwin y victoriano por posición social y por convicción, ideó a finales del s. XIX las bases de un plan de mejora de la raza. Galton derivó su idea principal de la crianza de caballos de carrera. Pensó que se podían criar mejores hombres como se pueden criar mejores caballos.

“Así como es fácil, a pesar de ciertas limitaciones, obtener por selección cuidadosa razas estables de perros o caballos dotados con facultades especiales para la carrera o para hacer cualquier otra cosa, así de factible debería ser producir una raza de hombres altamente dotada por medio de bodas sensatas a lo largo de varias generaciones consecutivas” (Francis Galton).

En 1883 Francis Galton acuña el término eugenesia (“la verdadera semilla o el nacimiento noble”), en su obra Investigaciones sobre las facultades humanas y su desarrollo (1883). Sus teorías se apoyaron en una serie de ideas previas:

  • La evolución de las especies y la teoría de selección natural de Darwin.
  • Las ideas de Malthus de que los recursos mundiales tenían una capacidad limitada inversamente proporcional al crecimiento de la población.
  • La preocupación de las clases medias inglesas por lo que pensaban era una degeneración de la raza: el hacinamiento en las ciudades, surgimiento de enfermedades que se creía eran hereditarias o que afectaban los caracteres hereditarios, como la tuberculosis, la sífilis o el alcoholismo.

Miembro de muy diversos organismos como la Geographical Society y casado con la hija de un hombre notable, consigue que se le considere entre los individuos activos del entonces Imperio británico. Combina sus estudios estadísticos y los de medicina para elaborar tablas de la evolución de las “buenas familias inglesas” e intenta hacer clasificaciones de “enfermos” o “criminales”, que era lo que más le preocupaba dentro de lo que consideraba clases o “estirpes inferiores”.

Para justificar sus teorías realizó estudios biométricos en colegios e instituciones para averiguar, por ejemplo, las diferencias entre los escolares del campo y los de la ciudad, que pensaba estaban más “degradados”.

En 1904 fundó el Laboratorio Eugenésico de Londres. Allí desarrolló el concepto de “Eugénica nacional”, definida “como el estudio de los medios que están bajo control social que pueden beneficiar o perjudicar las cualidades raciales de las generaciones futuras, tanto física como mentalmente”. Fue secretario de la Asociación Británica para el Progreso de las Ciencias (1863-1867), y dirigió a partir de 1901 la revista Biométrika.

Pensaba que si se fomentaba el matrimonio entre los mejores de cada clase y se concedían ayudas para que los mejores tuvieran hijos, se mejoraría la sociedad, ya que una de sus principales preocupaciones era que los matrimonios de clases inferiores tenían más hijos que los de clases más elevadas.

“Éste es precisamente el fin de la Eugénica. Su primer propósito es controlar el porcentaje de crecimiento de los ‘Ineptos’, en lugar de permitirles llegar a seres aun estando destinados a perecer prematuramente en gran número. El segundo propósito es la mejora de la raza favoreciendo la productividad de los ‘Aptos’ por medio de matrimonios tempranos y saludable crianza de los hijos” (Galton).

Además denuncia que las organizaciones caritativas, al asumir el cuidado de los pobres y de los enfermos (calificados como degenerados, ineptos e inferiores), impiden el funcionamiento de la “selección natural”. Se exageró entonces, enormemente el impacto de la transmisión de las “taras”, el “atavismo”, para justificar dos objetivos complementarios:

  • Eugenismo positivo: favorecer la reproducción de las razas llamadas superiores.
  • Eugenismo negativo: hacer desaparecer las razas llamadas inferiores.

Ésta es una visión cientifista, exclusivamente materialista, donde el hombre es tan sólo un engranaje dentro de un mecanismo más grande, y donde la sociedad o el Estado, han de pretender “mejorar” la raza humana hasta generar el “superhombre”. La eugenesia nació en una época en que la ciencia triunfante revolucionaba al mundo de la técnica, y donde el materialismo pretendía utilizar al hombre como un material o animal, al que se puede mejorar por medio de cruzas y una selección “científica”. De esta manera la sociedad debería tratar a quienes considere víctimas de taras, “disgénicos”, inferiores, inadaptados, mal desarrollados, como a miembros gangrenados y amputarlos por razones de higiene social, sin tener en cuenta las prohibiciones de una moral “burguesa” derivada de la “superstición judeocristiana”. La salud se transforma entonces en una relación que involucra a tres partes: el enfermo, el médico y el Estado.

“Todos los débiles mentales son, al menos en potencia, criminales potenciales. Que cualquier mujer débil mental es una prostituta potencial es algo que nadie discutiría. El sentido moral, al igual que el sentido para los negocios, el sentido social o cualquier otro proceso de pensamiento elevado, es una función de la inteligencia” (Francis Galton).

Es realmente después de la muerte de Galton cuando se difunden con más fuerza las ideas eugenésicas, hasta los años treinta y cuarenta, dependiendo de los países, ya que después del nazismo se deja de hablar de eugenesia. Las leyes de 1933 establecieron de una forma salvaje las prácticas eugenésicas. No sólo exterminando personas, sino también haciendo experimentos de crianza, seleccionando mujeres para engendrar soldados o “ejemplares masculinos” de la raza aria.

Neomaltusianismo y Eugenismo

Así, el anarquista francés Paul Robin crea en París el primer centro de información sobre productos anticonceptivos y en 1896 funda la Liga de la Regeneración Humana, con el fin de difundir los medios anticonceptivos y defender el “amor libre” así como el divorcio. En una revista que publicó con el nombre de Régénération, Ligue pour l’amélioration de la race humaine, Sélection scientifique, Education intégrale escribe a los médicos eugenistas lo siguiente: “buen nacimiento, buena educación y buena organización social, en este orden y solamente en este orden.

“La mejor garantía de la subsistencia y ecuación de la prole está más que en el matrimonio, en la independencia, especialmente de la madre, la cual tiene derecho a tener hijos sólo cuando lo desee, acudiendo incluso al aborto, si así lo estima conveniente” (Paul Robin, citado por: Eloy Montero, Neomaltusianismo, eugenesia y divorcio, 1932).

En 1902 se incorporarían al movimiento importantes personalidades como Sebastián Faure, Eugen Humbert, Jeanne Dubois y Luís Quintana Bulffi entre otros.

Paul Robin fue el promotor del primer Congreso Internacional Maltusiano que se celebró en París en 1900. El segundo se desarrolló en Lieja (1905); el tercero en La Haya (1910) y el cuarto en Dresde (1911), esta vez por invitación del Comité alemán de la Exposición Internacional de Higiene.

Los resultados de la propaganda neomalthusiana tuvieron sus efectos inmediatamente en Francia, en donde el aborto provocado, la ovariotomía, el onanismo, y otras prácticas neomalthusianas, cuya difusión asustaría si pudiera ser conocida, consiguieron reducir la natalidad a límites insospechados. Desde 1876 a 1911 se produce un drástico retroceso del crecimiento de la población francesa, con

incrementos anuales de apenas un 0,18% en 1911, frente al 0,56% que hubo en 1876.

El doctor Canu afirmó en 1896 que había practicado en París entre 30 a 40 mil extirpaciones de

ovarios (ovariotomía) y que existían en Francia más de 500.000 (citado por Fonsegrive, Mariage et union libre, Paris 1904, p. 220).

Las causas de la aceptación de los principios neomalthusianos por la sociedad francesa son variadas y complejos pero autores como Spencer, Zola, Ellis, Leray Beaulieo y otros están de acuerdo en que los principales son el egoísmo, el feminismo radical y la descristianización de occidente. El deseo de bienestar implica que los hijos sean considerados como un obstáculo. Como dice Arsenio Dumont “el menor átomo de la plebe procura subir hasta la cúspide social, para lo que los hijos constituyen un obstáculo”.

La emancipación laboral de la mujer la arroja en la lucha por la vida y el empleo, dificultando su deseo de maternidad ante las dificultades y cargas que supone. También el abandono de la religión y la moral católica, influye e manera importante en el descenso de la natalidad como probaron diferentes autores como probaron diferentes autores como Etienne Rey (Maximes morales et immorales, París 1914, 2ª ed.), Bertillon Ellis (El sexo en relación con la sociedad, Madrid 1912), Tallquist (Investigaciones estadísticas sobre la tendencia a una menor fecundidad en los matrimonios, Helsingfors, 1886) y Lacassagne (Les actes de L´Etat civil, Lyon-París). Según estos estudios los países más religiosos son los que han tenido y tienen más hijos y que el número de matrimonios religiosos está siempre en relación directa al aumento de la natalidad.

En España, la propaganda de P. Robin fue traducida por Mateo Morral, quien la repartió de manera gratuita entre las obreras de Barcelona. Morral fundó la llamada “Liga de la regeneración humana” y publicó una revista semanal titulada “Salud y Fuerza”, que convertida en empresa editorial, se dedicó a divulgar descarada e impunemente la infecundidad voluntaria y los métodos prácticos para obtenerla.

El poblacionismo pronatalista en Francia

Como reacción a los movimientos neomalthusianos, se funda en Francia la “Nueva Alianza contra el despoblamiento”, que más tarde se convertiría en la “Alianza nacional para el incremento de la población francesa”. Esta iniciativa correspondió a los médicos eugenistas J. Bertillon, Charles Richet y al político André Honnorat, y representa la primera asociación familiar de envergadura en occidente. Para ellos “hacía falta número para poder obtener la calidad” que la raza francesa estaba perdiendo. Por ello se marcaron como objetivo alertar a la opinión y los poderes públicos sobre los riesgos que la desnatalización podría provocar en la sociedad francesa. Entre sus propuestas se incluían desgravaciones fiscales y facilidades en el equipamiento doméstico para las familias numerosas. En 1913 la Alianza fue declarada de utilidad pública por el estado francés.

El final de la primera guerra mundial produjo el crecimiento y desarrollo de este movimiento, de tal manera que el primer ministro francés Clemenceau llegó a afirmar durante las sesiones preparatorias del tratado de Versalles lo siguiente: “El tratado no dice que Francia deba empeñarse en tener hijos, pero es la primera cosa que habría debido aparecer. Porque, si Francia vuelve la espalda a las familias numerosas, pueden incluirse todas las cláusulas posibles en el tratado, pueden requisarse todos los fusiles de Alemania, puede hacerse todo lo que se quiera, Francia estará perdida porque no habrá bastantes franceses” (Clemenceau, 1919).

Durante los siguientes años, la demografía francesa se situará entre las más avanzadas, alcanzando un peso político difícilmente superable en otros países. El higienista Marc declararía que “para defender la patria, es necesario ante todo poblarla.” En 1920, el ministro de asistencia y previsión social J. L. Breton, creó el Alto Consejo de la Natalidad (Conseil Supériur de la Natalité), con el claro objetivo de elevar la natalidad francesa, desarrollar la puericultura y proteger las familias numerosas. Ese mismo año se instituye la “Medalla de la familia francesa”. El Alto Consejo también creó una serie de medidas represivas, mediante multas y cárcel, para evitar la contracepción y castigar el aborto.

En 1939 el gobierno Daladier aprueba el Code de la Famille, un decreto-ley que mantiene la prohibición del aborto y la venta de anticonceptivos, a la vez que beneficiaba económicamente a las familias con muchos hijos.

La teosofía y los cultos neopaganos de la Nueva Era

En 1890 Annie Besant, que había sido una importante divulgadora del neomaltusianismo en Inglaterra, se adhirió a las teorías teosóficas de Madame Blavatsky, llegando a ser la presidenta de esta importante logia esotérica desde 1903 hasta 1933. La Teosofía de Blavatsky (conocida en la actualidad como movimiento de la New Age) fue una logia esotérica cuyo pensamiento fue expuesto en la obra La doctrina secreta (1888). En ella Blavatsky defendió la pureza de la raza aria así como el papel sagrado de la sexualidad femenina, que podía determinar la vida y la muerte de su descendencia mediante la anticoncepción y el aborto. Para Blavatsky era esencial la emancipación de la mujer del poder “masculino” del Dios del Judaísmo, el Cristianismo y el Islam.

Annie Besant escribió más de 400 libros y se dedicó a dar conferencias por todo el mundo. Su obsesión era acabar con el cristianismo, por lo que se dedicó a buscar por toda la India a un joven que encarnase al Anticristo, y creyó encontrarlo en un muchacho llamado J. Krishnamurti. En sus libros Lecturas populares de teosofía y El gobierno interno del Mundo (1920) explica las claves que permiten al mundo moderno occidental encarar sus problemas para alcanzar un desarrollo más armónico y equitativo. Para Besant estas claves se encontrarían en las razas germanas y eslavas como resultado de la evolución de la raza aria primigenia, y que aglutinarían en sí los mejores aspectos físicos, emotivos y mentales, así como un desarrollo espiritual superior a otras razas.

Hacia 1920, la Sociedad Teosófica se propone abolir las tres grandes religiones monoteístas: Cristianismo, Judaísmo e Islamismo, promoviendo la unidad de las otras religiones del mundo. En 1922 Alice Bailey, una de las principales inspiradores del movimiento de la New Age, funda la “Compañía de propaganda Lucifer”, dedicada a publicar libros de misticismo y enseñanzas esotéricas. Entre sus planes para la institución de un Nuevo Orden Mundial, propuso las guerras religiosas, la forzada redistribución de los recursos del mundo, y las iniciaciones en masa a la Nueva Teología.

En los años 70 la propaganda de la New Age se hizo visible a través de las obras de Marilyn Ferguson (La conspiración de Acuario), David Spangler (Revelación: el nacimiento de una nueva era), Mark Satin (New Age Politics), etc.

Para la New Age, la vida humana tiene tanto valor como la vida animal. Su fe en la reencarnación (karma), les lleva a creer que la muerte no representa más que el pasaje hacia un nuevo nacimiento bajo una forma humana (karma positivo) o animal (en caso de karma negativo). Por eso Alice Bailey pensaba que la Schoah fue el resultado del karma negativo de los judíos. Dentro de este sistema, el aborto no sería un crimen, sino la oportunidad de encontrar un karma mejor.

Otro tema crucial es la concepción que la New Age tiene de la familia y el matrimonio. Para Marilyn Ferguson la familia no es una verdadera institución sino una conexión más entre otras millones y millones de relaciones posibles. Frente a este amor institucional, Ferguson, con su característico lenguaje críptico, propone un “amor holístico” en el que “la relación amorosa transformativa es una brújula que nos orienta hacia las propias potencialidades”. Así la familia se convierte en un “sistema abierto,… flexible, capaz de adaptarse a las realidades de un mundo en transformación. Otorga a sus miembros libertad y autonomía y al mismo tiempo una sensación de unidad grupal”.

La New Age tiene actualmente la forma de una red de múltiples organizaciones descentralizadas que desarrollan las distintas prácticas de espiritualidades gnósticas, básicamente el hinduismo y el budismo (yoga, hipnosis, auto-hipnosis, rosacrucianismo, medicinas holísticas, drogas, OVNIs, el poder de los cristales, la brujería, etc.). En conjunto constituye una vasta y lucrativa empresa que profetiza la llegada de un “Nuevo Cristo” en la “Era de Acuario”.[1]


[1] José Alfredo Elía Marcos, Las lágrimas de Raquel. Historia, ideologías y estrategias de la guerra contra la población, 2011, Capítulo 3.