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Varios Autores

95 – Dado que el hombre de hoy parece incapaz de asumir los compromisos definitivos, que han de ser respetados por toda la vida, y que el matrimonio monogámico e indisoluble parece así impracticable por la mayoría de las personas, ¿no es entonces utópico que la Iglesia exija que los miembros de la familia practiquen las virtudes de la fidelidad y de la castidad?

Respuesta: Dios no exige del hombre alcanzar un fin impracticable, cumplir un compromiso por encima de sus fuerzas. Si las fuerzas naturales no son suficientes, la Providencia da entonces al hombre fuerzas sobrenaturales que lo vuelvan apto a cumplir su misión. Nuestro Señor Jesucristo no pide nada imposible a los cónyuges, a los padres, a los hijos, porque Él les concede la gracia suficiente.

“Además, la dignidad y responsabilidades de la familia cristiana en cuanto Iglesia doméstica solamente pueden ser vividas con la ayuda incesante de Dios, que será concedida sin falta a cuantos la pidan con humildad y confianza en la oración.”[1]

96 – ¿Cómo es posible vivir la virtud de la castidad?

Respuesta: “Todos los fieles de Cristo son llamados a una vida casta según su estado de vida particular.” [2] La Iglesia enseña que tanto la castidad absoluta fuera del matrimonio, cuanto la practicada dentro del matrimonio, son conformes a la naturaleza y, por tanto, teóricamente posibles. No obstante, en la práctica, por causa del Pecado Original, mantener durablemente la castidad sólo es posible con la ayuda de la Gracia, con la cual un compromiso pesado se vuelve leve: “Mi yugo es suave y mi fardo es liviano.”[3] Una vez sustituido el hábito de la lujuria por el de la castidad, eso se vuelve una virtud gratificante.

“La castidad implica un aprendizaje del dominio de sí, que es una pedagogía de la libertad humana. La alternativa es clara: o el hombre controla sus pasiones y obtiene la paz, o se deja dominar por ellas y se hace desgraciado.”[4]

  1. Aunque teóricamente la castidad parezca posible, ¿cómo puede serlo en la práctica, en nuestra época disoluta dominada por la pan-sexualidad?

Respuesta: Siempre fue difícil mantener la castidad; y lo es más aún en la sociedad moderna, donde los ambientes, la cultura y los medios de comunicación favorecen la lujuria. Hoy más que nunca, para mantener la castidad los fieles deben ir contra la corriente, para lo que es especialmente necesaria la ayuda de la gracia divina por medio de la oración, de la ascesis y de la penitencia. Pero entonces, repetimos, vivir castamente es más meritorio y gratificante que en el pasado.

“La dignidad humana requiere, por tanto, que el hombre actúe según su conciencia y libre elección, es decir, movido e inducido por convicción interna personal y no bajo la presión de un ciego impulso interior o de la mera coacción externa. El hombre logra esta dignidad cuando, liberado totalmente de la cautividad de las pasiones, tiende a su fin con la libre elección del bien y se procura medios adecuados para ello con eficacia y esfuerzo crecientes.”[5]

98 – ¿Es posible a dos esposos practicar la castidad conyugal?

Respuesta: La castidad conyugal no es una exigencia irrealizable, antes por el contrario, es condición para que un matrimonio y una familia saludables y fecundos, así como socialmente benéficos.

“Esta insistencia, inequívoca, en la indisolubilidad del vínculo matrimonial pudo causar perplejidad y aparecer como una exigencia irrealizable.[6] Sin embargo, Jesús no impuso a los esposos una carga imposible de llevar y demasiado pesada[7] […] Viniendo para restablecer el orden inicial de la creación perturbado por el pecado, da la fuerza y la gracia para vivir el matrimonio en la dimensión nueva del Reino de Dios.” [8]

99 – ¿No parece evidente que la causa de la familia está perdida y que ahora ya no hay qué hacer?

Respuesta: ¡Hay mucho, sin embargo, que hacer, y con urgencia! En vez de lamentar la situación actual y resignarse a lo peor, es hora de que los cristianos pongan manos a la obra para recuperar el terreno perdido y hacer uso de todos los medios necesarios, recordando que “Todo puedo en Aquel que me conforta.”[9]

“Amar a la familia significa saber estimar sus valores y posibilidades, promoviéndolos siempre. Amar a la familia significa individuar los peligros y males que la amenazan, para poder superarlos. Amar a la familia significa esforzarse por crear un ambiente que favorezca su desarrollo. Finalmente, una forma eminente de amor es dar a la familia cristiana de hoy, con frecuencia tentada por el desánimo y angustiada por las dificultades crecientes, razones de confianza en sí misma, en las propias riquezas de naturaleza y gracia, en la misión que Dios le ha confiado.”[10]

100 – Entonces, ¿qué hacer?

Respuesta: “Nos queremos en esta ocasión llamar la atención de los educadores y de todos aquellos que tienen incumbencia de responsabilidad, en orden al bien común de la convivencia humana, sobre la necesidad de crear un clima favorable a la educación de la castidad, es decir, al triunfo de la libertad sobre el libertinaje, mediante el respeto del orden moral. […] Nos decimos a los gobernantes, que son los primeros responsables del bien común y que tanto pueden hacer para salvaguardar las costumbres morales: no permitáis que se degrade la moralidad de vuestros pueblos; no aceptéis que se introduzcan legalmente en la célula fundamental, que es la familia, prácticas contrarias a la ley natural y divina.”[11]

Concluimos diciendo que la Sagrada Familia de Nazaret es el modelo por excelencia de la familia, porque realiza la comunión de amor, su carácter sagrado e inviolable. Para la salvación de la familia, los Papas han recomendado la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. En esta perspectiva, Dios socorrerá a las familias en dificultad con su Gracia omnipotente. La Santísima Virgen las asistirá con su maternal protección, y la Iglesia las ayudará con su palabra, su oración, sus sacramentos y su caridad activa.[12]

Mons. Aldo di Cillo Pagotto, SSS, Arzobispo de Paraíba (Brasil)
Mons. Robert F. Vasa, Obispo de Santa Rosa, California (Estados Unidos)
Mons. Athanasius Schneider, Obispo auxiliar de Astaná (Kazajistán)
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[1] Juan Pablo II, Familiaris consortio, n. 59.

[2] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2348.

[3] Mateo 11, 29-30.

[4] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2339.

[5] Gaudium et Spes, n. 17.

[6] cf. Mateo 19,10.

[7] cf Mateo 11,29-30.

[8] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1615.

[9] Filipenses 4, 13.

[10] Juan Pablo II, Familiaris Consortio, Conclusión.

[11] Pablo VI, Papa; Humanae Vitae, nn. 22-23.

[12] Mons. Aldo di Cillo Pagotto, SSS-Mons. Robert F. Vasa-Mons. Athanasius Schneider, Opción preferencial por la Familia. 100 preguntas y 100 respuestas a propósito del Sínodo. Prefacio del Cardenal Jorge A. Medina Estévez, Edizioni Supplica Filiale, Roma 2015, pp. 58-61.