salmo-7

Biblia de Jerusalén

Lamentación de David. La que cantó al Señor a propósito de Cus, el benjaminita.

Señor, Dios mío, en Ti me refugio:
sálvame de todos los que me persiguen;
líbrame, para que nadie pueda atraparme
como un león, que destroza sin remedio.
Señor, Dios mío, si cometí alguna bajeza,
o hay crímenes en mis manos;
si he pagado con traición a mi amigo
o he despojado sin razón a mi adversario:
que el enemigo me persiga y me alcance,
que aplaste mi vida contra el suelo
y deje tendidas mis entrañas en el polvo.
Levántate, Señor, lleno de indignación;
álzate contra el furor de mis adversarios.
Despierta para el juicio que has convocado:
que una asamblea de pueblos te rodee,
y presídelos Tú, desde lo alto.
El Señor es el Juez de las naciones:
júzgame, Señor, conforme a mi justicia
y de acuerdo con mi integridad.
¡Que se acabe la maldad de los impíos!
Tú que sondeas las mentes y los corazones,
Tú que eres un Dios justo, apoya al inocente.
Mi escudo es el Dios Altísimo,
que salva a los rectos de corazón.
Dios es un Juez justo
y puede irritarse en cualquier momento.
Si no se convierten, afilará la espada,
tenderá su arco y apuntará;
preparará sus armas mortíferas,
dispondrá sus flechas incendiarias.
El malvado concibe la maldad,
está grávido de malicia y da a luz la mentira.
Cavó una fosa y la ahondó,
pero él mismo cayó en la fosa que hizo:
su maldad se vuelve sobre su cabeza,
su violencia recae sobre su cráneo.
Daré gracias al Señor por su justicia
y cantaré al nombre del Señor Altísimo.