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Pablo Ginés

La Iglesia Católica en Escocia lleva desde 2001 estabilizada en un 14% de la población. No parece un dato muy bueno, hasta que se compara con la Church of Scotland, la iglesia presbiteriana nacional, de doctrinas cada vez más relativistas, que en 2001 contaba con un 47% de la población pero en 2014 registraba sólo un 27%. La desvinculación y el desinterés por lo religioso afecta más a las religiones “progres. ”

La jerarquía católica, no muy ejemplar

La Iglesia Católica en Escocia no ha tenido una prensa especialmente buena en lo que va del siglo XXI. Como otros países anglosajones, ha contado con su propia versión de casos de abusos en el clero (algunas veces sexuales, la mayor parte de las veces de violencia en instituciones educativas o correccionales). El cardenal de Edimburgo dimitió aproximadamente en las fechas del Cónclave que eligió al Papa Francisco por relaciones “impropias” con seminaristas varias décadas antes. Y el catolicismo escocés hace ya mucho que no cuenta con la inmigración irlandesa.

Con todo, la Iglesia Católica en Escocia, si bien no crece, tampoco decrece. La encuesta del Scottish Household Survey de 2014 (SHS 2014) detecta que un 14, 4% de escoceses adultos se declaran católicos. Esta misma encuesta realizada en 2001-2002 establecía que los católicos eran un 15%. Dicho de otra forma, en estos primeros 15 años de siglo XXI, pese a los escándalos, la mala prensa y las guerras culturales, la Iglesia Católica se mantiene más o menos igual.

La Iglesia ha plantado batalla al matrimonio homosexual (sin gran éxito pero con algunos testimonios interesantes, como la diputada católica socialista Elaine Smith) y al aborto (con el famoso caso de las parteras católicas objetoras de conciencia). Y tuvo que cerrar sus agencias de adopción para no entregar niños a parejas o grupos de homosexuales. Pero estos años duros no la han dañado especialmente. La visita de Benedicto XVI en 2010 también ayudó a reforzar la Iglesia.

El caso de la Church of Scotland

Quedarse igual que hace 15 años no parece un gran éxito. Pero lo es si se compara con la gran iglesia nacional de Escocia, la presbiteriana “Kirk” o “Church of Scotland”, que ha pasado de un 47% a un 27% de la población escocesa en apenas quince años.

Esta iglesia de origen calvinista, con presbíteros pero sin obispos, fue fundada en el siglo XVI por John Knox y el Parlamento Escocés: en 2010 se cumplían los 450 años desde que el Parlamento escocés negó toda autoridad espiritual al Papa y prohibió la misa católica en Escocia (el permiso para celebrar misas de nuevo no se concedió hasta 1793, 230 años después). La Church of Scotland fue hegemónica hasta anteayer, prácticamente.

En 2001-2002, en el SHS se declaraban miembros de la Church of Scotland un 47% de los adultos escoceses; en cambio, en el SHS con los datos de 2014 no llegan al 28% los que se declaran miembros de esta iglesia.

No es que los presbiterianos de la Church of Scotland se hayan hecho pentecostales, evangélicos, calvinistas de línea dura o episcopalianos… El porcentaje sumado de todos estos grupos cristianos era en 2014 el mismo que en 2001: aproximadamente un 8% de la población.

Lo que ha sucedido es que la doctrina de la Church of Scotland, cada vez más relativa, nebulosa e indefinida, no interesa a la gente. La religión “progre” no atrae. Mientras los católicos y los grupos protestantes más o menos conservadores se han mantenido, la Kirk, sin doctrina clara, se ha hundido en apenas 15 años.

La población, simplemente, pierde su afiliación religiosa; en 2001 se declaraban “sin afiliación” un 28% de escoceses adultos; en 2014 eran ya un 47%. Esto no quiere decir que sean ateos: la mayoría creen en Dios o un poder superior… pero sin sentirse afiliados a ninguna comunidad de fe.

Pastor casado, divorciado, después gay…

Un ejemplo del caos doctrinal moderno en la Church of Scotland lo encontramos en 2009, en la Asamblea General Presbiteriana, su máximo órgano, que decidió (por 326 votos contra 267) que era perfectamente ejemplar tener como párroco a Scott Rennie, un homosexual activo y declarado, que estuvo casado cinco años con una mujer, tuvo una hija con ella, se divorció y anunció su relación sexual con un hombre.

Aunque según el sondeo SHS 2014 los que se sienten miembros de la Church of Scotland son un millón y medio de adultos, la misma iglesia en su web oficial declara tener sólo 400.000 miembros (los que se dejan ver alguna vez en sus parroquias, aunque sea en Navidad) y 800 ministros de culto.

La Iglesia católica, en cambio, con datos de 2008 declaraba 750 sacerdotes para atender una población de 670.000 católicos. Es posible que si se midiera la cantidad de católicos que va a la iglesia varias veces al mes y se comparara con la de presbiterianos los católicos “practicantes” superaran a la Iglesia antiguamente hegemónica.

Cuando sólo había 10 curas… y clandestinos

Para la Iglesia católica, mantenerse en un 14% no está tan mal… sobre todo si pensamos que en 1750 apenas había en Escocia 10 curas (todos clandestinos y perseguidos) y 16.500 católicos. Una normativa decía: “Si se encuentran papistas reunidos en una casa privada, y si en esa casa se encuentran vestiduras, manteles de altar, cuadros o artículos del culto papista, las personas detenidas deberán ser consideradas como celebrante o asistentes de la misa, e incurrirán en esa pena”.

Peor aún: a finales del siglo XVIII los ingleses deportaron o mataron a poblaciones enteras y quedaron menos de 5.000 católicos en toda Escocia, la mayoría en las islas occidentales de Uist y Barra.

Sólo en 1793, ya casi sin católicos en Escocia, se permitió oficialmente la libertad de culto a los católicos que hiciesen un juramento de lealtad a la corona británica. Después, con la Revolución Industrial, empezarían a llegar inmigrantes irlandeses, como los que fundaron el club de fútbol Hibernian en Edimburgo o el Celtics de Glasgow.[1]


[1] Publicado originalmente por A&A – Análisis y Actualidad, Año IX, número 20 (345), del 8 al 21 de septiembre de 2015. Reproducido con permiso