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Catecismo de la Iglesia Católica

A los moribundos se han de prestar todas las atenciones necesarias para ayudarles a vivir sus últimos momentos en la dignidad y la paz. Deben ser ayudados por la oración de sus parientes, los cuales cuidarán que los enfermos reciban a tiempo los sacramentos que preparan para el encuentro con el Dios vivo. (n. 2299)

Los cuerpos de los difuntos deben ser tratados con respeto y caridad en la fe y la esperanza de la resurrección. Enterrar a los muertos es una obra de misericordia corporal (cf Tobías 1, 16-18), que honra a los hijos de Dios, templos del Espíritu Santo. (n. 2300)

La autopsia de los cadáveres es moralmente admisible cuando hay razones de orden legal o de investigación científica. El don gratuito de órganos después de la muerte es legítimo y puede ser meritorio. (n. 2301)

La Iglesia permite la incineración cuando con ella no se cuestiona la fe en la resurrección del cuerpo (cf Catecismo de la Iglesia Católica can. n. 1176, 3).[1]


[1] El Código de Derecho Canónico, can. 1176, §3 dice: “La Iglesia aconseja vivamente que se conserve la piadosa costumbre de sepultar el cadáver de los difuntos; sin embargo, no prohíbe la cremación, a no ser que haya sido elegida por razones contrarias a la doctrina cristiana.” NOTA DE FE Y RAZON.