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Daniel Iglesias Grèzes

Un amigo ha tenido la bondad de prestarme este excelente libro: John Henry Newman, Cuatro sermones sobre el Anticristo   – La idea patrística del Anticristo.[1] En el Adviento de 1835, durante cuatro domingos consecutivos, John Henry Newman predicó en Oxford cuatro sermones que tratan respectivamente sobre El Tiempo del Anticristo, la Religión del Anticristo, la Ciudad del Anticristo y la Persecución del Anticristo. En estos sermones Newman interpreta los pasajes bíblicos relacionados con el Anticristo bajo la guía de los Padres de la Iglesia.

A continuación haré una síntesis del primero de estos cuatro sermones[2] de ese formidable predicador que fue el Beato Cardenal Newman. Aunque entonces Newman era todavía anglicano—su conversión al catolicismo ocurrió en 1845—este primer sermón es ya católico.

Después de una introducción en la que valora el gran peso de los Padres de la Iglesia como testigos de la Tradición de la Iglesia en materias doctrinales o disciplinares, Newman analiza un amplio conjunto de textos bíblicos relacionados con el tema del Tiempo del Anticristo.[3]

El propio Newman resume así los resultados de su exégesis: “la venida de Cristo será inmediatamente precedida por un desencadenamiento del mal terrible y sin precedentes, llamado por San Pablo una Apostasía, una deserción, en medio de la cual aparecerá un cierto y terrible Hombre de pecado e Hijo de perdición, el especial y singular enemigo de Cristo, o Anticristo. En este tiempo las revoluciones prevalecerán, y la presente estructura de la sociedad será desarticulada. Al presente, el espíritu que él encarnará y representará es contenido por ‘los poderes existentes,’ pero ante la disolución de éstos, él surgirá de su seno, los reconstruirá a su vil manera, bajo su propia ley, con el propósito de excluir a la Iglesia.”[4]

Después de presentar varios “tipos” (entiéndase como prefiguraciones) del Anticristo que han aparecido a lo largo de la historia, desde Antíoco Epífanes hasta Napoleón Bonaparte, Newman se plantea los siguientes interrogantes: “¿No hay acaso motivos para temer que dicha apostasía se esté preparando gradualmente, reuniendo, madurando en nuestros mismos días? ¿Acaso no existe en este mismo momento un especial empeño en casi todo el mundo en prescindir de la religión, más o menos evidente en este o aquel lugar, pero más visible y formidablemente en aquellas regiones más civilizadas y poderosas? ¿No existe acaso un consenso creciente de que una nación no tiene nada que ver con la religión, de que [ésta] se trata de algo concerniente sólo a la conciencia individual? […] ¿No existe un empeño febril y permanente por deshacerse de la necesidad de la Religión en los asuntos públicos? […] ¿No existe el intento de educar sin religión […]? ¿No existe la tentativa de reforzar la templanza, y todas las virtudes que brotan de ella, sin religión, por medio de sociedades basadas en meros principios de utilidad; de hacer de la conveniencia, y no de la verdad, el fin y la norma de las decisiones de Estado y de la constitución de las leyes; de hacer de los números, y no de la Verdad, el criterio para sostener o no este o aquel artículo de fe […]?”[5]

Newman concluye el sermón dando una respuesta general a esos interrogantes y haciendo una fuerte exhortación: “Sin duda, existe actualmente una confederación del mal, que recluta sus tropas de todas partes del mundo, organizándose a sí misma, tomando sus medidas para encerrar a la Iglesia de Cristo como en una red, y preparando el camino para una Apostasía general. […]

¡Dios nos guarde de contarnos entre aquellos ingenuos que caen en la trampa que se está tendiendo a nuestro alrededor! ¡Dios nos libre de ser seducidos por las bellas promesas en las cuales Satán ha ocultado seguramente su ponzoña! […]

¿Consentiremos nosotros los cristianos en tener parte en este asunto? ¿Ayudaremos, aun con nuestro dedo meñique, al Misterio de Iniquidad que lucha por nacer, y que convulsiona al mundo con sus dolores? ‘¡Alma mía, no entres en su consejo; no te unas a su asamblea, honra mía.’[6]

‘¿Qué relación hay entre la justicia y la iniquidad? ¿Qué unión entre la luz y las tinieblas? […] Por tanto, salid de entre ellos y apartaos,’[7] de otro modo seréis cooperadores de los enemigos de Dios, y estaréis abriendo el camino para el Hombre de Pecado, el hijo de perdición.”[8]


[1] Cuatro sermones sobre el Anticristo   – La idea patrística del Anticristo, Ediciones del Pórtico, Buenos Aires 2006 (2ª edición); traducido por el P. Carlos A. Baliña.

[2] pp. 21-41.

[3] Considerando sobre todo: Daniel 7; 1 Macabeos 1; Mateo 24; 2 Tesalonicenses 2; 1 Juan; Apocalipsis 13.

[4] pp. 36-37.

[5] pp. 39-40.

[6] Génesis 49,6.

[7] 2Corintios 6,14.17.

[8] pp. 41-42.