poblacion

José Alfredo Elía Marcos

José Alfredo Elía Marcos

El presidente norteamericano Eisenhower, a principios de la década de los años 50, tiempo en que comienza el debate sobre la contracepción, ordena al Gobierno de los EE.UU. mantenerse al margen en la cuestión. Pero en la década siguiente, a instancias del presidente Kennedy, comienza el apoyo oficial e institucional del gobierno norteamericano a las políticas de control natal. En 1965, diecisiete de los cincuenta Estados norteamericanos aprobaron leyes para que “las jóvenes parejas pudieran practicar la contracepción”. Luego, el Presidente Johnson declaró en su mensaje sobre la salud y educación de 1966: “Es esencial que todas las familias tengan acceso a la información y los servicios que permiten que se pueda elegir libremente el número y espaciamiento de los hijos, dentro de los dictados de la conciencia individual”.

Tras el fracaso del programa de ayuda económica a Latinoamérica, la Alianza para el Progreso, promovido por el presidente Kennedy, su sucesor, Johnson, en el tristemente célebre discurso en las Naciones Unidas dijo que “actuaría sobre el hecho de que cinco dólares invertidos en control natal equivalen a cien dólares invertidos en crecimiento económico”, lo cual implicó que a partir de ese momento la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID), organismo oficial de ayuda norteamericana, volcará un volumen importante de sus recursos a los programas antinatalistas. La guerra contra la población había sido declarada por los Estados Unidos, y en el propio seno de las Naciones Unidas…

“Existen 3 mil millones de personas en el mundo y solamente 200 millones son nuestras. Tenemos una desventaja de 15 a 1. Si la fuerza tuviera razón, inundarían los Estados Unidos y se llevarían lo que tenemos. Nosotros tenemos lo que quieren. Es decir, el enemigo es el mundo entero y si no lo hacemos bien, se abalanzarán sobre nosotros para quitarnos lo que es nuestro” (Johnson, Presidente de los Estados Unidos, Discurso en Alaska, Noviembre 1966).

Apenas un año después, en 1967, se crea el Fondo de las Naciones Unidas para Actividades en Materia de Población (FNUAP), del que se nombra director en 1969 a Rafael M. Salas, quien le da un fuerte impulso, y en junio de 1973 ya disponía de un capital de más de cien millones de dólares. A partir de finales de la década de los sesenta, el Banco Mundial (que en 1970 otorga su primer préstamo para control demográfico), dirigido entre 1968 y 1981 por Robert McNamara, sumado a diversas agencias de las Naciones Unidas, existentes o creadas al efecto (especialmente el FNUAP, PNUD, UNICEF, OMS y la FAO), se lanzan a las campañas mundiales de control natal. Así, por ejemplo, en el discurso inaugural como nuevo presidente del Banco Mundial, Robert McNamara se dirigió a la Junta de Gobernadores del mismo, el 30 de septiembre de 1968 en la ciudad de Washington, en estos términos:

“El rápido crecimiento demográfico es una de las mayores barreras que obstaculizan el crecimiento económico y el bienestar social de nuestros Estados miembros”.

La Unión Soviética y la teoría del “vaso de agua”

En los años 20 el Soviet de Diputados puso de moda la “teoría del vaso de agua” que predicaba la libertad sexual al punto de que para cada persona practicar sexo fuese tan simple y fácil como “beber un vaso de agua”. En la práctica, esto se convirtió en un atentado contra el matrimonio y la familia. El divorcio se podía obtener por cualquier razón y en cualquier momento. El aborto se declaró legal en 1926. Las relaciones prematrimoniales eran favorecidas y las relaciones sexuales fuera del matrimonio se tenían como normales. Según esta teoría (y práctica que se imponía) una joven militante del komsomol no podía negar a su camarada el complacer sus necesidades sexuales so pena de ser expulsada de la organización, por aferrarse a “las supersticiones burguesas”…

Alejandra Kollontai, colaboradora de Lenin y una de las pocas antiguas bolcheviques que sobrevivieron a Stalin, reconocía en un artículo titulado Eros con alas que el sexo libre pretendía hacer desaparecer la familia soviética, ya que las mujeres se integrarían en las tareas de producción junto con los hombres, y los niños se cuidarían en las creches, unas guarderías infantiles que el Estado iba a instalar por todas partes. De esta manera la familia ya no sería una institución necesaria o justificable. Para Kollontai las relaciones eróticas son inestables, si no fugaces, por lo que era necesario una “configuración en triángulo, una pareja abierta o con alguna línea de fuga”. Otra obra importante de esta autora fue La nueva moral y la clase obrera (1919) donde cuestionaba los fundamentos de la “familia burguesa” y sobre todo el matrimonio. Kollontai anunciaba la supresión del matrimonio civil y el desarrollo de una convivencia libre y flexible. El comisario del pueblo de Justicia Stucha, reducía el matrimonio a “una formalidad que acompaña unas relaciones reales de personas vivas”.

Según nos relata el profesor Sorokin de la Universidad de Harvard, a los pocos años, cantidad de niños sin padres y sin hogar eran una amenaza real para el país. Millones de vidas, especialmente de muchachas, eran destruidas. El divorcio y el aborto llegaron a su máximo apogeo. Los odios y conflictos producidos por esta desintegración familiar se incrementaron rápidamente, y lo mismo ocurrió con las psiconeurosis. El trabajo en las fábricas nacionalizadas se descuidó. Los resultados eran tan alarmantes que el gobierno se vio obligado a invertir su política. La propaganda del “vaso de agua” fue declarada contraria a la Revolución y en su lugar se erigió la glorificación oficial de la castidad y la santidad del matrimonio. En otras palabras, los rusos descubrieron la triste realidad de que el sexo, considerado como un apetito más, no sólo arruinaba al individuo, sino que arruinaba rápidamente al mismo Estado y la sociedad.

Clara Zetkin, una de las fundadoras del partido comunista alemán, y firme defensora de los derechos de la mujer, en su obra Recuerdos sobre Lenin criticó duramente la política del “vaso de agua”.

“Usted (refiriéndose a Lenin), por supuesto, conoce aquella popular teoría de que en una sociedad comunista satisfacer las necesidad sexuales sería tan simple como beber un vaso de agua… sin embargo esta teoría se ha transformado en un estigma para muchas jovencitas y mujeres más adultas. Sus ideólogos confirman que es profundamente marxista, gracias entonces por ese “marxismo” cuyas manifestaciones y transformaciones en la superestructura ideológica de la sociedad surgen directamente sólo de una base económica… porque considero esa teoría absolutamente no marxista y además antisocial porque en la vida sexual no sólo se manifiesta nuestra naturaleza sino también el aporte de nuestra vida social, que puede ser tanto elevado como degradante.”

 

“Engels en su obra Orígenes de la familia mencionó que es importante que la vida sexual se desarrolle pero que además se refine. Las relaciones entre los sexos no son simplemente expresiones de un juego entre necesidades físicas y económicas… la sed también exige ser satisfecha pero no por eso una persona en condiciones normales se lanzará en la calle al barro a beber agua de un charco o a beber de un vaso en el que ya han bebido decenas de personas. Pero beber es un acto individual y el amor algo de a dos que permite hacer aparecer a un tercero… Como comunista no siento ni la más mínima simpatía hacia la teoría del Vaso de agua aunque se la disfrace de una teoría del amor libre.” (Clara Zetkin, “Entrevista de Clara Zetkin a Vladimir Lenin”, 1925.)[1]

Los resultados de estas políticas no se hicieron esperar. Entre 1926 y 1934 el índice de natalidad de la Unión Soviética descendió bruscamente de 5,6 a 2,9. El empeño soviético por destruir la familia “tradicional” llevó a la multiplicación de dramas sociales (abandono de hijos, divorcios, abortos, suicidios, intoxicación alcohólica, etc.); los resultados se oponían claramente al objetivo del gobierno. El matrimonio podía romperse unilateralmente mediante la declaración de uno de los cónyuges. Esto condujo a muchas mujeres a situaciones verdaderamente dramáticas al ser abandonadas con sus hijos gracias a una simple solicitud del marido (W. Goldman, 1993). Stalin fue consciente de todo ello, de modo que, en 1936, ordenó un brusco cambio legislativo: prohibición del aborto (la URSS había sido el primer país del mundo en legalizar el aborto, en 1920), restricción del divorcio (también había sido liberalizado por las mismas fechas). Por todo ello la fecundidad volvió a subir considerablemente hasta los 4 hijos por mujer. El sueño de Stalin era alcanzar los 170 millones de soviéticos.

Este plan se revertió hacia 1956. En el plan quinquenal de reformas médicas, la Unión Soviética previó la producción de anticonceptivos y la enseñanza de métodos contraceptivos, en la perspectiva de una “promoción femenina.”

En la actualidad los antiguos países del bloque soviético abastecen del mayor número de mujeres “esclavas del sexo” en los prostíbulos y burdeles de Europa Occidental. Se extima que el negocio de la prostitución tiene un volumen superior a los 32.000 millones de dólares anuales, un triste negocio en el que son explotadas sexualmente más de 2,5 millones de mujeres (la gran mayoría menores de 18 años) obligadas a trabajar en condiciones de auténtica esclavitud.

Las políticas de población en China. 1949-1953: purga y repoblamiento

En 1949 se produce la Revolución China, en la que, tras una guerra civil, el partido comunista toma el poder bajo el mando de Mao Tse Tung. Las políticas del régimen maoísta pasan por ciclos poblacionistas y antinatalistas, según el interés del momento. Después de la guerra, donde murieron más de 70 millones de personas y tras la represión posterior en la que se exterminó toda disidencia (movimiento de las cien flores) se inicia un periodo poblacionista de incentivos a la natalidad y un fuerte control de la educación de los niños bajo los dictados de la doctrina marxista-leninista-maoísta.

“Se debe considerar positivo que China tenga una población numerosa. Incluso si la población de China debiese multiplicarse varias veces, podría encontrar soluciones a los problemas creados por su incremento; la solución reside en la producción… Revolución más producción pueden resolver el problema de alimentar a la población.” (Mao Tse Tung, citado por: Massimo Livi Bacci, Historia mínima de la población mundial (1990), Barcelona, Ed. Ariel, 2009, p. 174.

1953-1972: la Revolución Cultural

Con una población de 583 millones, en 1953 se implanta en China la llamada Revolución Cultural. Uno de los ejes principales de la planificación comunista de Mao es la adopción de las ideas maltusianas de control de la población. El Ministerio de Salud Pública desarrolla una intensa campaña de control de la natalidad rodeada de un gran esfuerzo propagandístico, aunque sin efectos visibles en la fecundidad.

Pero la llamada Revolución Cultural, con su Gran Salto Adelante, sume al país en el caos. Entre 1958 y 1961 el fracaso y hundimiento de la producción agrícola se traduce en unos 20 millones de muertos de hambre y la planificación familiar se vuelve un tema secundario.

Desde 1961 hasta 1972 se inicia otro periodo poblacionista en el que la población aumenta de 680 millones a 900 millones de personas. Este incremento se ve potenciado por el hecho de que la revolución maoísta fue esencialmente agraria, y no industrial como en Rusia.

1972-2011: la política del hijo único

En 1972 se moviliza una gran campaña nacional antinatalista dirigida por un grupo del Consejo de Estado. Se crean comités supervisores a todos los niveles administrativos y en varias empresas colectivas. En las áreas urbanas se añaden secciones de control de la población en las comisarías. En las áreas rurales se encomienda a consejeros médicos distribuir información y anticonceptivos a la población. A mediados de los setenta, además de fijarse objetivos por unidades administrativas, también se marcan límites para las familias. El máximo aconsejable son dos hijos en las ciudades, y tres o cuatro en las zonas rurales.

Finalmente en 1979 se fija como objetivo el hijo único en todo el país. El objetivo general es conseguir estabilizar la población hacia el año 2000, alcanzados los 1.200 millones de habitantes. Según las proyecciones, de no tomarse medidas drásticas, la simple inercia demográfica puede conducir a crecimientos muchos mayores, que pondrían en peligro los programas de modernización de la época. Para lograrlo se combina propaganda, presión social y sanciones.

Las parejas con un solo hijo, si se comprometen a no tener más, reciben un certificado que les proporciona beneficios como una baja de maternidad más prolongada, mejores servicios pediátricos, preferencia en la asignación de vivienda e incluso ayudas en metálico. Pero en las áreas rurales la fecundidad es mayor, y el control se vuelve omnipresente mediante brigadas de personal sanitario femenino que presionan para que los solteros retrasen el matrimonio (de hecho en 1980 se prohíbe el matrimonio antes de los 22 años en varones y los 20 años en mujeres respectivamente). Los recién casados han de esperar antes de tener su primer hijo, y los que ya lo tienen se ven sometidos a exámenes y supervisión de sus prácticas anticonceptivas, con fuertes presiones hacia el aborto y la esterilización si se sobrepasa el hijo único (ha trascendido información sobre presiones conducentes incluso al infanticidio).

En 1985 el presidente de los EE.UU. Ronald Reagan retiró la financiación a los programas de planificación familiar con que ayudaba a China. En 1989 el bloque comunista se descompone.

La estrategia de la adopción

En 1995 se emitió en España el documental Las habitaciones de la muerte (producido por la televisión británica Channel 4 y emitido en España por el programa Documentos TV). El éxito de audiencia condujo a repetir varias veces su emisión, y en cada ocasión las centrales telefónicas de las cadenas emisoras se vieron colapsadas por las llamadas de personas interesadas en adoptar una niña china. Diversos gobiernos autonómicos tuvieron que habilitar oficinas especiales para informar sobre solicitudes de adopción en China. En España se considera que 1995 y 1996 son los años en que “despegó” la adopción internacional. En la actualidad el 40% de las adopciones que se realizan en el mundo provienen de China y Rusia.

La población en China ha subido de 900 a 1.300 millones siendo el país más habitado del planeta. Se calcula que las políticas demográficas chinas de expansión e implosión han supuesto la muerte de más de 200 millones de niños, en un auténtico genocidio sin precedentes

La planificación poblacionista de Rumania

Tras varias décadas de políticas neomalthusianas en Rumania el dictador Nicolai Ceaucescu decidió en los años 1970 que el país había errado en las políticas que afectaban a la evolución demográfica. Como en tantos otros países comunistas, en la época del baby boom se había favorecido el control de la fecundidad, legalizando el aborto (que se practicaba de forma gratuita y en clínicas estatales), facilitado la producción e importación de nuevos anticonceptivos, agilizado el divorcio y perseguido la igualdad laboral y familiar entre sexos.

Pero el posterior descenso de la fecundidad fue interpretado como una catástrofe nacional, y en 1966 se inició una campaña natalista intensa y coercitiva, con medidas radicalmente opuestas a las anteriores. Algunas de las más llamativas fueron las siguientes:

  • Prohibición de los anticonceptivos, que no podían fabricarse, ni importarse desde otros países.
  • Prohibición del aborto para todas las mujeres con menos de cuatro hijos o menos de 45 años.
  • Obligación de exámenes ginecológicos mensuales que detectasen cualquier intento de impedir el embarazo (se llegó al extremo de implantarlos en las propias empresas donde hubiese trabajadoras).

El propósito del dictador era simple: fortalecer la economía rumana incrementando su población. En un año, sus políticas tuvieron éxito, y la tasa de natalidad se incrementó sustancialmente.

El efecto súbito de esta política fue una transición de una tasa de natalidad de un 14,3‰ en 1966 a un 27,4‰ en 1967. Entre los años 1972 y 1985, más decretos cambiaron la edad mínima para el aborto legal. Los niños nacidos durante este período, especialmente entre 1966 y 1972, son apodados los decretei, y tuvieron que soportar servicios públicos abarrotados porque el Estado no estuvo listo para el aumento súbito.

Esta política fue revertida en 1989, después de la Revolución Rumana en la que cayó la dictadura comunista. Desde ese tiempo, el aborto ha sido legal en Rumania.[2]


[1] Pradva Internacional; Agosto de 2013; Entrevista de Clara Zetkin Vladimir.

[2] José Alfredo Elía Marcos, Las lágrimas de Raquel. Historia, ideologías y estrategias de la guerra contra la población, Capítulo 6; nueva versión, realizada en 2015 por el autor para la Revista Fe y Razón.