la-biblia-y-la-arqueologia

Daniel Iglesias

Estoy leyendo en Internet un libro muy interesante de Kenneth Kitchen, renombrado egiptólogo inglés, estudioso del Antiguo Testamento, nacido en 1932. Me refiero a: Kenneth A. Kitchen, The Bible in its World: The Bible and Archaeology Today, The Paternoster Press, Exeter, 1977.

Hasta ahora he leído los primeros dos capítulos. El Capítulo 1 (La Arqueología – una llave al pasado) es una breve introducción a la arqueología bíblica. En este post me limitaré a citar algunas partes del Capítulo 2 (El mundo más antiguo) que están relacionadas con los primeros once capítulos del Génesis. La traducción del inglés es mía.

La creación (Génesis 1-2)

“Por lo tanto, no es sorprendente que los estudios asiriológicos ya hayan rechazado ampliamente la vieja idea de que Génesis 1-2 tenía cualquier relación estrecha en absoluto con [la epopeya babilonia] Enuma Elish. Tal es esencialmente el veredicto de Heidel, Kinnier-Wilson, Lambert y Millard, por ejemplo10. Los autores sobre el Antiguo Testamento que sugieren lo contrario están desactualizados.” (p. 27).

Nota 10: “Heidel, Babylonian Genesis, pp. 82-140; J. V. Kinnier-Wilson, in D. W. Thomas (ed.), Documents of Old Testament Times, 1958, p. 14 (‘sin conexiones de ningún tipo’); Lambert, Journ. Theol. Studies 16 (1965), pp. 287-300, esp. pp. 289, 291, 293-299; A. R. Millard, Tyndale Bulletin 18 (1967), pp. 3-4, 7, 16-18.”

El diluvio (Génesis 6-8)

“La duración del diluvio difiere en las narraciones mesopotámicas y bíblica. (…) En contraste, el Génesis tiene una escala temporal consistente22 y más detallada.” (p. 29).

Nota 22: “A menudo se ha pretendido que hay contradicciones [en Génesis 6-8], atribuyéndose los diferentes números de la narración a diferentes ‘documentos’; las contradicciones (como los ‘documentos’) son puramente imaginarias y han sido repetidamente expuestas como tales; cf. (e.g.) Heidel, The Gilgamesh Epic and Old Testament Parallels, pp. 245-248.”

Nota 23: “A veces se imagina que la ‘diferencia’ entre Gen 6,19-20 y 7,2-3 indica fuentes múltiples. En 6,19-20 ‘pares’ es general (y no se puede tener un plural de un dúo hebreo), mientras que la orden de 7,2-3 es más específica –sólo pares de las especies impuras y siete pares de las especies puras–. Cf. Kitchen, Ancient Orient & OT, 1966, p. 120 y referencias; W. J. Martin, en: J. H. Skilton et al. (eds.), The Law and the Prophets, 1974, pp. 92 s.

“Así, es justo decir que los mesopotámicos –sumerios, babilonios y semitas occidentales– tenían en común una tradición del diluvio, que existió y fue transmitida en varias versiones. Hablar de un préstamo de los hebreos desde los babilonios (o sumerios) o viceversa parece excluido. Las tradiciones paralelas acerca de algún evento antiguo en la memoria mesopotámica común serían una respuesta más simple y más satisfactoria. La narración del Génesis no es de ningún modo (*) más ‘evolucionada’ que las de sus vecinos, y a menudo se lee más simplemente. (…) En otras palabras, Génesis 6-8 fue probablemente la más simple y breve de todas las versiones antiguas, originándose posiblemente tan temprano como ellas, y ciertamente no fue una elaboración secundaria de ellas. En segundo lugar, los sumerios y babilonios de c. 2000/1800 A.C. creían tan firmemente en el acontecimiento histórico anterior de un tal diluvio –en una tierra plagada por inundaciones hasta los tiempos modernos– que ellos la insertaron en la Lista de los Reyes Sumerios, y no meramente en sus cuentos épicos. En la forma segunda y final de esa lista, el diluvio era un punto de referencia entre los reyes anteriores y posteriores al mismo. Así, como ya se señaló antes, no es sorprendente encontrar autoridades en la arqueología y la historia de Mesopotamia tales como Mallowan y Hallo que intentan seriamente datar el diluvio de la tradición. La pura ficción parece difícilmente probable como solución. En tercer lugar, una nota agnóstica. Por supuesto, es imposible dogmatizar sobre la extensión del diluvio de la tradición mesopotámica o bíblica. En el último caso, el uso de la palabra ‘eres cubre un campo tan amplio desde ‘tierra’ (lugar limitado) a ‘Tierra’ (el mundo conocido) que es imprudente optar por cualquier solución extrema. De nuevo, es una gran pérdida de tiempo buscar los restos del arca sobre el moderno Monte Ararat, porque el texto bíblico no los ubica allí –dice claramente ‘las montañas (en plural) de Ararat’ en Génesis 8,4, nombre que cubre toda una vasta región. La realidad última detrás de la narración no depende de búsquedas inútiles de ese tipo.” (p. 30).

La protohistoria primitiva

“[Enmebaragisi] fue claramente un gobernante histórico, y sin embargo la Lista de los Reyes Sumerios le acredita un reinado de 900 años –¡un rival cercano de Matusalén!– De esta situación emerge un hecho con absoluta claridad. Los números increíblemente altos de años (ya sea de reinado o de vida) asociados a un nombre en documentos posteriores no prueban que la persona en cuestión no fuera histórica. Cualesquiera sean los orígenes de tales números (lo que necesita estudio), este punto sobre la historicidad ha estado claro para los sumerólogos y los asiriólogos durante décadas. Así, también en el Génesis, los números altos siguen sin explicación en el presente, pero del mismo modo no constituyen en sí mismos una razón adecuada para rechazar la posible historicidad de los ancestros remotos de Abraham. Matusalén y sus parientes pueden haber sido alguna vez tan reales como Enmebaragisi y Gilgamesh. Por ejemplo Eber (Génesis 11,15-17) ha sido comparado con Ebrum, rey de Ebla (c. 2300 A.C.); el nombre es muy probablemente idéntico (salvo por una terminación arcaica), pero los individuos casi ciertamente no lo fueron. Aunque así son posibles comparaciones fructíferas entre el Génesis temprano y documentos tales como la Lista de los Reyes Sumerios, sin embargo ambos siguen siendo documentos enteramente independientes con numerosas diferencias básicas que impiden cualquier relación directa más allá de una noción básica común de la protohistoria.” (pp. 33-34).

Fecha de las tradiciones primitivas

“Un hecho sobre la datación se destaca de un modo especialmente claro. Casi todas nuestras principales fuentes y ejemplos provienen del segundo milenio antes de Cristo (c. 2000-1600 A.C.). Esto es verdad para la Lista de los Reyes Sumerios, la historia sumeria del diluvio, la epopeya de Atrakhasis y la mayor parte de Gilgamesh. Fue un período especialmente fructífero para la literatura en Mesopotamia. La literatura sumeria anterior estaba siendo registrada en su forma escrita final, la literatura semítica babilonia estaba en el cenit de su brillantez creativa, y los semitas occidentales retuvieron orgullosamente el registro de sus tradiciones familiares… Positivamente, no se puede concebir una época más adecuada para la composición original en forma literaria de la mayoría de las tradiciones ahora encontradas en Génesis 1-11. Negativamente, vale la pena notar las condiciones cambiadas, los intereses diferentes e incluso la inadecuación de los períodos posteriores de la historia antigua. Así, las historias de la creación en Mesopotamia desde c. 1100 A.C. en adelante divergen de lo que encontramos en el Génesis. Y los temas agrupados de la creación, el diluvio y la historia primitiva cesaron de inspirar a los nuevos escritores y las nuevas obras. Solamente, en el siglo VII A.C., la ‘Crónica Dinástica’ retuvo la forma de la Lista de los Reyes Sumerios, agregándole alguna narración del diluvio, y continuando la larga lista de las dinastías babilónicas hasta más cerca de su propio tiempo. Durante el primer milenio A.C., otras listas de reyes en Asiria y Babilonia normalmente nunca se molestaron en remontarse hasta el diluvio o la creación. Generalmente, los escribas del primer milenio se contentaron con volver a copiar y conservar las obras anteriores creadas en el segundo milenio A.C. Acerca de la posible relación de los comienzos del Génesis con la tradición mesopotámica, un destacado estudioso cuneiforme hace mucho señaló que: “El exilio [babilónico] y la parte posterior de la monarquía [hebrea] están fuera de la cuestión… Que los asuntos de los que se habla fueran incluidos en el Génesis es una prueba de que ellos estaban establecidos entre los hebreos desde mucho antes”. En resumen, la idea de que los hebreos en cautividad en la Babilonia de Nebuchadrezzar [Nabucodonosor] (siglo VI A.C.) ‘tomaron prestado’ por primera vez el contenido de los comienzos del Génesis en esa fecha tardía es totalmente fallida. En el momento del exilio babilónico y después, las formas de escribir la historia habían cambiado. En un verdadero libro post-exílico como Crónicas, toda la antigüedad primitiva hasta el nieto de Abraham Jacob/Israel está cubierta en sólo un capítulo inicial (1 Crónicas 1,1-52), casi enteramente de genealogías, en el que ni la creación ni el diluvio son siquiera mencionados, mucho menos cualquier otro detalle ‘primitivo’. El foco de interés de su autor (c. 400 A.C.) estaba en períodos muy posteriores de la historia bíblica. Así, sea cual sea el momento en que alcanzó su forma actual dentro del libro completo del Génesis, la unidad Génesis 1-11 encuentra óptimamente sus orígenes literarios a principios del segundo milenio A.C.” (pp. 34-35).

Conclusiones

“Las narraciones más tempranas del Génesis no parecen ser ni mezclas tardías ni meras expurgaciones de la leyenda mesopotámica. Ellas y sus correspondientes mesopotámicos más cercanos ofrecen casi con certeza líneas de testimonio paralelo y en gran medida independiente de antiguas tradiciones sostenidas en común por los elementos de población sumeria, acadia y semítica occidental en Mesopotamia desde épocas muy tempranas hasta principios del segundo milenio A.C., cuando esas tradiciones antiguas fueron celebradas en una serie de obras literarias, en sumerio (Lista de Reyes; diluvio), acadio (las epopeyas) y semítico occidental (primera versión de Génesis 1-11; ¿Ebla?). Estos pueblos creían firmemente en la creación divina y en el castigo divino expresado en un diluvio particular como un evento histórico distante, distinto de las inundaciones comunes y habituales conocidas en Mesopotamia. Es posible probar la historicidad de algunas figuras tempranas (Enmebaragisi; Tudiya), y postularla de modo puramente racional para otras (e.g., Gilgamesh), a pesar de ‘elementos problemáticos’ tales como largos reinados o vidas. La fecha óptima para las composiciones literarias en cuestión (principios del segundo milenio A.C.) concuerda bien con la fecha general de los patriarcas hebreos –Téraj y Abram– que se muestran como yendo hacia el oeste desde Mesopotamia. Ellos bien podrían haber llevado consigo tales tradiciones en su viaje al oeste; de ahí su impacto en el posterior libro del Génesis. Ellos no habrían sido precoces al obrar así. Los hallazgos en Ebla de tres a cinco siglos antes muestran que los saberes mesopotámicos (incluyendo muchas tradiciones literarias y eruditas) ya habían viajado al oeste hacía mucho tiempo. Los hallazgos de fragmentos cuneiformes en la Hazor de la Edad de Bronce Media en el Canaán propiamente dicho (tanto como de un fragmento de Gilgamesh en la Megiddo de mediados del segundo milenio) ilustran adicionalmente el movimiento hacia el oeste de tales tradiciones escritas, y su circulación relativamente temprana entre los semitas en las ‘tierras occidentales’ del Levante en tal fecha.” (pp. 35-36).

No prometo resumir el resto del libro, pero tampoco prometo no hacerlo… excepto teológicamente (nota del autor).