antigua-alianza

Néstor Martínez Valls

En la página 5 del número de Entre Todos correspondiente al 23 de Enero de 2016 aparece un artículo titulado “La Primera Alianza es irrevocable”, firmado por Juan Vicente Boo. Allí se puede leer lo que sigue: “El nuevo documento del Vaticano, aprobado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, toma su título de una afirmación de san Pablo en su carta a los Romanos sobre el valor eterno de la Alianza, y resume los grandes pasos en el camino hacia la amistad.” El texto está tomado de ABC, un periódico español de orientación católica:

Por primera vez al cabo de dos mil años de hostilidad, los rabinos ortodoxos reconocen teológicamente que el cristianismo es parte del plan de Dios para la humanidad ya que “Dios emplea muchos mensajeros para revelar su verdad”.

El histórico documento, redactado por 25 destacados rabinos ortodoxos de Israel, Estados Unidos y Europa, ha recogido en sólo una semana la firma de más de dos mil rabinos ortodoxos, según manifestó el jueves en el Vaticano el rabino David Rosen, director de Asuntos Interreligiosos del American Jewish Committe (AJC).

El breve documento, que lleva por título “Hacer la voluntad de nuestro Padre en el cielo: hacia una asociación entre judíos y cristianos”, cita autores clásicos como Maimónides o Yehudah Halevi, para los cuales “al separar el judaísmo y el cristianismo, Dios quería una separación entre socios, no una separación entre enemigos”.

Los rabinos ortodoxos afirman que “ambos, judíos y cristianos, tiene una misión común, basada en la Alianza, para perfeccionar el mundo bajo la soberanía del Todopoderoso. Ninguno de nosotros puede llevar a cabo la misión de Dios en este mundo por separado”.

El texto deja muy claro que “nuestra asociación no minimiza de ninguna manera las diferencias entre las dos comunidades y las dos religiones. Creemos que Dios emplea muchos mensajeros para revelar su verdad”.

Subraya también, que ambas comunidades comparten la Revelación de la Biblia judía y concluye presentando un programa común: “Imitando a Dios, judíos y cristianos deben ofrecer modelos de servicio, amor incondicional y santidad. Hemos sido creados a imagen de Dios. Judíos y cristianos seguimos dedicados a la Alianza jugando un papel activo juntos para redimir el mundo”.

En una conferencia de prensa conjunta con el cardenal suizo Kurt Koch, presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, dentro del cual se inserta la Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo, el Rabino Rosen destacó la importancia de que esta iniciativa haya partido de rabinos ortodoxos, y esté siendo aceptada con gran rapidez entre ellos, “porque el gran desafío es que se sumen los ortodoxos”.

Efectivamente, muchos rabinos del judaísmo liberal miran ya con aprecio a los cristianos, pero el eje doctrinal del judaísmo rabínico, la única corriente después de la destrucción del Templo de Jerusalén, son precisamente los ortodoxos.

Rosen quitó importancia al desinterés de los judíos jasídicos, que son pocos y “viven en aislamiento” respecto al resto de la comunidad judía, pero consideró positivo que el documento “haya sido criticado por el ala de la extrema derecha dentro de la ortodoxia”. Significa que están en el centro.

El nuevo documento, de carácter teológico, es un gran paso respecto al “Dabru Emet” del año 2000, que hacía notar la gran cantidad de puntos comunes y declaraba que el nazismo no era cristiano sino anticristiano.

En la misma conferencia de prensa, el cardenal Kurt Koch presentó el documento de la Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo “Los dones y la llamada de Dios son irrevocables”, elaborado con motivo del 50 aniversario de la declaración Nostra Aetate del Concilio Vaticano II que reconoció por primera vez los valores del judaísmo y del Islam, y los numerosos puntos comunes ente los creyentes en el Dios Único.

El nuevo documento del Vaticano, aprobado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, toma su título de una afirmación de san Pablo en su carta a los Romanos sobre el valor eterno de la Alianza, y resume los grandes pasos en el camino hacia la amistad.

Juan Pablo II fue el primer Papa que visitó una sinagoga y llamó a los judíos “hermanos mayores”. Benedicto XVI repitió el gesto y les llamó “nuestros padres en la fe”. El Papa Francisco es todavía más positivo en varios pasajes de la exhortación apostólica “La alegría del Evangelio”, el gran programa de su pontificado, y visitará la sinagoga de Roma el próximo 17 de enero.

El documento recuerda que, al margen de la hostilidad externa de las sinagogas oficiales contra los primeros cristianos, la Iglesia primitiva estuvo formada por cristianos judíos y cristianos gentiles, cada uno con sus costumbres, durante los primeros tres siglos.

Recuerda también la condena a Marción, por haber afirmado en el siglo II que las Escrituras del Nuevo Testamento reemplazaban y anulaban las del Antiguo. Aun así, durante muchos siglos, la actitud de la Iglesia hacia los judíos estuvo marcada por el desprecio y la hostilidad hasta el Concilio Vaticano II.

El proceso de reencuentro histórico se aceleró cuando Juan Pablo afirmó que la Alianza de Dios con el pueblo judío sigue en vigor, y debe ser respetada.

El documento confirma, como ya indicó Benedicto XVI, que “la Iglesia católica no desarrolla ni sostiene ninguna misión institucional especifica dirigida a los judíos”.

Eso no excluye, naturalmente, igual que ante personas de cualquier otra religión, “los cristianos están llamados a dar testimonio de su fe en Jesucristo también a los judíos, aunque deben hacerlo de modo humilde y cuidadoso, reconociendo que los judíos son también portadores de la Palabra de Dios, y teniendo en cuenta especialmente la gran tragedia de la Shoah.”[1]

Efectivamente, el documento ha sido aprobado por la Congregación para la Doctrina de la Fe, como consta en la conferencia de prensa en la que se lo presenta.[2]

Sin embargo, no se trata de un documento del Magisterio de la Iglesia, como se explica al comienzo del documento mismo:

“El texto no constituye un documento magisterial o una enseñanza doctrinal de la Iglesia Católica, sino sólo una reflexión, preparada por la Comisión para las Relaciones Religiosas con los Judíos, sobre temas teológicos actuales, desarrollados a partir del Concilio Vaticano II, que pretende ser un punto de partida para un ulterior pensamiento teológico, en vistas a enriquecer e intensificar la dimensión teológica del diálogo Judío-Católico.”[3]

En realidad, el documento, que finalmente sólo tiene el valor de una reflexión teológica, suscita graves objeciones desde el punto de vista de la fe católica, como hemos tratado de mostrar en estos artículos sobre el tema “Iglesia y Judaísmo”:

En el Vaticano existe una Comisión para las relaciones religiosas con el Judaísmo, que depende del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos.

En Diciembre de 2015 ha publicado un documento llamado “Los dones y la llamada de Dios son irrevocables”[4] Una reflexión sobre cuestiones teológicas en torno a las relaciones entre católicos y judíos en el 50mo aniversario de Nostra Aetate (número 4),” del cual dicen que:

“…no constituye un documento magisterial o una enseñanza doctrinal de la Iglesia Católica, sino sólo una reflexión, preparada por la Comisión para las Relaciones Religiosas con los Judíos, sobre temas teológicos actuales, desarrollados a partir del Concilio Vaticano II […]”

En este documento se sostienen proposiciones que nos parecen, algunas de ellas, contrarias a la fe católica, acerca de la relación entre la Iglesia y el Judaísmo actual.

En lo esencial, entendemos que el núcleo de este documento se reduce a las siguientes proposiciones:

(1) Existen actualmente dos Alianzas de Dios con los hombres, la cristiana y la judía, cada una de ellas suficiente para llevar al menos a algunos de los hombres a la salvación eterna.

(2) No se trata de dos religiones distintas entre sí, ni de dos caminos distintos dentro de la misma religión.

(3) Se contradicen en el punto fundamental de la Mesianidad y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo.

(4) Jesucristo es el único Mediador y Salvador de todos los hombres.

(5) La conciliación entre (1), por un lado, y (4), por otro, es un misterio.

Veamos cómo aparecen esas afirmaciones en el documento:

(1) Existen actualmente dos Alianzas de Dios con los hombres, cada una de ellas suficiente para llevar al menos a algunos de los hombres a la salvación eterna.

“25. El Judaísmo y la fe Cristiana, como aparecen en el Nuevo Testamento, son dos caminos por los que el Pueblo de Dios puede apropiarse las Sagradas Escrituras de Israel. Consecuentemente, la Escritura, que los Cristianos llaman el Antiguo Testamento, se abre a ambos caminos. Una respuesta a la palabra de Dios expresada soteriológicamente, que vaya de acuerdo con una u otra tradición, puede por lo mismo franquear el acceso a Dios, quedando siempre en el poder de su consejo salvífico determinar, para cada caso, en qué manera piensa salvar a la humanidad. Las Escrituras testimonian la universalidad de su voluntad salvífica[5] Por consiguiente no existen dos caminos de salvación conforme a la expresión: “los Judíos sostienen al Torá, los Cristianos sostienen a Cristo”. La fe Cristiana proclama que la obra salvífica de Cristo es universal y abraza a toda la humanidad. La palabra de Dios es una sola e indivisa realidad, que reviste formas concretas en relación a cada contexto histórico.”

“27. […] Para los Cristianos, la Nueva Alianza en Cristo es el punto culminante de las promesas de salvación de la Antigua Alianza, a tal grado que nunca resulta independiente de ella. La Nueva Alianza radica y se basa sobre la Antigua, porque en definitiva es el Dios de Israel quien culmina la Antigua Alianza con el pueblo de Israel y habilita la Nueva Alianza en Jesucristo. Jesús vive durante el período de la Antigua Alianza, pero con su obra de salvación en la Nueva Alianza confirma y perfecciona las dimensiones de la Antigua. En consecuencia, el término Alianza significa una relación con Dios que se realiza de diferentes maneras para los Judíos y los Cristianos. La Nueva Alianza nunca puede reemplazar a la Antigua, sino que la presupone y le confiere una nueva dimensión de significado, en cuanto que refuerza la naturaleza personal de Dios como fue revelada en la Antigua Alianza y la establece como abierta para todos los que responden a ella fielmente de todas las naciones.”

(2) No se trata de dos religiones distintas entre sí, ni de dos caminos distintos dentro de la misma religión.

“15. Sólo por analogía, el diálogo entre Judíos y Cristianos puede calificarse como un “diálogo interreligioso“, es decir, un diálogo entre dos religiones intrínsecamente separadas y diferentes. No es el caso de dos religiones, fundamentalmente diversas, que se confrontan entre sí, después de haberse desarrollado independientemente una de otra, sin influencia mutua. […] Así Judíos y Cristianos tienen una misma madre y pueden ser considerados como si fueran dos hermanos que –como suele acontecer normalmente entre hermanos– se han desarrollado siguiendo direcciones diferentes.”

“20. Desde la perspectiva teológica, el diálogo con el Judaísmo tiene un carácter completamente diferente y, comparado con las otras religiones mundiales, supone un nivel distinto. La fe de los Judíos testimoniada en la Biblia, que se encuentra en el Antiguo Testamento, no es para los Cristianos otra religión, sino el fundamento de su propia fe, aunque claramente la figura de Jesús constituya la única clave para la interpretación Cristiana de las Escrituras del Antiguo Testamento. La piedra angular de la fe Cristiana es Jesús.[6] De todos modos, el diálogo con el Judaísmo ocupa para los Cristianos una posición única; el Cristianismo, desde sus raíces, está conectado con el Judaísmo como con ninguna otra religión. Por consiguiente el diálogo Judío-Cristiano sólo con reservas puede calificarse como “diálogo interreligioso”, en el sentido estricto de la expresión; se podría hablar sin embargo de un tipo de diálogo sui generis “intra-religioso” o “intra-familiar”. En su discurso en la Sinagoga romana del 13 de abril de 1986, el Papa Juan Pablo II expresaba esta situación con las siguientes palabras: “La religión Judía no nos es ‘extrínseca’, sino que en cierto modo, es ‘intrínseca’ a nuestra religión. Por tanto tenemos con ella relaciones que no tenemos con ninguna otra religión. Sois nuestros hermanos predilectos y en cierto modo se podría decir nuestros hermanos mayores” (n.4).”

“35. Puesto que Dios jamás ha revocado su alianza con el Pueblo de Israel, no puede haber caminos o acercamientos diferentes a la salvación de Dios. La teoría de que puede haber dos caminos diferentes de salvación, el camino Judío sin Cristo y el camino con Cristo, que los Cristianos creen identificarse con Jesús de Nazaret, pondría de hecho en peligro los fundamentos de la fe Cristiana.

(3) Se contradicen en el punto fundamental de la Mesianidad y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo.

“14. […] Total y plenamente humano, un Judío de su tiempo, descendiente de Abrahán, hijo de David, formado por toda la tradición de Israel, heredero de los profetas, Jesús se presenta en continuidad con su Pueblo y con su historia. Por otra parte, a la luz de la fe Cristiana, él es Dios mismo –el Hijo– y transciende el tiempo, la historia, y toda realidad terrena. La comunidad de los que creen en él confiesa su divinidad.[7] En este sentido él es interpretado como apareciendo en discontinuidad con la historia que preparó su venida. Desde la perspectiva de la fe cristiana, él lleva a cumplimiento la misión y la expectativa de Israel de una manera perfecta, al mismo tiempo que las supera y las transciende de una manera escatológica. En esto consiste la diferencia fundamental entre Judaísmo y Cristianismo: en el modo de juzgar la figura de Jesús.”

(4) Jesucristo es el único Mediador y Salvador de todos los hombres.

“35 […] La confesión de la mediación universal y por consiguiente también exclusiva de la salvación por medio de Jesucristo pertenece al núcleo de la fe Cristiana, como pertenece también la confesión del Dios uno, el Dios de Israel, que a través de su revelación en Jesucristo se ha manifestado totalmente como el Dios de todos los pueblos, de tal modo que en él se ha cumplido la promesa de que todas las naciones orarán al Dios de Israel como al único Dios.[8] El documento “Notas para una correcta presentación de los Judíos y el Judaísmo en la predicación y la catequesis en la Iglesia Católica Romana“, publicado por la Comisión de la Santa Sede para las Relaciones Religiosas con los Judíos en 1985, mantenía consecuentemente que la Iglesia y el Judaísmo no pueden representarse como “dos vías paralelas de salvación”, sino que “la Iglesia debe dar testimonio de Cristo como redentor de todos.”[9] La fe Cristiana confiesa que Dios quiere llevar todos los pueblos a la salvación, que Jesucristo es el mediador universal de la salvación, y que “no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos.”[10]

(5) La conciliación entre (1), por un lado, y (4), por otro, es un misterio.

“36. […] Que los Judíos son participes de la salvación de Dios es teológicamente incuestionable; pero cómo pueda ser esto posible sin confesar a Cristo explícitamente, es y seguirá siendo un misterio divino insondable. No es por consiguiente accidental el hecho de que las reflexiones soteriológicas de Pablo, en Romanos 9-11, sobre la redención irrevocable de Israel frente al trasfondo del misterio de Cristo, culminen en una magnífica doxología: “¡Oh abismo de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus designios e inescrutables sus caminos!”[11] Bernardo de Claraval dice que para los Judíos “ha sido fijado en el tiempo un punto determinado que no puede anticiparse.”[12]

“37. Otro tema de reflexión para los Católicos debe seguir siendo la pregunta teológica, muy compleja, de cómo la creencia Cristiana en el alcance salvífico universal de Jesucristo puede combinarse de una manera coherente con la declaración de fe, igualmente clara, de que la Alianza de Dios con Israel nunca ha sido revocada. Es creencia de la Iglesia que Cristo es Salvador para todos. Por consiguiente, no puede haber dos caminos de salvación, ya que Cristo, además de los Gentiles, es también el Redentor de los Judíos. Aquí afrontamos el misterio de la obra de Dios, no la cuestión del esfuerzo misionero por convertir a los Judíos, sino más bien la expectativa de que el Señor provocará la hora en que todos lleguemos a estar unidos, “en que todos los pueblos invocarán al Señor con una sola voz y ‘le servirán como un solo hombre.’”[13]

“38. La Declaración del Concilio Vaticano II sobre el Judaísmo, es decir el artículo cuarto de “Nostra Aetate“, referente a la universalidad de la salvación en Jesucristo y a la Alianza irrevocable de Dios con Israel, está enmarcada en un contexto señaladamente teológico. Lo cual no significa que el texto haya resuelto todas las cuestiones teológicas sobre la relación entre el Cristianismo y el Judaísmo. Estas cuestiones, introducidas en la Declaración, requieren una reflexión teológica más profunda.”

Lo que nosotros decimos es que claramente aquí no es que haya “misterio”, sino contradicción palmaria.

En efecto, la afirmación según la cual la Alianza de Dios con el judaísmo actual es por sí misma suficiente para llevar a algunos hombres a la salvación (“Una respuesta a la palabra de Dios expresada soteriológicamente, que vaya de acuerdo con una u otra tradición, puede por lo mismo franquear el acceso a Dios, quedando siempre en el poder de su consejo salvífico determinar, para cada caso, en qué manera piensa salvar a la humanidad”) se contradice con la afirmación de que Jesús es el Redentor de todos los hombres, porque en el Judaísmo actual, en tanto que estructura o institución religiosa, se niega que Jesucristo sea el Mesías, el Salvador, y el Hijo de Dios.

Es esencial a la fe cristiana, en efecto, la afirmación que dice que Dios ya ha determinado de qué manera piensa salvar a la humanidad, y que ha determinado hacerlo solamente por medio de su Hijo Jesucristo, como dice el Señor en el Evangelio de San Juan: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por Mí”, y también: “El que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.” Como agrega en el Evangelio según San Marcos: “El que crea y se bautice se salvará, el que no crea, se condenará”.

El documento intenta salvar esa contradicción flagrante mediante otra contradicción no menos flagrante: la Alianza de Dios con el pueblo judío actual y la Alianza de Dios con los hombres por medio de Jesucristo no son ni distintas ni idénticas entre sí.

No son distintas:

“25. […] Por consiguiente no existen dos caminos de salvación conforme a la expresión: “los Judíos sostienen al Torá, los Cristianos sostienen a Cristo”. La fe Cristiana proclama que la obra salvífica de Cristo es universal y abraza a toda la humanidad. La palabra de Dios es una sola e indivisa realidad, que reviste formas concretas en relación a cada contexto histórico.””

“35. Puesto que Dios jamás ha revocado su alianza con el Pueblo de Israel, no puede haber caminos o acercamientos diferentes a la salvación de Dios. La teoría de que puede haber dos caminos diferentes de salvación, el camino Judío sin Cristo y el camino con Cristo, que los Cristianos creen identificarse con Jesús de Nazaret, pondría de hecho en peligro los fundamentos de la fe Cristiana.”

No son tampoco idénticas:

“25. El Judaísmo y la fe Cristiana, como aparecen en el Nuevo Testamento, son dos caminos por los que el Pueblo de Dios puede apropiarse las Sagradas Escrituras de Israel. Consecuentemente, la Escritura, que los Cristianos llaman el Antiguo Testamento, se abre a ambos caminos.”

“14. […] Desde la perspectiva de la fe cristiana, él lleva a cumplimiento la misión y la expectativa de Israel de una manera perfecta, al mismo tiempo que las supera y las transciende de una manera escatológica. En esto consiste la diferencia fundamental entre Judaísmo y Cristianismo: en el modo de juzgar la figura de Jesús.””

Si no son dos caminos diferentes ¿serán dos caminos idénticos? ¿Y entonces, cómo siguen siendo dos caminos, y no uno solo?

¿O será que no son dos caminos, pero tampoco son un solo camino?

Se dice que

“25. […] La palabra de Dios es una sola e indivisa realidad, que reviste formas concretas en relación a cada contexto histórico.”

¿Formas concretas de “una sola e indivisa realidad” que se contradicen frontalmente entre sí en cuanto al punto absolutamente central y principal, a saber, si Jesús de Nazareth es o no es el Mesías esperado por Israel, el Salvador, y el Hijo de Dios hecho hombre?

El sabor a dialéctica hegeliana de esta contradicción queda patente en esta referencia que el documento hace a la Carta a los Romanos, concretamente, a la imagen del “olivo” que aparece en Romanos 11:

“34.[…] Esta imagen representa para Pablo la clave principal para pensar la relación entre Israel y la Iglesia a la luz de la fe. Con esta imagen Pablo expresa la dualidad de la unidad y divergencia entre Israel y la Iglesia.”

O sea que en la relación entre la Iglesia y el Israel actual hay una dualidad, y esta dualidad consta de unidad y divergencia.

Es decir, la Iglesia y el Israel actual son a la vez idénticos y no idénticos, una sola cosa y no una sola cosa, distintos y no distintos.

En cierto modo, es la forma más clara de reconocer que la manera en que estos sectores han planteado el diálogo con el judaísmo lleva a un callejón sin salida.

En realidad, la afirmación según la cual la religión judía actual puede por sí misma franquear a algunos el acceso a la salvación (“Una respuesta a la palabra de Dios expresada soteriológicamente, que vaya de acuerdo con una u otra tradición, puede por lo mismo franquear el acceso a Dios”) entendemos que es herética, pues contradice la afirmación central de la fe cristiana según la cual sólo en y por Jesucristo pueden los hombres acceder a la Vida Eterna.

La mencionada afirmación, en efecto, contradice la enseñanza de la Iglesia expresada en la Declaración “Dominus Iesus” de la Congregación para la Doctrina de la Fe, año 2000:

  1. 20: “[…] Ante todo, debe ser firmemente creído que la “ Iglesia peregrinante es necesaria para la salvación, pues Cristo es el único Mediador y el camino de salvación, presente a nosotros en su Cuerpo, que es la Iglesia, y Él, inculcando con palabras concretas la necesidad del bautismo,[14] confirmó a un tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que los hombres entran por el bautismo como por una puerta “. Esta doctrina no se contrapone a la voluntad salvífica universal de Dios;[15] por lo tanto, “ es necesario, pues, mantener unidas estas dos verdades, o sea, la posibilidad real de la salvación en Cristo para todos los hombres y la necesidad de la Iglesia en orden a esta misma salvación.”[16]

*

Analizamos ahora lo que entendemos que es el argumento principal a favor de la tesis falsa y contradictoria que sostiene el Documento de la Comisión para las relaciones religiosas con el Judaísmo, relativa al valor salvífico que las instituciones religiosas del judaísmo tendrían en el día de hoy.

Recordemos que el mismo Documento aclara que su contenido no constituye Magisterio de la Iglesia.


[1] ABC de Madrid, sección “Sociedad” por Juan Vicente Boo, 10 de diciembre de 2015: “Los rabinos ortodoxos reconocen por primera vez al cristianismo como parte del plan de Dios.”

[2] Conferenza stampa di presentazione di un Documento della Commissione per i rapporti religiosi con l’Ebraismo in occasione del 50.mo anniversario di “Nostra aetate”, 10 de diciembre de 2015; B0976.

[3] Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo “Los dones y la llamada de Dios son irrevocables” (Romanos 11:29) Una reflexión sobre cuestiones teológicas en torno a las relaciones entre católicos y judíos en el 50° aniversario de “Nostra Aetate” (nro.4).

[4] Romanos 11:29.

[5] Cf. eg. Génesis 12:1-3; Isaías 2:2-5; 1Timoteo 2:4.

[6] Cf. Hechos 4:11; 1 Pedro 2:4-8.

[7] Cf. Filipenses 2:6-11.

[8] Cf. Isaías 56:1-8.

[9] Número I, 7.

[10] Hechos 4:12.

[11] Romanos 11:33.

[12] De Consideratione, III/I,3.

[13] Nostra Aetate, número 4.

[14] Cf. Mateo 16,16; Juan 3,5.

[15] Cf. 1 Timoteo 2,4.

[16] Néstor Martínez, Valls. “Iglesia y Judaísmo” en “No sin grave daño”; Infocatolica, 1 de enero de 2016.