alma-1.png

Raymond de Souza

El lector habrá notado la progresión del pensamiento en esta serie de artículos: en lugar de tratar varios temas más bien aleatoriamente, la sección consiste en una serie de artículos con el formato de lecciones de un curso. Así, el primer tema fue el más básico, o sea que la verdad es objetiva y no subjetiva; el segundo tema fue la existencia de Dios; el tercero es el alma espiritual humana. Como este último es menos fácil de probar que el anterior, me gustaría responder algunas objeciones comunes que los agnósticos mantienen contra la existencia del alma humana como una realidad distinta de, pero unida sustancialmente con, el cuerpo material.

Primera objeción: cuando tú piensas, usas tu cerebro, que no es nada más que un órgano sofisticado dentro de tu cráneo. Sin embargo, si sufres una conmoción más fuerte que lo usual y tu cerebro es dañado, entras en un coma y no puedes pensar más. Conclusión: el pensamiento es sólo una secreción del cerebro, porque tu cerebro y tu mente son una y la misma cosa.

Respuesta: No es verdad. Un escocés contento toca su gaita durante la noche. El vecino de al lado, incapaz de dormir, entra en su apartamento con un cuchillo, hace un gran agujero en la gaita y rompe su tubo. El anteriormente contento escocés no puede tocar más su gaita. Conclusión: el escocés y la gaita son una y la misma cosa…

Evidentemente, el cerebro está hecho de materia orgánica, y cualquier cosa que pueda segregar es también material. Pero tus ideas, tus elecciones, tus opiniones y tus sueños no son cosas materiales, no tienen extensión fuera de tu mente. Ellos son completamente diferentes y distintos de la materia orgánica que forma tu cerebro, y no pueden ser identificados con ninguna de sus partes o estados, ya sea en reposo o en movimiento.

El alma y el cuerpo están unidos del modo más íntimo en una persona viva. Ésa es la razón de que hoy haya equipamiento electrónico que identifica ciertos movimientos en el cerebro relacionados con ciertos estados de la mente o reacciones a estímulos exteriores. A la inversa, un acto de la mente puede tener una reacción correspondiente en el cuerpo. Por eso una persona se vuelve incapaz de pensar si el medio de comunicación –el cerebro– resulta herido y se vuelve incapaz de funcionar correctamente.

Exactamente como el conocimiento musical del escocés y su talento para tocar la gaita no se encuentran en la gaita, pero el escocés necesita la gaita en buen estado para tocar –y el vecino de al lado le dará otro instrumento, bajo la condición de que deje de tocar durante la noche.

Segunda objeción: en el primer artículo de esta serie usted afirmó, y lo cito, que “cada ser vivo tiene dentro de sí mismo su propia fuente de su propia actividad, su propio poder y su propio principio vital. Esa fuente o poder, que hace marchar a cada ser vivo, es llamada el alma, en el sentido más amplio del término. Pero en sentido estricto, sólo llamamos alma al principio vital de los seres humanos, en virtud de su intrínsecamente superior poder de pensamiento. La palabra latina para vida es anima, que también significa alma” –fin de la cita. Ahora bien, dado que los animales son seres vivos y están dotados de sentidos, y tienen almas, ¿por qué usted asume que sus almas no son espirituales? ¿Por qué ellos deberían tener sólo ‘almas materiales’ como su principio de vida? Sus almas pueden ser desconocidas para nosotros, porque no podemos verlas ni tocarlas, ¿pero ellos no tienen almas igual que nosotros?

Respuesta: En primer lugar aclaremos nuestra terminología. El principio de la vida animal, o ‘alma’ en su significado más amplio de vida, pura y simplemente, no es ‘material’ en el sentido de su cerebro, orejas o nariz. No puedes verlo o sentirlo como lo haces con sus orejas o nariz. Es cierto tipo de actividad, no espiritual, y como tal no tiene extensión en términos materiales. Y no obstante se lo llama material porque no existe en sí mismo fuera de la materia animal, y cesa de existir con la muerte del animal. Actúa exclusivamente con actividad material; sus sentidos no tienen poder de abstracción, tratando como tratan exclusivamente con realidades materiales.

Si uno busca ‘posibilidades’ del tipo de animales con almas espirituales sin que nosotros las conozcamos, eso es como decir con el agnóstico que “los guijarros están vivos con una vida propia que nosotros no conocemos”, o que “podría haber criaturas vivas en el Sol, de un tipo especial desconocido para nosotros aquí en la Tierra”, o que “todavía hay sirenas en la costa de sur de Madagascar”, u otras cosas por el estilo. Pero eso es sólo ignorancia compartida, no razonamiento correcto, mucho menos ciencia.

Además, si los animales tuvieran almas espirituales como nosotros, ellos serían personas, pensando y haciendo elecciones libres, no esclavizados por los instintos, con el mismo derecho a la vida que nosotros tenemos, y matarlos, incluso para tener alimento, sería un asesinato. Pero no hay absolutamente ninguna evidencia que sugiera siquiera que los animales pueden razonar, mucho menos hacer elecciones morales, lo que es la prerrogativa de las personas. Por lo tanto, no hay absolutamente ninguna razón para atribuir personalidad a los animales, contrariando la evidencia de los hechos. Eso son sólo ilusiones, motivadas por los miembros radicales de la ASS (Animal Scientific Society, o Sociedad Científica Animal).

Tercera objeción: Leí en un libro hindú que el alma es del tamaño de la cabeza de un alfiler y está ubicada en un lugar específico del cerebro, y desde allí envía sus vibraciones para animar a todo el cuerpo. ¿No es esta suposición más verosímil, en oposición a la idea cristiana de que el alma espiritual está presente en todo el cuerpo para animarlo?

Respuesta: No, no lo es. Esta suposición es sólo… una suposición, sin ninguna evidencia en la realidad. Ante todo, no hay tal cabeza de alfiler en el cerebro; de lo contrario sería detectada por un escaneo del cerebro. En segundo lugar, el cerebro tiene longitud, ancho y profundidad, al igual que cualquiera de sus partes, independientemente del número de partes en que puedas dividirlo. Dado que alma puede estar presente en todas esas partes, también puede estar presente en todo el cuerpo. No hay ningún problema aquí.[1]


[1] Tomado del libro de Raymond de Souza: Curso de Apologética, Lección 8.

 

Anuncios