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José Alfredo Elía Marcos

Esta década hasta el final del milenio estuvo signada por dos elementos importantes: los dos gobiernos del presidente Clinton de los EE.UU. y las Conferencias Internacionales de la ONU.

Las políticas anti-vida de Clinton

Desde que Bill Clinton accedió en 1993 a la Casa Blanca, promovió las agresiones a la vida y a la dignidad humana, a una escala sin precedentes. El eje de su administración fue la promoción sistemática y científica del más grosero desprecio por la vida humana y su dignidad, y la familia como institución natural, basada en el matrimonio heterosexual. Eliminó las trabas para financiar abortos dentro y fuera de EE.UU. con fondos federales, designó abortistas en los principales puestos de gobierno: desde la Corte Suprema de su país, hasta los cargos que tradicionalmente provee el presidente norteamericano, en la burocracia de la ONU. La presión para el control demográfico en los países menos desarrollados fue ejercida sistemáticamente por los organismos multilaterales de crédito, con su anuencia. Su administración promovió por todos los medios el intento de despenalizar el aborto, la universalización del reparto gratuito de contraceptivos y una “educación” sexual hedonista, la imposición de unos supuestos “distintos tipos” de familia, y la promoción descarada de la homosexualidad y el lesbianismo.

Paralelamente, impulsada por la administración Clinton, la burocracia interna de la ONU ejecutó una agenda muy similar y, a veces, incluso más radicalizada. La década prácticamente no tuvo año en que no se realizara una gran Conferencia Mundial, y en todas ellas el gran “problema” a superar fue el supuesto exceso poblacional. Así sucedió con las conferencias sobre Medio Ambiente (Río de Janeiro, 1992), Derechos Humanos (Viena, 1993), Población y Desarrollo (El Cairo, 1994), Desarrollo Social (Copenhague, 1995), la Mujer (Pekín, 1995), Habitat Humano (Estambul, 1996), Río (1997), El Cairo (1999) y Pekín (2000). En Viena se habló de los derechos de la mujer como si fueran independientes del resto de los humanos. En El Cairo se impusieron los términos ideológicos “salud sexual y reproductiva” y “derechos sexuales y reproductivos”. En Pekín la agenda fue imponer la ideología de género. Río , El Cairo y Pekín buscaron revertir las derrotas parciales en las Conferencias originarias, intentando desnaturalizar los acuerdos de las mismas para imponer totalitariamente la agenda de Clinton y la ONU.

Desgraciadamente, no cabe duda que en esos años la cultura de la muerte realizó avances muy importantes, en especial en los campos de las mal denominadas “salud sexual y reproductiva”, “anticoncepción de emergencia”, la irrupción agresiva del movimiento homosexual, la despenalización de la eutanasia en algunos países europeos y, finalmente, la promoción de las esterilizaciones –voluntarias en algunos casos, y compulsivas en otros, en especial bajo el régimen del expresidente del Perú Alberto Fujimori.

La Conferencia de Población de El Cairo y los derechos reproductivos

La IV Conferencia Mundial de la ONU sobre Población y Desarrollo tuvo lugar en El Cairo en 1994, del 5 al 13 de septiembre. El documento final fue aprobado en 1994 por 179 países, aunque muchos de ellos hicieron reservas a los puntos dedicados a la salud sexual y derechos reproductivos. En las sesiones se acordaron las medidas clave para seguir ejecutando el Programa de Acción proclamado en la Conferencia de Bucarest de 1974.

Algunos de los conceptos clave que se trabajaron en la Conferencia fueron los siguientes: derechos reproductivos y salud sexual, maternidad segura, contracepción de emergencia, maternidad insegura y aborto inseguro, la salud reproductiva y sexual de los adolescentes, la fertilidad y el aumento de la población, y el sida.

En este documento se defiende el modelo del feminismo liberal radical. Al definir el término género se entiende como algo sólo cultural y construido, sin hacer ninguna referencia a la existencia de algo previamente dado (naturaleza). Se afirma que el término género se refiere a los roles y responsabilidades de mujeres, varones, niñas y niños, socialmente definidos o establecidos. Los roles de género masculinos y femeninos se aprenderían en las familias y comunidades, y variarían de una cultura a otra, y de una generación a otra.

Igualdad de género significaría la ausencia de discriminación, basada en el sexo de una persona, en las oportunidades, en la inversión de recursos o beneficios, o en el acceso a los servicios. Equidad de género significaría equidad y justicia en la distribución de beneficios y responsabilidades entre mujeres y varones, y con frecuencia requiere proyectos y programas específicos dirigidos a las mujeres para terminar con las desigualdades existentes.

La salud sexual y reproductiva

En el documento de El Cairo (1994) se establece la siguiente definición:

“La salud reproductiva es un estado general de bienestar físico, mental y social, y no de mera ausencia de enfermedades o dolencias, en todos los aspectos relacionados con el sistema reproductivo y sus funciones y procesos. En consecuencia, la salud reproductiva entraña la capacidad de disfrutar de una vida sexual satisfactoria y sin riesgos y de procrear, y la libertad para decidir hacerlo o no hacerlo, cuándo y con qué frecuencia.”[1]

Este nuevo derecho llamado ‘de salud reproductiva’ incluye: el acceso a servicios de planificación familiar, consejo e información, atención prenatal, postnatal y en el parto, atención médica para los recién nacidos, tratamiento para las enfermedades del aparato reproductor y enfermedades de transmisión sexual, servicios para el aborto seguro, tratamiento para las complicaciones relacionadas con el aborto, prevención y tratamiento apropiado de la infertilidad, información, educación y consejo sobre la sexualidad humana, la salud reproductiva, la paternidad responsable, y desaconsejar prácticas dañinas como la mutilación genital femenina. En el mismo documento se afirma que “Los objetivos son: asegurar el acceso a la información amplia y fáctica y a una gama completa de servicios de salud reproductiva, incluida la planificación familiar, que sean accesibles, asequibles y aceptables para todos los usuarios”.

La salud sexual formaría parte de la salud reproductiva e incluye: un desarrollo sexual sano, relaciones responsables y equitativas, y ausencia de prácticas dañinas relacionadas con la sexualidad, violencia, enfermedades etc. Los objetivos de la salud sexual son:

(a) Promover el desarrollo adecuado de una sexualidad responsable que permita el establecimiento de relaciones de equidad y respeto mutuo entre ambos sexos y contribuya a mejorar la calidad de vida de las personas.

(b) Velar para que el hombre y la mujer tengan acceso a la información, la educación y los servicios necesarios para lograr una buena salud sexual y ejercer sus derechos y responsabilidades en lo tocante a la procreación.

Los derechos reproductivos son “los derechos de todas las parejas y los individuos a decidir libre y responsablemente el número de hijos, y el espaciamiento de los nacimientos, y el intervalo entre éstos, y a disponer de la información y de los medios para ello, y el derecho a alcanzar el nivel más alto de salud sexual y reproductiva”, y el derecho a tomar decisiones sobre la reproducción libre de discriminación, coacción y violencia.

Siguiendo con esa misma filosofía, en la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer (1995) se desarrollaron estas ideas añadiendo: “Los derechos humanos de las mujeres incluyen su derecho a ejercer el control y decidir libre y responsablemente sobre las cuestiones relativas a su sexualidad, incluida su salud sexual y reproductiva, libres de coerción, discriminación y violencia. Las relaciones igualitarias entre mujeres y hombres respecto de las relaciones sexuales y la reproducción, que incluyan el pleno respeto de la integridad de la persona, exigen el respeto y el consentimiento mutuo y el asumir de forma compartida las responsabilidades del comportamiento sexual y sus consecuencias”.

Una muestra clara de las contradicciones del documento es la pretensión de asumir de un modo irreconciliable dos posturas antropológicas distintas. La primera parte del párrafo corresponde a la visión en la que la mujer es titular en exclusiva de la sexualidad, sin embargo en la segunda parte se refleja un modelo en el que se concibe una titularidad compartida. Ambas cosas son imposibles a la vez, si atendemos al principio de no contradicción. Pero es obvio que en los últimos años esta mentalidad liberal sobre la persona y su sexualidad ha penetrado totalmente en nuestra sociedad, como se refleja por ejemplo en la normativa europea relativa a la reproducción asistida.

La perspectiva de género

El concepto de derechos reproductivos surge en el contexto ideológico de lo que se denomina la perspectiva de género (gender perspective), un tipo de feminismo radical que toma materiales ideológicos del marxismo unas veces y del liberalismo otras. La ideología de género asume que no existe relación entre la naturaleza y la cultura, disocia el sexo del rol social que el individuo (varón o mujer) desempeña en la sociedad, entiende la identidad sexual como algo construido a voluntad, disocia la sexualidad de la procreación, y la maternidad-paternidad de la filiación.

Todo ello nos debería asombrar todavía menos conociendo cómo el marxismo o el liberalismo entienden las relaciones entre la ética y el derecho. El uso éticamente correcto de la ciencia, incluidas las posibilidades técnicas de ayuda a la fecundación o, en el caso contrario, de ayuda a la planificación familiar, presupone que la naturaleza, la ética y el respeto a la biología deben tener un lugar o constituirse en un punto de referencia en la legislación. Negada esa premisa es muy difícil, por no decir imposible poner límites a los adelantos científicos, o exigir que éstos respeten la dignidad humana.

En las conferencias de la ONU, los países occidentales han ido adoptando el modelo liberal. Pero no contentos con ello, intentan imponerlo a los países en vías de desarrollo, dando lugar a momentos de gran tensión en el desarrollo de las negociaciones en las conferencias internacionales. También dentro de los propios países occidentales se da un claro enfrentamiento entre los defensores del segundo y tercer modelo. Es cierto que algunos de los países en vías de desarrollo todavía responden culturalmente al modelo primero (subordinación de la mujer al varón) y es igualmente cierto que eso atenta contra los derechos humanos reconocidos en la Declaración Universal de la Organización de Naciones Unidas de 1948 y en otros muchos documentos de la ONU, y atenta contra el principio de igualdad entre los sexos, pero es también un abuso intentar imponer por la fuerza, como se está haciendo el segundo modelo, es decir una concepción liberal de la persona absolutamente individualista, y una liberalización de la mujer entendida desde cierto feminismo radical.

El papel antinatalista de la IPPF en la Conferencia

Junto a ello, no hay que olvidar la presión antinatalista a nivel mundial y especialmente los intentos de imponer un control de natalidad forzoso a los países en vías de desarrollo, disfrazado cínicamente de altruismo y presunta “ayuda al desarrollo”.

Cuando se presencia la elaboración de estos documentos se concluye que resulta una contradictio in terminis el empleo del concepto de derechos reproductivos, ya que la mayor parte de las discusiones se dedican a los capítulos centrados en la planificación familiar, pero entendida ésta como control de la natalidad (y control de población). En el documento elaborado en el mes de junio de 1999, en la revisión de la Plataforma de Acción de El Cairo, la línea de fondo es absolutamente antinatalista. La preocupación y compromiso de los gobiernos están dirigidos casi exclusivamente a facilitar el acceso a la anticoncepción, pero pocas veces a facilitar las medidas sanitarias para el cuidado de la madre en el puerperio, parto y postparto.

El segundo modelo se refleja perfectamente en la ideología defendida por la IPPF, International Planned Parenthood Federation, que no casualmente tiene su sede en Londres. El documento base es su Charter of Reproductive Rights, una apología de la visión liberal de la sexualidad que ha tenido una clara influencia en las transformaciones legales europeas.

Muchos de los conceptos introducidos en los documentos de la ONU aparecieron antes en los documentos de IPPF. El UNFPA (Fondo de las Naciones Unidas para las Actividades de Población) ha logrado que IPPF tenga estatus consultivo en la ONU con la categoría más alta, apex. De hecho en la revisión del documento de El Cairo se barajaron términos como maternidad segura, que se introdujo en el documento. Safe Motherhood es también, en principio, un término neutral o incluso positivo, ¿quien no desea una maternidad segura? Pero ese término no incluye sólo el derecho a una atención sanitaria e higiénica en el parto, sino el derecho a la contracepción (incluida la píldora del día siguiente y la RU 486) y el derecho al aborto. Así la discusión sobre la posible introducción del término “contracepción de urgencia” se saldó con la eliminación de dicho vocabulario en el documento, por una clara oposición de la mayoría de los países. Otros términos ya acuñados y aceptados en la agenda de la ONU, son el de salud reproductiva, sexo seguro y salud sexual.

La doctrina Queer y la “deconstrucción” del matrimonio

En esta disociación entre derecho y biología se inserta la defensa de la homosexualidad, lesbianismo, bisexualidad, transexualidad, como un modo más de relaciones sexuales, así como la lucha por la equiparación de las parejas de homosexuales y transexuales al matrimonio. Se produce así la disociación entre la filiación biológica y la fictio iuris que se produce en los procesos de adopción, queriéndolo hacer extensivo a personas que podrían ejercer su maternidad o paternidad biológica pero que no quieren porque han decidido construir su identidad sexual de otro modo.

Por eso no nos debe sorprender que las asociaciones de gays y lesbianas tengan su representación en los foros de la ONU, incluyendo también asociaciones de pedófilos. En 1993 la ILGA (International Lesbian and Gay Association) fue nombrada como órgano consultivo del ECOSOC (Economic and Social Council) de Naciones Unidas. Dentro de la ILGA estaba representada una organización para la emancipación de la pedofilia, denominada NAMBLA, North-American Man-Boy Lovers Association.

Quizá también por todo ello se comprende la insistencia de los organismos internacionales y europeos en terminar con la legislación que salvaguarda el derecho de los padres a la educación sexual de sus hijos, intentando eliminar la necesidad del permiso legal de los padres para el aborto en menores adolescentes etc., y la pretensión (que no culminó con éxito) en la última revisión del documento de El Cairo de que los menores, entendiendo por menor según la OMS (Organización Mundial de la Salud) el niño/a a partir de los 10 años, tengan acceso libre a los centros de planificación familiar sin consentimiento de los padres. Los mismos objetivos están presentes en los documentos del Consejo de Europa y de la Unión Europea.

La Conferencia de la Mujer de Pekín y la ideología de género

Miles de mujeres de todas partes del mundo participaron en la IV Cumbre Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer en Pekín. Ante ellas se presentaba una monumental e imprescindible labor, por el bien no sólo de la mujer, sino también de la familia. Aunque la Conferencia mostró las necesidades más perentorias e urgentes de las mujeres a través del mundo, lamentablemente el énfasis principal por parte de los países “desarrollados” como los EE.UU., Canadá y los de la Unión Europea estuvo en los “derechos reproductivos” (es decir, el “derecho” a la anticoncepción, inclusive para menores), así como los “derechos sexuales”, que sus promotores interpretan como el “derecho” a ser lesbiana, bisexual, transexual, etc., y disfrutar de los mismos derechos y privilegios que las familias constituidas por un varón y una mujer, con sus hijos.

Los grupos feministas radicales de estos países “desarrollados” lograron mantener el control de la mayor parte de los contenidos del documento de la Conferencia. Estas feministas se concentraron en ejercer presión para que las mujeres del tercer mundo acepten como modelo el mismo tipo de feminismo antivida que traicionó los valores pro vida de sus propias fundadoras. El objetivo principal de estas feministas fue y sigue siendo que el documento final de la Cumbre refleje las opiniones e ideologías del feminismo radical antivida.

Hillary Clinton y la delegación estadounidense

La delegación de los EE.UU., encabezada por Hillary Clinton, ejerció su influencia en favor del aborto, lo cual no nos asombra, dada la postura del gobierno del presidente Clinton, reflejada en sus esfuerzos por facilitar más aún esta práctica. La coordinadora de esta delegación, Marjorie Margolies-Mezvinsky, declaró que la principal prioridad de su delegación es “defender la libertad para decidir” con respecto al aborto. Donna Shalala, Secretaria del Departamento de Salud y Servicios Humanos, que formó parte de la delegación norteamericana a esta conferencia, afirmó refiriéndose al aborto: “Nosotros apoyamos los derechos reproductivos y la libertad para decidir; somos consistentes”.

Además de Shalala, la delegación norteamericana incluyó otras dirigentes proabortistas como Geraldine Ferraro, embajadora de los EE.UU. ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU; Marie C. Wilson, de la proabortista Ms. Foundation; y Adrienne Germain, vice-presidenta de la International Women’s Health Coalition (Coalición Internacional de la Salud de la Mujer), organización que promueve la legalización del aborto en otros países. En su artículo del International Journal of Gynecology & Obstetrics, publicado en 1989 con fondos de la Agencia para el Desarrollo Internacional, la FIGO (International Federation of Gynecology and Obstetrics) y la organización proabortista Family Health International. Germain afirma que “el aborto es un acto de auto-defensa para las mujeres, cuya salud, dignidad o derechos humanos básicos se ven amenazados por un embarazo no deseado”. ¿Y a esto le llama La Primera Dama de EE.UU., Hillary Clinton, una delegación “con amplia base, un grupo orientado hacia la familia”?

Hillary Clinton dijo en su discurso en Pekín: “Es una violación de derechos humanos cuando a los bebés se les niegan los alimentos, se les ahoga, se les asfixia o se les quiebra la columna vertebral únicamente porque nacen siendo del sexo femenino”. Sin embargo, la posición de la Sra. Clinton, quien presidió la delegación norteamericana a Pekín, es que el gobierno no debe prohibir el aborto.

El feminismo radical

Las feministas antivida han estado ejerciendo su influencia en la ONU desde 1980. La organización más activa en este sentido es la WEDO (Women’s Environment and Development Organization), de la ex-congresista y proabortista radical, Bella Abzug (1920-1998). Según The Washington Times, la Sra. Abzug es “parte integrante del antiguo activismo izquierdista”. Cuando estudiaba en la universidad, fue una ferviente defensora del dictador soviético José Stalin, y dirigió reuniones a favor del Vietcong durante la guerra de Vietnam. Sin embargo, “esta mujer, una radical hasta los huesos que sólo representa a los grupos izquierdistas, ha pasado a ser nuestro portavoz oficial sobre asuntos morales y la familia”.

Gertrude Mongella, secretaria general de la Conferencia de Pekín, quien llamó a dicha conferencia “el inicio de una revolución social”, fue cofundadora de la WEDO. El documento de Pekín refleja en gran parte la terminología y los objetivos de la WEDO y de otras organizaciones feministas radicales, pues presenta al matrimonio como la raíz de todos los males que sufren las mujeres, mientras presenta a los varones como opresores y explotadores.

Aunque el documento de Pekín menciona el derecho de los padres a educar a sus hijos en la moral, no lo afirma ni lo defiende. Repetidas veces afirma que “se debe poner énfasis en el papel de los adolescentes y en su responsabilidad en lo que concierne a su comportamiento con respecto a su reproducción, proporcionándoles servicios apropiados y consejos”. Por supuesto, esto se refiere al “derecho” que los adolescentes supuestamente tienen, de recibir anticonceptivos y abortivos para que puedan tener relaciones sexuales a espaldas de sus padres. Este “derecho” está garantizado en países “desarrollados” como los EE.UU., donde en las “clínicas de salud” del gobierno, se entregan píldoras anticonceptivas y preservativos a menores de edad. También en las “clínicas de salud” de muchas escuelas públicas se entregan preservativos y se recomiendan píldoras anticonceptivas a adolescentes. Inclusive se remite a las menores de edad a clínicas abortistas, donde se les practican abortos sin que sus padres siquiera se enteren. Los que lograron estos “triunfos” de “liberar” a los hijos de sus padres en lo que concierne a la autoridad moral y la patria potestad en los países “desarrollados”, quieren que en los países del Tercer Mundo, donde todavía los padres conservan mayor autoridad legal y moral sobre sus hijos menores, se cometan los mismos errores.

El Movimiento Mundial para el Control de la Población tiene un objetivo primordial: reducir drásticamente los nacimientos. Grandes cantidades de dinero se destinan para lograr este fin. El modo más fácil de hacerlo es estimular a las mujeres a que dejen sus hogares y compitan con el varón como lo hacen en los países “desarrollados”. Por añadidura, la promoción de los anticonceptivos, el aborto y el lesbianismo, también es útil cuando se trata de impedir los nacimientos. El monstruo de múltiples tentáculos que representan las organizaciones y fundaciones que promueven “la cultura de la muerte” utiliza a las feministas radicales para lograr sus objetivos, mientras les hace creer que las está ayudando a obtener más derechos e inclusive más poder.[2]


[1] Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo, El Cairo, 1994.

[2] José Alfredo Elía Marcos, Las lágrimas de Raquel. Historia, ideologías y estrategias de la guerra contra la población, Capítulo 9; nueva versión, realizada en 2015 por el autor para la Revista Fe y Razón.