ideologia-de-genero-1.png

José Alfredo Elía Marcos

La ideología de género es la última de una larga lista de ideologías o intentos de la modernidad que, prometiendo un mundo feliz, han tratado de conseguir el poder mediante el control social de una manera deshumanizadora. Así sucedió con el liberalismo (Adam Smith, J. Locke…), el marxismo y el comunismo (Marx, Engels, Lenin…), el racismo (A. Gobineau), el darwinismo social (H. Spencer), el eugenismo (F. Galton), etc.

El generismo es una revolución que, surgida de las protestas del mayo del 68, se caracteriza por ser silenciosa y no violenta. Su estrategia se basa en el asalto a la cultura que había planteado Gramsci. Defendida por el denominado feminismo radical, pretende una supesta liberación sexual de la mujer de la opresión patriarcal del varón.

Los orígenes del feminismo: el sufragismo

El feminismo moderno se inicia en 1848 con una reunión de doce mujeres en Seneca Falls (Nueva York.) Allí crean la famosa Declaración de sentimientos en la que se pedía el derecho al voto, la participación política y la igualdad en la educación para las mujeres, derechos que desde la Ilustración y la Revolución Francesa se les había negado.

Podemos distinguir dos orientaciones en el movimiento sufragista: el feminismo moderado y el feminismo radical.

Sufragistas moderadas: Además del derecho al voto pedían la reforma de las costumbres y la moralidad: prohibición del alcohol, la prostitución y el libertinaje de los varones. Esta rama fue alentada por las iglesias evangélicas y metodistas en los EE.UU., que además de reivindicar la participación política de la mujer apostaban por su función familiar. En el mundo católico también surgen iniciativas, como en Prusia, donde en 1850 se abre una universidad para mujeres que impartía estudios de magisterio. En Francia Marie Maugeret creó el feminismo cristiano, con propuestas como el trabajo fuera del hogar, la igualdad de sueldos, el derecho a la propiedad de las mujeres casadas, etc. La Alianza Internacional Juana de Arco promovió la defensa de la feminidad y la función social de la mujer como cabeza del hogar.

Sufragistas radicales: Buscan la liberación sexual de la mujer. Este objetivo pasa por devaluar su función familiar y doméstica. Entienden la situación de la mujer no como inferioridad respecto al varón, sino como completa opresión por éste. Defienden el derecho de la mujer a trabajar para no “depender del matrimonio.” Entienden que el servicio a la familia impide el desarrollo de la personalidad femenina. Fourier, los saintsimonianos, Flora Tristán en España defenderán lo que denominarán liberación sexual, que pasa por desvincular a la mujer de la educación de los hijos, la cual quedaría al cargo del Estado. Ellos mismos crearían comunas donde depositarían a los niños para que fueran instruidos en las doctrinas libertarias.

La ideología de género

La IV Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer, realizada en septiembre de 1995 en Pekín, fue el escenario elegido por los promotores de la nueva perspectiva para lanzar una fuerte campaña de persuasión y difusión. Es por ello que desde dicha cumbre la “perspectiva de género” ha venido filtrándose en diferentes ámbitos no sólo de los países industrializados, sino además de los países en vías de desarrollo.

“El género se refiere pues a las relaciones entre mujeres y hombres basadas en roles definidos socialmente que se asignan a uno u otro sexo.” (Rafael Mora, La ideología de género: exposición y crítica.)

Cuando los países católicos y la Santa Sede solicitaron una mayor explicitación del término, la exdiputada del Congreso de los Estados Unidos, Bella Abzug, intervino para completar la interpretación del término:

“El sentido del término género ha evolucionado, diferenciándose de la palabra sexo para expresar la realidad de que la situación y los roles de la mujer y del hombre son construcciones sociales sujetas a cambio.”[1]

Quedaba claro pues que los partidarios de la perspectiva de género proponían algo mucho más temerario, como por ejemplo que “no existe un varón natural o una mujer natural, que no hay conjunción de características o de una conducta exclusiva de un solo sexo, ni siquiera en la vida psíquica.” Así, “la inexistencia de una esencia femenina o masculina nos permite rechazar la supuesta superioridad de uno u otro sexo, y cuestionar en lo posible si existe una forma natural de sexualidad humana.”

La ideología de género también puede ser denominada como teoría feminista (denominación española), feminismo radical o generismo. El feminismo radical postula que la mujer como categoría es un invento de los varones y que por tanto la feminidad y todo lo que representa ha de ser destruida o como ellos prefieren llamarlo “deconstruirla” siguiendo la terminología inventada por los pensadores Foucault y Derrida.

El movimiento feminista surge como un deseo emancipatorio de la mujer en dos ámbitos:

Político: voto de las mujeres, posibilidad de ser propietaria, etc. (feminismo liberal)

Cultural: acceso a la cultura, universidad, enseñanza, etc. (feminismo socialista)

Estas reivindicaciones constituyen el feminismo tradicional, que buscaba la igualdad en derechos para la mujer en los ámbitos social, laboral y jurídico. Este feminismo surge como reacción al sexismo decimonónico en el que la mujer era considerada un ser a mitad de camino entre el varón y el niño, un discurso en la mayoría de los casos similar al que los ideólogos racistas usaban para justificar la inferioridad de otras razas. La mujer no era considerada como un ser libre, sino que debía estar sujeta al varón y era una propiedad más de este. Así se expresaba el positivista francés Auguste Comte:

“La relativa inferioridad de la mujer en este sentido es incontestable, poco capacitada como está, en comparación con el hombre, para la continuidad en intensidad del esfuerzo mental, o bien debido a la debilidad intrínseca de su raciocinio, o a su ligera sensibilidad moral y física, que son hostiles a la abstracción científica y a la concentración.” “Esta indudable inferioridad orgánica del genio femenino ha sido confirmada por experimentos decisivos, incluso en las Bellas Artes, y en medio de las mejores circunstancias, en cuanto a los fines del gobierno, la radical ineptitud del sexo femenino es aún más evidente, incluso en el nivel más elemental que es el gobierno de la familia.”[2]

El feminismo entendido como promoción de la mujer es una lucha que en el mundo occidental ha triunfado. Gilles Lipovetsky afirma que en el mundo actual la mujer no tiene que demostrar nada: “Ya ha dejado constancia de su capacidad intelectual, profesional, artística y personal.”

La segunda ola del feminismo

Con el mayo del 68 surge un nuevo feminismo que será denominado radical, que busca no sólo la igualdad jurídica, social y laboral, sino la igualdad antropológica. “La mujer es un varón” y como varón (hombre) ha de deshacerse de aquello que precisamente la diferencia de éste: la maternidad. La mujer ha de trabajar como varón, ha de pensar como un varón, vestir como un varón y vivir como un varón, renunciando a su feminidad por ser ésta una construcción opresora del varón como medio de alineación de la mujer.

Varios hechos van a marcar la segunda ola de feminismo, que constituirán la semilla del generismo.

—En 1949, la obra de Simone de Beauvoir El segundo sexo denuncia el papel secundario que la mujer ha desempeñado a lo largo de la historia.

—En 1963 Betty Friedan publica La mística femenina (The feminine mystique), que se convierte en un éxito de ventas y que servirá de punto de referencia para el movimiento feminista radical.

—En 1966 Betty Friedan, junto con otras 27 mujeres, funda la National Organization for Women (NOW) como una organización pro derechos civiles de la mujer.

—Robin Morgan lidera en 1968, junto con varios miembros de la New York Radical Women, una protesta contra la elección de Miss América por considerarla sexista y racista (No More Miss America.)

—En 1969 se funda la organización de feminismo radical Redstockings por Ellen Willis y Shulamith Firestone.

—A lo largo de los años 60 nacieron en los EE.UU. los llamados grupos de autoconciencia para tomar conciencia de la “opresión masculina,” donde grupos de mujeres se reunían para “encontrar su habitación propia, un espacio entre mujeres y para mujeres en el que pudiesen expresar libremente sus experiencias y hablar de lo callado hasta entonces.”

“Consistía en un proceso de transformación de lo oculto, de los miedos individuales en una conciencia compartida de su significado como un proceso social, la liberación de la angustia, la ansiedad, la lucha de proclamar lo doloroso y transformarlo en político.”[3]

Esta práctica comenzó con el New York Radical Women (1967), y fue Kathie Sarachild quien le dio el nombre de consciousness-raising. El objetivo era político y consistía en crear un sujeto revolucionario que tomara conciencia de clase (conciencia de género) para, desde una posición dialéctica de opresión, luchar revolucionariamente y transformar la realidad. Para estas mujeres la historia era una lucha de sexos, en la que la mujer había llevado siempre la peor parte.

No se trata sólo de ganar el espacio público, sino que además es necesario transformar el espacio privado del hogar y la familia para convertirlo en espacio político. Será precisamente en estos grupos donde surgirá en los años ‘70 la ideología de género, cuyas principales representantes serán:

—Germaine Greer: quien establece la estrategia revolucionaria de la revolución sexual.

—Kate Millet: que creará la metanarración del patriarcado.

—Shulamith Firestone: que será quien diseñe una doctrina filosófica sistemática de la dialéctica del sexo.

Simone de Beauvoir y El segundo sexo

En 1949 la filósofa francesa Simone de Beauvoir escribe el libro El segundo sexo, en el que postula que la mujer se encuentra históricamente subordinada al varón en un estado de inferioridad. La obra interpreta la historia en clave de opresión y explotación.

“El varón, como sujeto de la historia, ha marginado siempre, y en todas las civilizaciones, a la mujer, limitándola a las tareas de reproducción y el trabajo doméstico. […] La trampa de la maternidad subordina a la mujer, constituyéndola en un segundo sexo subordinado al varón para complacer su egoísmo.”[4]

De Beauvoir realiza un análisis brillante y acertado de la situación de la mujer y durante toda su obra trata de humanizar y enriquecer la condición femenina. El problema es que se inspira en una filosofía existencialista atea y que en nada humaniza a la mujer; al contrario, la conclusión final es que ésta ha de suprimir la feminidad liberándose de las “ataduras de su naturaleza” y de las funciones asociadas a ella: la maternidad y el hogar. Para Simone la mujer es un varón con un cuerpo molesto.

Pero su gran obra es la vida que llevó, convirtiéndose en el icono del feminismo radical, en el paradigma del comportamiento que imitar y admirar: una mujer autónoma, independiente, inhibida de prejuicios; partidaria del amor libre, del aborto; atea militante; escandalosa, y alternativamente heterosexual o lesbiana; y, finalmente, comprometida con el socialismo, con el feminismo y con todas las causas progresistas y transgresoras del momento.

De Beauvoir fue una mujer muy inteligente, que sin embargo vivió toda su vida a la sombra de su amante Jean-Paul Sartre, que jamás la trató como a un verdadero amor. Nunca le propuso matrimonio y la llamó de usted durante toda su vida. Se servía de ella intelectualmente y físicamente cuando le convenía o le apetecía. Sartre definió a Simone como su “amor necesario pero no suficiente.”

Sartre era un personaje feo, que medía 1,55 y padecía estrabismo. Su principal obsesión era seducir a las mujeres con su “pico de oro.” Buscaba mujeres jóvenes y hermosas para desvirgarlas y Simone se encargaba de proporcionárselas de entre sus alumnas de 16 años. Algunas de ellas quedaron embarazadas y Sartre exigió que abortaran, así que Simone se encargaba de practicarlo, como en el caso de Michelle Vian, que quedó hasta tres veces embarazada de Sartre. Simone por tres veces le provocó el aborto, hasta que la chica quedó estéril. Otras quedaron tocadas mentalmente por las prácticas sexuales a las que las sometía. En los últimos años de su vida, Simone vivió con una chica de 16 años llamada Sylie Le Bon, con la que se acostaba.

Hacia 1969 publicó la obra La mujer rota, en la que constata y reconoce que, a pesar de sus esfuerzos, su vida ha sido un fracaso.

Pensamiento de Simone de Beauvoir

Simone de Beauvoir conecta con corrientes del pensamiento aún vigentes en la actualidad: el nihilismo y el existencialismo, que niegan la metafísica y la naturaleza humana y conciben al hombre como un ser autónomo que se construye a sí mismo; el marxismo, que postulaba un igualitarismo absoluto y el camino de la praxis revolucionaria; y las teorías que fundamentan la revolución sexual en la que nos encontramos actualmente inmersos.

Para Simone de Beauvoir la historia debería interpretarse siempre en función de los intereses de los varones en mantener pasiva y limitada a la mujer. En su opinión no existe una naturaleza femenina; ésta sería una creación de la historia y de la cultura. La mujer tan sólo tiene una dimensión corporal que la condiciona y de la que debe desprenderse para poder llegar a ser como el varón: la maternidad. La mujer debe emanciparse en una doble dirección: de un lado, del dominio y de la explotación del varón, y por lo tanto de las instituciones que sirven a este fin, tales como el matrimonio y la familia; de otro lado, de la represión sexual a la que supuestamente habría estado sometida por la religión y la moral tradicional.

Margaret Mead y la antropología del género

Detrás del género subyace un estudio antropológico que busca destruir (deconstruir) todo tipo de bases biológicas de la feminidad, para poder introducir con comodidad el género como una construcción histórica y cultural. Estos estudios del género se realizaron con los bosquimanos Kung del Kalahari, los aborígenes Murngin de Australia y los Ilongos de Filipinas. Pero el origen de toda la perspectiva antropológica del género se encuentra en los estudios llevados a cabo por una joven llamada Margaret Mead (1901-1978) en la isla de Samoa.

En 1928, Margaret Mead publica su obra titulada Adolescencia, sexo y cultura en Samoa, que es considerada en la actualidad como uno de los mayores fraudes del siglo XX, aunque no en los ámbitos feministas.

Mead construye sus teorías para justificar sus propias prácticas sexuales, transfiriendo sus planes personales aberrantes a sus concepciones sociales. Mead era declaradamente bisexual, tuvo tres matrimonios hetero y dos amantes lésbicas. Además reconoce que cuando podía practicaba el “amor libre.” Ella declaró que “la heterosexualidad rígida es una perversión de la naturaleza,” así como que “la capacidad humana normal y bien documentada debe asumir la capacidad de amar a miembros de ambos sexos.”

Su obra más conocida fue el fruto de una investigación llevada a cabo en la isla de Samoa durante apenas nueve meses. Mead describe la isla como un paraíso sexual inhibido de todas las represiones que existen en Occidente por culpa del cristianismo: “En Samoa el amor romántico tal y como se da en nuestra civilización, inseparablemente unido a las ideas de la monogamia, la exclusividad, los celos y la fidelidad, no tiene lugar.” En aquella isla lo normal sería la práctica libre del sexo heterosexual y homosexual, todo ello “de manera ocasional y placentera.” “El matrimonio sin vínculos, el divorcio sin causa, la libertad sexual de los niños, de los adolescentes y los adultos es la norma social de Samoa.”

El contrapunto en este paraíso sensual lo crean, en opinión de Mead, los misioneros cristianos, “cuya oposición es tan vana, que sus protestas se consideran irrelevantes.”

La propia Mead fue firme defensora del aborto, el amor libre, el divorcio a la carta, la abolición del matrimonio monogámico y la “liberación sexual” de los niños. De ella procede el eslogan de que “todo niño debe ser un niño deseado.”

Desenmascarando el fraude de Mead

Hubo que esperar a 1983 para que el antropólogo Derek Freeman publicara una obra que desmitificara a Samoa como isla del placer. Su título era: Margaret Mead y Samoa: deshaciendo un mito de la antropología. Mead estuvo tan sólo nueve meses en Samoa y no hablaba su dialecto. Freeman dedicó a su investigación medio siglo y aprendió el samoano perfectamente. Las conclusiones de Freeman fueron que la sociedad samoana en realidad estaba construida sobre la veneración de la virginidad, una veneración que el cristianismo no inventó, sino que formaba parte de la tradición religiosa politeísta, que reservaba a las vírgenes ceremoniales llamadas taupous la más alta consideración de su escala social. De hecho los samoanos se tomaban muy en serio la exclusividad matrimonial, con tal seriedad que llegaban a castigar el adulterio con la pena de muerte.

Germaine Greer: la estrategia de la revolución sexual

Para Germaine Greer la estrategia del movimiento feminista es básicamente la que Valery Solanas realiza al asesinar de un disparo a Andy Warhol: exterminar a los hombres. Germaine Greer nace en 1939 en Melbourne (Australia.) Mientras estudió en la universidad de la ciudad fue conocida por Germaine Queer (Boyera) por su defensa de la homosexualidad y el lesbianismo. Se fue a vivir a Sydney con un grupo de anarquistas que practicaban el “amor libre” en comuna. En 1963 consigue una beca para estudiar en la Universidad de Cambridge y doctorarse en Artes. Escribía periódicamente sobre temas pornográficos en la revista Underground.

En 1968 se casó con un periodista australiano y su matrimonio duró exactamente tres semanas. El resto de su vida se dedicó a escribir sobre aquellos temas que más la obsesionaban como la infertilidad, el sexo lésbico y heterosexual, la menopausia, la violación, etc. En 1970 Greer publica El eunuco femenino, donde denuncia el comportamiento sexual insatisfactorio y pasivo de las mujeres en la sociedad: “un ser producido por la cultura patriarcal: joven, sonriente, lampiño, de expresión seductora y sumisa.”

Greer asume las tesis del freudomarxismo de Marcuse y Reich sobre la revolución sexual. Para ellos el capitalismo habría encerrado al hombre en una sociedad reprimida sexualmente, cuya liberación sólo podría producirse a través de la revolución sexual, mediante la supresión de todas las trabas a la libido y a la práctica del amor libre. Para Greer “la sexualidad es práctica revolucionaria y provee de energía para destruir y crear.”

Reconoce ciertamente que, así como durante la época clásica, el Renacimiento y el Barroco la sexualidad femenina había sido exaltada, durante el siglo XIX y principios del XX se había vuelto oculta y oscurantista.Para Greer la represión sexual produce una “castración de la mujer” en la que el varón se apropia de la energía sexual femenina, distorsionándola con dos tipos de mitos: el amor romántico y el matrimonio. Ambos constituyen “la fantasía mutua sobre el amor heterosexual más comúnmente aceptada en nuestra sociedad: la familia.”[5]

La revolución ha de consistir en romper las “relaciones socialmente legitimadas como el matrimonio; la mujer debe ser autosuficiente y evitar de manera deliberada establecer dependencias exclusivas y otros tipos de simbiosis neuróticas.” “La mujer revolucionaria tiene que saber quiénes son sus enemigos: los médicos, psiquiatras, auxiliares sanitarios, sacerdotes, asesores matrimoniales, policías, jueces y elegantes reformadores. Tiene que saber quiénes son sus amigas, sus hermanas y buscar entre sus rasgos los suyos propios. Con ellas podrá descubrir la cooperación, la comprensión y el amor.”[6]

Años después Greer escribe la obra Sexo y destino (1985), en la que cambió drásticamente sus concepciones feministas de juventud. En ella reconoce el valor de la maternidad, el control del cuerpo y de los instintos, la familia e incluso la castidad. También denuncia que la sociedad occidental se está suicidando por sus políticas de control de la natalidad y que está cometiendo un genocidio con el Tercer Mundo al propagar estas políticas.

Greer denuncia la hostilidad occidental hacia la infancia y la maternidad. Ella cree que la mujer-madre del Tercer Mundo es el último baluarte frente al avance del imperialismo tecnocrático occidental y que es la última esperanza para frenar la decadencia de la especie humana. No cree que la emancipación femenina consista en adoptar el rol masculino o en imitar al varón, sino en un feminismo de la diferencia. Propone una nueva forma de poder femenino consistente en el monopolio de la maternidad. Denuncia la “religión del orgasmo” como un “nuevo opio del pueblo” favorecido por el capitalismo como estrategia de control para neutralizar al feminismo.

Kate Millet: la nueva gran narración del patriarcado

En 1969 Kate Millet escribió la obra Política sexual basándose en su tesis doctoral para la Univesidad de Columbia de Nueva York. En ella atacaba a la cultura occidental acusándola de misoginia, aunque se centraba en algunos escritores como John Ruskin, Oscar Wilde, H. Lawrence, Henry Miller, etc.

A partir de este texto surgirán en las universidades estadounidenses departamentos de women studies que se convertirán en importantes centros de difusión de la llamada ideología de género (gender) en forma de tesis doctorales, libros, revistas, etc. La idea principal de la obra de Millet es que la mujer ha estado universalmente oprimida y explotada por el hombre y que este sistema de dominación, al que denominó patriarcado, sería la base de todos los demás sistemas opresores.

Según Millet la actual imagen de inferioridad de las mujeres es un producto del mito y de la religión, principalmente judeocristiana, donde la figura de Eva, identificada con el pecado, asimila a la mujer con el mal y en consecuencia condiciona la sumisión de la mujer al varón. Por supuesto, desconoce la figura bíblica de María como vencedora del pecado, según la teología cristiana.

Millet desarrolla así la idea de género. En su opinión el sistema patriarcal produce individuos y géneros, en concreto el género femenino, esencialmente inferior y sometido al masculino. Para librarse del género femenino, la mujer ha de convertirse en lesbiana, un lesbianismo entendido como una comunidad femenina: “El comportamiento femenino es poderoso.” En 1970 es portada de la revista Time al declarar en un mitin su condición de lesbiana. A partir de entonces se dedicó a escribir sobre su vida sexual y la “agonía” que sufrió para realizar su elección sexual. Con ella aparece lo que llamaría “conciencia lesbiana” o feminismo lesbiano que considera que el amor entre mujeres puede y debe ser un acto político de liberación. Según ella, cualquier mujer que mantuviera relaciones heterosexuales estaba “durmiendo con el enemigo.”

Para Kate Millet la revolución sexual se realiza en tres fases. Comienza con la emancipación de la mujer como principal víctima del patriarcado, continúa con el fin de la opresión de los homosexuales y termina con la “liberación sexual” de los niños.

En su opinión la familia ejercería un control represor de la vida sexual de los niños como forma de controlarlos y por ello defiende el derecho de los niños a expresarse sexualmente. Así, Millet propondrá que se supriman las limitaciones a la edad de consentimiento.

“Uno de los derechos esenciales de los niños es el de expresarse a sí mismos sexualmente, probablemente entre ellos en un principio, pero también con adultos.”[7]

Uno de los aspectos más cruciales de reescribir la historia desde el punto de vista del género es que ésta se presenta como una narración dominada por la violencia masculina con el fin de tener sometida a la mujer. Según esta forma tan reducida de entender la historia, entre las primeras instituciones violentas estarían el matrimonio y a la familia.

El feminismo radical presenta al varón como un ser agresivo y violento, mientras que la mujer es presentada como dulce y cariñosa. Incluso la sexualidad de ambos se muestra como radicalmente distinta. Al varón se le presenta con una sexualidad exclusivamente centrada en los genitales y carente de amor y emoción. La femenina se vende como más afectiva y tierna, y orientada a los sentimientos. Curiosamente, cuando se amplían estas categorías a otras modalidades del género como los homosexuales (gays), a éstos se les representa como seres cariñosos, que escuchan, son atentos, tiernos, educados y odian la violencia.

Para Germaine Green la violencia sería la característica esencial en los varones. Para ella el “macho humano” es un animal depredador.

“La agresividad, la tensión sexual y la relación jerárquica son determinantes genéticos del machismo que se encuentra en todos los hombres.” [8]

Algunas feministas llegan a justificar fisiológicamente estos dos extremos en la acción de las hormonas, tan diferentes en ambos sexos. Los varones estarían controlados y determinados por la testosterona, mientras que las mujeres serían dominadas por los ciclos hormonales de la progesterona y los esteroides. Andrea Dworkin lleva este concepto al extremo al afirmar que “los hombres aman la muerte; los hombres aman especialmente el asesinato.” [9] MacKinnon dirá que la necrofilia es el mensaje principal del patriarcado, en cambio las mujeres se identifican con la vida, la naturaleza, la tierra y la fertilidad.[10]

Para el feminismo radical toda forma de relación sexual sería una violación.

“Para los hombres el sexo es sinónimo de violación y el pene es instrumento de poder y de terror, y la pornografía es la representación de todos estos males.”[11]

La solución pasaría por la abolición de la heterosexualidad (noviazgo, matrimonio y familia) y la proclamación del lesbianismo como única opción política posible. Por ello cuando se habla de violencia de sexo, en el feminismo radical se refieren a cualquier relación sexual de una mujer con un varón.

Shulamith Firestone: la doctrina científica

La última ideóloga del género que presentamos en esta obra es Shulamith Firestone. En 1970 publica la obra La dialéctica del sexo, en la que reformula el feminismo como un proyecto radical en el sentido marxista. Para ella el término ‘radical’ apunta a la raíz misma de la opresión y ésta no es otra sino la maternidad. Para Shulamith la maternidad, definida como “la servidumbre reproductiva determinada por la biología,” era la causa principal de la opresión de la mujer.

“Para los hombres el sexo es sinónimo de violación y el pene es instrumento de poder y de terror, y la pornografía es la representación de todos estos males.”[12]

“El núcleo de la explotación de las mujeres radica precisamente en su función de gestación y educación de los hijos.”[13]

Shulamith construye todo un metarrelato ideológico basándose en el freudomarxismo de la Escuela de Frankfurt, aunque en vez de desarrollar una interpretación materialista y económica de la historia, realizará una interpretación materialista-sexual de ésta, que denominará “la dialéctica del sexo.”

La dialéctica del sexo divide la sociedad en dos clases biológicas diferenciadas por sus fines reproductivos, con conflictos entre sí nacidos del propio sistema de matrimonio, reproducción y educación de los hijos y de la división del trabajo basada en el sexo, que ha evolucionado hacia un sistema económico y cultural de clases.

Si la reproducción biológica es el problema, Shulamith propone suprimirla y establecer como sistema general de preservación de la especie la reproducción artificial, ya que la ciencia actual lo hace posible. Es lo que denomina Cybernation.

“Del mismo modo que para asegurar la eliminación de las clases económicas se necesita una revuelta de la clase inferior (el proletariado) y — mediante una dictadura temporal — la confiscación de los medios de producción, de igual modo, para asegurar la eliminación de las clases sexuales se necesita una revuelta de la clase inferior (mujeres) y la confiscación del control de la reproducción; es indispensable no sólo la plena restitución a las mujeres de la propiedad sobre sus cuerpos, sino también la confiscación (temporal) por parte de ellas del control de la fertilidad humana… El objetivo final de la revolución feminista no debe limitarse a la eliminación de los privilegios masculinos, sino que debe alcanzar a la distinción misma de sexo; las diferencias genitales entre los seres humanos deberían pasar a ser culturalmente neutras … La reproducción de la especie a través de uno de los sexos en beneficio de ambos sería sustituida por la reproducción artificial… La división del trabajo desaparecería mediante la eliminación total del mismo (cybernation.) Se destruiría así la tiranía de la familia biológica.”[14]

Para Marx el objetivo revolucionario de los obreros es controlar los medios de producción. Para Firestone el objetivo revolucionario de las mujeres es controlar los medios de reproducción, y para conseguirlo hay que abolir la familia biológica, que es fuente de tabús y de problemas. Tabús como el del incesto, el tabú del padre como símbolo de poder, envidia del pene por parte de la niña, etc.

La supresión de la familia que quiere Shulamith conseguiría desinhibir los instintos reprimidos y las pulsiones de placer que oprimen a los individuos y sociedades, ya que al apoderarse del control de la reproducción la mujer se hace dueña de su propio cuerpo. (“Mi cuerpo es mío” gritaban como slogan las defensoras del aborto en los años 80.)

Otro aspecto crucial en la ideología de Firestone es que para ella la infancia es otro mito y por lo tanto otra construcción cultural. Así como se ha producido una emancipación de la mujer, ha de producirse una emancipación sexual de la infancia. Esta emancipación pasa por suprimir el proteccionismo de los niños, que crea una cultura de defensa y cuidado hacia ellos. Ejemplos de estas perversas ideas las tenemos en la actualidad en España: desaparición del horario de protección infantil, acceso libre en Internet a la pornografía, educación sexual-genital en primaria, genitalidad de los dibujos animados, etc..)

En la actualidad

Mientras miles de profesoras feministas dominan y controlan algunos departamentos de universidades americanas, los estudiantes reconocen que este feminismo es un fraude y lo consideran como una de las causas de la violencia creciente entre varones y mujeres.

El movimiento feminista radical se ha aliado con el activismo gay y la temática del lesbianismo está monopolizando el debate. El feminismo radical procura ocultar su concepción del matrimonio como explotación y del parto como una esclavitud.

Últimamente están adoptando una perspectiva esencialista en la que la homosexualidad está biológicamente determinada y es inmutable, aunque en privado reconocen que nada de esto está probado, pues supondría ir en contra de sus principios de construcción social del género.


[1] Cristina Delgado, “Reporte sobre la Conferencia Regional de Mar de Plata, Argentina”; en el que recoge diversas citas de “feministas de género.”

[2] Auguste Comte, Curso de filosofía positiva, 1839.

[3] Juliet Michell, citado en: Jesús Trillo Figueroa, Una revolución silenciosa, pág. 47.

[4] Simone de Beauvoir, El segundo sexo, pág. 31.

[5] Germaine Greer, La mujer eunuco, Ed. Kairós, pág. 25.

[6] Ídem, pág. 28.

[7] Kate Millet, “Revolución sexual y la liberación de los niños,” en: Jesús Trillo-Figueroa, La ideología de género, 2009, p. 62.

[8] Germaine Greer, Los hombres y la violencia sexual; citado en: Raquel Osborne, “Debates en torno al feminismo cultural”, El País, 24 de mayo de 1987.

[9] Raquel Osborne, op. cit., pág. 221.

[10] Jesús Trillo Figueroa, Una revolución silenciosa, Libros libres, pág. 89.

[11] Idem, pág. 90.

[12] Idem, pág. 90.

[13] Shulamith Firestone, La dialéctica del sexo; citado en: Jesús Trillo Figueroa, Una revolución silenciosa, pág. 56.

[14] Shulamith Firestone, La dialéctica del sexo, Editorial Kairós, Barcelona, 1976, pág. 20.

Anuncios