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Daniel Iglesias Grèzes

Hace casi un año, a través de un interesante artículo de Jorge Soley, notable bloguero del portal InfoCatólica, me enteré de que en medios católicos conservadores y tradicionalistas de los Estados Unidos de América se está discutiendo bastante acerca de una idea o propuesta llamada “Benedict Option” (Opción Benito). El principal propulsor de esa idea es Rod Dreher, escritor estadounidense de religión ortodoxa oriental, quien la ha expuesto y defendido en múltiples artículos. Actualmente Dreher está escribiendo un libro sobre ese tema.

Al parecer, Dreher tomó la idea de la “Opción Benito” del párrafo final del libro After Virtue,[1] de Alasdair MacIntyre. Tras la virtud fue uno de los libros de filosofía moral más influyentes de los años ‘80 en Norteamérica. El autor, nacido en Escocia en 1929 y residente en los Estados Unidos, se convirtió al catolicismo a principios de los ‘80 y ahora procura seguir un enfoque tomista en la filosofía moral. A continuación reproduciré el párrafo final de Tras la virtud.

“Es siempre peligroso establecer paralelismos demasiado precisos entre un período histórico y otro; y entre los más engañosos de tales paralelismos están aquellos que han sido establecidos entre nuestra propia época en Europa y Norteamérica y la época en la cual el Imperio Romano declinó adentrándose en la Edad Oscura. No obstante existen ciertos paralelismos. Ocurrió un punto de inflexión crucial en esa historia anterior cuando hombres y mujeres de buena voluntad se apartaron de la tarea de apuntalar el imperium Romano y cesaron de identificar la continuación de la civilidad y de la comunidad moral con la conservación de ese imperium. Lo que ellos se propusieron lograr en lugar de eso –a menudo sin darse cuenta completamente de lo que estaban haciendo– fue la construcción de nuevas formas de comunidad dentro de las cuales la vida moral podía ser sostenida, de modo que tanto la moralidad como la civilidad pudieran sobrevivir en la era adveniente de barbarie y oscuridad. Si mi descripción de nuestra condición moral es correcta, deberíamos también concluir que desde hace algún tiempo también nosotros hemos alcanzado ese punto de inflexión. Lo que importa en esta etapa es la construcción de formas locales de comunidad dentro de las cuales la civilidad y la vida intelectual y moral puedan ser sostenidas a través de la nueva edad oscura que ya está sobre nosotros. Y si la tradición de las virtudes fue capaz de sobrevivir los horrores de la última edad oscura, nosotros no estamos enteramente carentes de fundamentos para la esperanza. Esta vez, sin embargo, los bárbaros no están esperando más allá de las fronteras; ellos ya han estado gobernándonos por bastante tiempo. Y es nuestra falta de conciencia de esto lo que constituye parte de nuestro problema. No estamos esperando a un Godot, sino a otro –indudablemente muy diferente– San Benito.”[2]

El debate norteamericano sobre la Benedict Option es bastante confuso, en parte debido a la gran complejidad del asunto, y en parte porque, al parecer, Dreher no ha logrado presentar muy claramente su propuesta. Así, por medio de una traducción quizás demasiado lineal de la “fuga del mundo” característica de la vida monástica medieval, la Benedict Option es entendida por muchos partidarios y detractores como una propuesta de retirada de la lucha política y de las “guerras culturales” (culture wars) que han absorbido buena parte de las energías de los cristianos norteamericanos en las últimas décadas. Sin embargo, a mi juicio, el abandono de esa lucha parece, no sólo una idea suicida, sino también una idea que no se deduce de la esencia de la Benedict Option. Ésta tampoco implica necesariamente un retiro físico, sino que parece consistir más bien en un énfasis intenso y renovado en la dimensión comunitaria de la vida cristiana.

Hace seis años, sin saber nada de la Benedict Option, intenté una primera aproximación a esta compleja temática publicando en el nro. 54 de Fe y Razón un artículo titulado “Vida cristiana y comunidades cristianas”.

Hace poco releí Evangelio y utopía, del Pbro. Dr. José María Iraburu; un libro muy original, que arroja mucha luz sobre esta importante cuestión.[3] Recomiendo vivamente la lectura de este excelente libro del Padre Iraburu a quienes estén interesados en el debate sobre la Benedict Option.

En parte ese debate es intrincado porque falta una definición clara y compartida de la Benedict Option. Cada uno (y yo me incluyo aquí) imagina esa opción un poco a su manera. A mi modo de ver, la Opción Benito que hoy se discute no consiste en una imitación exacta de lo que hicieron San Benito y sus monjes hace unos 1.500 años, sino que se trata más bien de una analogía o similitud parcial. Los monasterios benedictinos fueron durante mucho tiempo algo así como oasis cristianos en medio de una sociedad en gran medida pagana. Sin embargo, no evitaron dedicarse a la evangelización, sino que, en realidad, fueron sobre todo los monjes los que evangelizaron o re-evangelizaron Europa. La Iglesia es misionera por naturaleza, así que no puede ponerse en cuestión si debe o no dedicar esfuerzos a la misión. La cuestión es cómo evangelizar mejor.

Pienso que en Norteamérica se liga demasiado estrechamente la Benedict Option con un retiro físico (o geográfico) comunitario. Pero, a mi juicio, guiado en esto por las reflexiones del Padre Iraburu, las comunidades cristianas laicales “utópicas” (en el sentido en que él usa el término “utopía” en Evangelio y Utopía) no implican necesariamente la vida en común, como los monasterios. Pueden ser también ámbitos de encuentro, de formación y de comunión que fortalecen la fe y las demás virtudes de cristianos que físicamente siguen viviendo y actuando “en medio del mundo”.


[1] Trad. “Tras la virtud”.

[2] Alasdair MacIntyre, After Virtue. A Study in Moral Theory, University of Notre Dame Press; Notre Dame, Indiana, 1984, Second Edition, p. 263. Traducción del autor.

[3] Evangelio y Utopía puede descargarse gratuitamente en formato PDF en la red.