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Raymond de Souza

La Iglesia Católica mantiene que cuatro hombres escribieron los Evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Es decir, los escritores eran judíos, y estaban familiarizados con el idioma griego coloquial de ese tiempo, el griego helenístico o koiné, que era la lingua franca del Imperio Romano.

¿Los Evangelios son textos completos? Los musulmanes y otros creyentes anticatólicos han sostenido que los textos de los Evangelios están incompletos o corrompidos o cualquier otra cosa que les ha venido a sus mentes para decir. Los musulmanes dicen incluso que los Evangelios originales hablaban de Mahoma, pero esos terribles cristianos primitivos quitaron todas las menciones de su profeta. El único problema es que ellos no presentan ninguna prueba histórica que dé ningún peso en absoluto a su afirmación. Ellos dicen eso, y se supone que eso es suficiente para que nosotros los cristianos caigamos de rodillas, rasguemos nuestras vestiduras y gritemos con fuerza suplicando perdón. Ellos no se dan cuenta de que la carga de la prueba incumbe al acusador, no al defensor. El Islam vino 600 años después de que los Evangelios fueron escritos… y nosotros no tenemos necesidad de defender a los Evangelios contra críticas tan absurdas: ¡dejemos que ellos las prueben! Por supuesto, no lo hacen; y sin embargo todavía creen en ellas…

No, los Evangelios han llegado hasta nosotros intactos, sin adiciones ni supresiones. En los primeros tiempos de la Iglesia había otros textos en circulación, que algunas personas aceptaron como ‘evangelios’, pero en el Concilio de Cartago (397 DC) fueron considerados espurios o falsos, y su uso en las iglesias fue eliminado. En cambio, la Iglesia veneró sólo a los cuatro Evangelios que tenemos hoy en la Biblia, y rechazó a todos los otros. La práctica de leer textos de los Evangelios durante el culto público –hoy lo llamamos ‘El Santo Sacrificio de la Misa’– proviene del primer siglo de la era cristiana. Cualquier intento de cualquiera que tratara de cambiar el texto habría sido inmediatamente notado y denunciado. Esto es especialmente cierto en el caso de cristianos como los de Abitina, que dieron sus vidas a fin de no entregar los textos del Evangelio a las llamas. Nadie en su sano juicio daría su vida para proteger un texto corrompido…

Los Evangelios fueron copiados, re-copiados, re-re-copiados, traducidos a varios idiomas y distribuidos ampliamente entre las iglesias primitivas. Por supuesto, no había imprentas y el analfabetismo estaba extendido, pero los Obispos tenían copias de los Evangelios y hacían que fueran leídos y explicados en la Misa. Y, a pesar de todas esas copias y traducciones, la sustancia del mensaje se mantuvo igual, como lo atestiguan las copias más antiguas de los Evangelios completos (siglo IV). Sobre todo, la explicación del mensaje dada por el Magisterio vivo de la Iglesia aseguró que fuera transmitido fiel y concienzudamente.

Precisamente porque el analfabetismo estaba extendido, la mayoría de la gente confiaba en su memoria. Los fieles judíos conocían los salmos de memoria y cuando los cantaban en la sinagoga no había misalitos distribuidos para ayudarlos con las letras. No, ellos sabían todo de memoria. Y tal instrumento –la memoria– era sumamente útil para asegurar la correcta copia y traducción de los Evangelios. Hoy vivimos en una época de imágenes y textos impresos, y así estamos bastante mimados y no desarrollamos las capacidades de nuestra memoria como lo hacían esas personas de aquel entonces.

Nadie de los que leen hoy la literatura clásica antigua (Platón, César, Cicerón, etc.) duda de su autenticidad. Se da por supuesto que esas obras fueron escritas por los hombres que se dice que las escribieron. Pero, ¿cuán antiguos son los textos que poseemos? Ninguno de ellos es anterior al siglo IX de nuestra era, o sea muchos siglos después de que sus autores vivieron y los escribieron; y la mayoría de ellos vivió antes de Cristo.

Los Evangelios están en una situación inmensamente mejor, como podemos ver por la enorme cantidad de escritos y fragmentos de escritos que datan de los primeros tiempos del cristianismo. Yo mismo fui una vez al Museo Británico en Londres para ver la copia más antigua existente de la Biblia entera; una Biblia completa, con el Antiguo Testamento completo, que data del siglo IV (en ese entonces no había innovaciones de Lutero para cuestionar libros de la Biblia). Está escrita en griego, y es el mismo texto que tenemos hoy en las Biblias católicas, especialmente la versión de Douay-Rheims.

¡Pero aunque los clásicos griegos y romanos siguen siendo leídos y estudiados sin cuestionamientos, los racionalistas niegan la autenticidad de los Evangelios! Es irracional cuestionar los libros recientes y aceptar los antiguos; por lo tanto quienes cuestionan los Evangelios deberían negar también la literatura clásica antigua, dado que ésta posee una evidencia de autenticidad enormemente menor.

Adolf von Harnack fue un historiador alemán que gozó de una gran reputación entre los racionalistas y los protestantes. Él murió en 1930 y también fue un racionalista –¡no era en absoluto un católico practicante! Pero él estudió la evidencia histórica acerca de los Evangelios y concluyó, igual que lo haría un verdadero historiador católico, que los Evangelios sinópticos (los Evangelios de los Santos Mateo, Marcos y Lucas) fueron escritos antes del 70 DC (el año de la caída de Jerusalén). Su testimonio es invalorable, porque él se dio cuenta de que, si esos Evangelios hubieran sido escritos después de la caída de Jerusalén, los autores ciertamente habrían mencionado el evento, como una prueba final de la profecía y la misión de Jesús. ¡Pero no lo mencionaron, porque cuando ellos escribieron sus Evangelios Jerusalén estaba todavía allí! Y von Harnack, aunque no creía en los Evangelios, admitió la evidencia histórica de que ellos fueron escritos por hombres que habían sido contemporáneos del mismo Jesucristo, es decir antes del año 70 DC. De hecho, él ubicó la redacción de los Evangelios de San Lucas y de San Marcos antes del año 60 y la redacción de los Hechos de los Apóstoles hacia el año 62.

El Evangelio de San Juan fue escrito mucho después, y von Harnack pasó largo tiempo inseguro acerca de su fecha exacta de redacción, hasta que finalmente lo fechó hacia el año 80 DC. Por consiguiente, los que dicen que los Evangelios fueron escritos siglos después de Jesús están repitiendo como loros una mentira histórica, pura y simplemente.

Una nota interesante acerca de ese académico racionalista: poco antes de su muerte, él admitió la tradición de la Iglesia de que la narración de San Lucas de los eventos referentes al nacimiento de Jesús fue extraída de la propia María, quien era el único testigo vivo de esos eventos.

Traducción del inglés por Daniel Iglesias Grèzes.