amoris-aquinas

Riccardo Cascioli

Estos días ha creado un gran revuelo y preocupación la noticia de una carta privada del Papa Francisco en la que aprueba incondicionalmente las líneas directrices de Amoris Laetitia difundidas por los obispos de la región de Buenos Aires para la interpretación del famoso capítulo VIII de la exhortación apostólica. La noticia está en el hecho de que, finalmente –en algunos casos y bajo ciertas condiciones– las parejas divorciadas en nueva unión tendrían acceso a la Eucaristía, y el Papa habría dicho que “no hay ninguna otra interpretación posible.”[1]

Hasta ahora, de hecho, frente a pasajes ambiguos del capítulo VIII de Amoris Laetitia, ha habido diversas interpretaciones, incluso diametralmente opuestas, dadas por teólogos y obispos, y varios cardenales y obispos también han solicitado aclaraciones del Papa sobre algunos puntos controvertidos. Hasta ahora no ha habido ninguna respuesta oficial de Francisco, pero ahora tenemos aquí una carta privada, que habría sido destinada a seguir siéndolo si alguien no la hubiese pasado a la prensa. Los ambientes progresistas están elevando gritos de júbilo y abucheos a los conservadores acérrimos, que obstinadamente no querrían comprender.

Si debiésemos hacer caso a quienes dicen que “este debate está cerrado”, tendríamos esta situación:

  1. Un cambio objetivo de la doctrina: donde Familiaris Consortio(Nº 84) reiteraba “su práctica, fundada en las Escrituras, de no admitir a divorciados en nueva unión a la comunión eucarística”, Amoris Laetitiaharía  posible esta admisión, aunque sólo en ciertos casos. Aquellos que sostengan que sería sólo un cambio de enfoque pastoral y no de una doctrina, deben tener obviamente algún problema con el principio de no contradicción;
  2. este cambio de doctrina se llevaría a cabo no por declaración explícita sino gracias a una posible interpretación de las notas (repito: notas) 329: 336 y 351 de la Amoris Laetitia;
  3. la interpretación auténtica –y definitiva– sería confiada en una carta privada del Papa a algunos obispos. Esto significa que, si ninguna mano la hubiera pasado a un periódico, tal vez los católicos de todo el mundo nunca la hubiesen conocido.

Se trata de un cuadro francamente surrealista, que prescinde de lo que objetivamente es el Magisterio, y que sirve a aquellos que quieren el cambio doctrinal de la Iglesia en cierta dirección y que usan cualquier medio para lograrlo, buscando crear una mentalidad favorable a ese cambio. En todo esto los pronunciamientos magisteriales se convierten en opcionales: se repite una y otra vez el esquema del “espíritu del Concilio”, que hace caso omiso de lo que afirman realmente los documentos del Concilio.

Por otra parte, sin embargo, hay algunos elementos que sugieren una consideración más compleja del asunto de lo que parece a primera vista. Ante todo, las fechas: el documento de los obispos de Argentina está datado el 5 de septiembre y del 5 de septiembre es también la respuesta de Francisco. Una rapidez verdaderamente insólita para la respuesta de un Papa, que debe reflexionar acerca de temas y procedimientos más bien importantes.

Asimismo, después de la publicación de los documentos en el sitio web de InfoCatólica, debe haber habido una reacción al menos de una parte de los obispos argentinos, porque se dijo que las directrices no eran definitivas, sino que se trataba de un proyecto o borrador para ser revisado. Pero si eso es cierto, ¿quién ha  involucrado al Papa en la aprobación de las directrices no adoptadas todavía?[2]

Son preguntas que quizás en los próximos días serán contestadas, pero volviendo a la historia principal, hay que preguntarse qué va a pasar próximamente, qué reacciones podrán tener los obispos y cardenales que ya han solicitado aclaraciones al Papa o que en sus lineamientos oficiales dieron una interpretación completamente distinta al capítulo VIII de Amoris Laetitia.

Ahora bien, aunque la carta firmada por Francisco refleje sus verdaderos pensamientos sobre el tema, esto no significa que se pueda considerar el final del debate. Por el simple hecho de que cambios doctrinales o recomendaciones pastorales deben ser “enseñadas” (Magisterio significa enseñanza) en la modalidad requerida y de una forma clara, sin ambigüedades (¿de lo contrario qué tipo de enseñanza es?). En otras palabras: si el Papa Francisco –como cualquier otro Papa– quisiera cambiar realmente las condiciones de acceso a la Eucaristía, tendría que decirlo explícitamente dirigiéndose a todos los cristianos. Una carta privada, destinada a ser leída por unos pocos amigos íntimos, no es un acto de Magisterio, ni pueden serlo frases –o incluso notas– poco claras.  El resto son habladurías.

Traducido por María Virginia Olivera de Gristelli del artículo publicado originalmente en La Nuova Bussola Quotidiana.


[1] Periodista, Presidente del CESPAS: Centro Europeo di Studi su Popolazione, Ambiente e Sviluppo, Director de La Nuova Bussola Quotidiana

[2] NOTA DEL EDITOR: El texto “Criterios básicos (etc.)” de los Obispos era ya el día 5, el definitivo.

Anuncios