rituales-estereotipos-prejuicios
José Alfredo Elía Marcos

El ser humano crece y se desarrolla en comunidad, pero en la convivencia se producen dificultades y situaciones que rompen el orden y la estabilidad interna del grupo. Para ello se crean leyes, costumbres y tradiciones que tienen como función reforzar los lazos que nos vinculan y nos identifican como miembros de una sociedad.

Entre estos elementos se encuentran los rituales. Una serie de actos, con una cierta carga de obligatoriedad, que nos reafirman como pertenecientes a un colectivo, que nos acepta y nos dice “eres de los nuestros”. De la fidelidad a estas prácticas rituales de cada uno de sus miembros, depende la cohesión y, por tanto, la supervivencia del grupo. A esto los sociólogos lo llaman mores. Ritos cuya obligatoriedad no está sancionada legalmente pero cuyo incumplimiento puede generar mayor rechazo que si se cometiera un delito.

El estereotipo es otro elemento que consolida los lazos de un grupo y lo identifica. Por el estereotipo un grupo se autopercibe y percibe a “los otros”. El término estereotipo (del griego steréos, que significa “sólido” y typos, que significa “molde”) hace referencia precisamente a eso, a un patrón o modelo fijo, que puede ser un modo de actuar rígido. El racismo se alimenta de estos estereotipos, creando etiquetas positivas para los que son de los “nuestros”, y etiquetas negativas para los “otros”. Por ejemplo, los ingleses son percibidos como puntuales, los alemanes como racionales, los estadounidenses como eficientes, etc. En cambio los judíos son percibidos como usureros, los mexicanos como perezosos y los negros como salvajes. Todas estas imágenes parciales y distorsionadas de la realidad son creadas y amplificadas por la literatura y los medios de comunicación. Por ejemplo, cuando un periódico publica el titular: “Detienen a una banda de rumanos que se dedicaban a robar viviendas,” el lector, de manera inconsciente, realiza una serie de asociaciones, como que los rumanos (todos los rumanos) están organizados para hacer el mal, que todos son en cierta medida delincuentes, que sólo se dedican a delinquir, y que su sola presencia constituye una amenaza para la seguridad.

El humor también sirve a veces como altavoz, refuerzo y prolongador de estos estereotipos. Clásicos en España son los chistes que empiezan con “un inglés, un francés y un español”, en los que el español termina apareciendo como el tonto, el patoso o el ineficiente. O bien los chistes de regiones donde los catalanes aparecen como tacaños, los vascos como brutos, los aragoneses como tozudos, los madrileños como chulos, los gallegos como ingenuos, los castellanos como paletos y los andaluces como juerguistas.

El estereotipo crea una imagen empobrecida de la realidad. Simplifica al “otro” con tres o cuatro rasgos, que además se consideran fijos e inamovibles. Además nos hace intelectualmente perezosos porque reduce la enorme riqueza y diversidad de los demás a una mera “etiqueta” simplificadora.

“Un estereotipo es la percepción de que la mayor parte de los miembros de una categoría comparten los mismos atributos. El estereotipo procede directamente del proceso de categorización, en particular de la asimilación consecuente de las diferencias intergrupales.”[1]

Al final el estereotipo conduce a la formación de prejuicios de aquellos que no son “de los nuestros”. Prejuzgar supone realizar un juicio sin pruebas o datos. Es decidir acerca de algo antes de haber tenido experiencia de ello. El prejuicio, en cuanto actitud hacia los miembros de un grupo, nace de una imagen pobre y simplificadora de los mismos y tiene su origen en la herencia cultural de la sociedad que prejuzga. El psicólogo Gordon Allport habla de las tres dimensiones que aparecen en el prejuicio:

  • Dimensión cognoscitiva:son las creencias o teorías previas que tenemos acerca de un grupo (las mujeres son malas conductoras, los negros juegan mejor al baloncesto y los americanos son buenos para los negocios).
  • Dimensión afectiva:son los sentimientos que tenemos hacia el grupo de diferentes (los catalanes son tacaños, los alemanes son ahorradores).
  • Dimensión de actitud:es la disposición que, como consecuencia de alguno de los anteriores componentes o de los dos, tenemos hacia los otros (no quiero tener por vecino a un gitano porque ”los gitanos son ladrones.)[2]

La propaganda racista ha ido históricamente creando y apoyándose en estos elementos: prejuicios, estereotipos y ritos para dirigir, controlar y manipular las sociedades con fines políticos y económicos de dominio.[3]


[1] Rupert Brown, Prejuicio. Su psicología social, Alianza Editorial, España, 1995: p. 110.

[2] José Alfredo Elía Marcos, Las mentiras del Racismo. El peligroso mito de la raza y la falaz ideología del determinismo biológico, Sec. 1.2

[3] Nota de Fe y Razón: Estamos publicando en entregas sucesivas, con permiso del autor, el libro Las mentiras del Racismo. Es un libro muy trabajado, en el que se expone el verdadero origen de la ideología del racismo, su desarrollo histórico (colonialismo, apartheid, nazismo…) y cómo fue vencida (teóricamente, que no en la práctica) durante el siglo XX. Es un texto sorprendente y revelador de cómo una ideología materialista y atea originó una falsa antropología sobre el hombre y sus relaciones; una ideología que tiene su sustituto actual en otro planteamiento deshumanizador y destructor: la ideología de género. El autor es español, nacido en Valladolid y residente en Madrid. Licenciado en Ciencias Físicas. Profesor de Instituto, casado y padre de tres niños. Ha dado diversas conferencias sobre Publicidad, Antropología, Ciencia y Fe. También ha dado cursos sobre Cine y Educación, y Cultura de la Vida. Autor del libro Superpoblación: La conjura contra la vida humana, y de los blogs No matarás y Las mentiras del racismo.