dios-no-es-injusto
Néstor Martínez Valls

En una reciente edición de Aciprensa[1] se transcriben las siguientes expresiones del Papa Francisco: ”‘¿Por qué sufren los niños?’, volvió a insistir Francisco. ‘Es una de las preguntas abiertas de nuestra existencia. No lo sabemos. ¿Es Dios injusto? Sí, fue injusto con su Hijo. Lo mandó a la cruz. Pero es nuestra existencia humana, es nuestra carne la que sufre en esos niños. Y cuando se sufre, no se habla: se llora y se reza en silencio.”

Como muestra el video[2] a partir del minuto 29:27, el Papa intercala una frase, no transcrita por Aciprensa, que no permite adjudicarle sin más la afirmación de injusticia en Dios, si bien el sentido global no queda, en definitiva, claro: “¿Es Dios injusto? Sí, fue injusto con su Hijo. Lo mandó a la cruz. Si seguimos esa lógica, debemos decir eso. Pero es nuestra existencia humana…”, etc.

Sin entrar en el sentido que haya querido darles su autor, las palabras que aquí se transcriben, tal como suenan según el entendimiento común de las mismas, son blasfemas y contrarias a la fe católica, es decir, nos referimos a la afirmación de que Dios es injusto, y que fue injusto al enviar a su Hijo a la muerte en Cruz.

Sí se dice la verdad en cuanto a que Dios envió (“mandó”) a su Hijo a la muerte en la cruz en vez de simplemente “permitirla”. Dice el Catecismo de la Iglesia Católica:

“La muerte violenta de Jesús no fue fruto del azar en una desgraciada constelación de circunstancias. Pertenece al misterio del designio de Dios, como lo explica San Pedro a los judíos de Jerusalén ya en su primer discurso de Pentecostés: ‘Fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios.’[3] Este lenguaje bíblico no significa que los que han ‘entregado a Jesús’[4] fuesen solamente ejecutores pasivos de un drama escrito de antemano por Dios.”[5]

“ Para Dios todos los momentos del tiempo están presentes en su actualidad. Por tanto establece su designio eterno de ‘predestinación’ incluyendo en él la respuesta libre de cada hombre a su gracia: ‘Sí, verdaderamente, se han reunido en esta ciudad contra tu santo siervo Jesús, que Tú has ungido, Herodes y Poncio Pilato con las naciones gentiles y los pueblos de Israel,[6] de tal suerte que ellos han cumplido todo lo que, en tu poder y tu sabiduría, habías predestinado’ (Hechos 4,27-28). Dios ha permitido los actos nacidos de su ceguera (cf. Mateo 26,54; Juan 18,36; 19,11) para realizar su designio de salvación (cf. Hechos 3,17-18).”[7]

En efecto, Dios permite el pecado de los que matan a Jesús, pero quiere, y no solamente permite, la muerte de Jesús en la cruz en tanto que acto de Jesús, ofrenda que el mismo Hijo de Dios hace de su propia vida, por la salvación del mundo.

Sigue el Catecismo:

“Este designio divino de salvación a través de la muerte del ‘Siervo, el Justo’[8] había sido anunciado antes en la Escritura como un misterio de redención universal, es decir, de rescate que libera a los hombres de la esclavitud del pecado.[9] San Pablo profesa en una confesión de fe que dice haber ‘recibido’[10] que ‘Cristo ha muerto por nuestros pecados según las Escrituras.’[11]  La muerte redentora de Jesús cumple, en particular, la profecía del Siervo doliente.[12] Jesús mismo presentó el sentido de su vida y de su muerte a la luz del Siervo doliente (cf. Mateo 20,28). Después de su Resurrección dio esta interpretación de las Escrituras a los discípulos de Emaús (cf. Lucas 24,25-27), luego a los propios apóstoles. (cf. Lucas 24,44-45)”[13]

Y también:

“ El Hijo de Dios ‘bajado del cielo no para hacer su voluntad sino la del Padre que lo ha enviado,’[14] ‘al entrar en este mundo, dice: […] He aquí que vengo […] para hacer, oh Dios, tu voluntad […] En virtud de esta voluntad somos santificados, merced a la oblación de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo.’[15] Desde el primer instante de su Encarnación el Hijo acepta el designio divino de salvación en su misión redentora: ’Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra.’[16] El sacrificio de Jesús ‘por los pecados del mundo entero,’[17] es la expresión de su comunión de amor con el Padre: ‘El Padre me ama porque doy mi vida.’[18] ‘El mundo ha de saber que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado.’ (Juan 14,31)”[19]

Así lo dice el Evangelio: “Tanto amó Dios al mundo, que envió a su único Hijo, para que todo el que crea en él no muera, sino que tenga vida eterna,”[20] y también: ”Nadie me quita la vida, yo la doy de mí mismo. Tengo poder para darla y poder para volverla a tomar. Tal es el mandato que he recibido de mi Padre.”[21] Y también: “Aparta de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya […] si no puede pasar este cáliz sin que yo lo beba, hágase tu Voluntad.”[22] Y también: “Todo está cumplido.”[23]

Es claro que Nuestro Señor, al decir esas cosas, no estaba pensando que el Padre era injusto al darle ese mandato. Pensar o sostener lo contrario sería la más horrenda de las blasfemias.

Véase también este pasaje de la Encíclica Dives in Misericordia de San Juan Pablo II, n. 7: “Cristo, en cuanto hombre que sufre realmente y de modo terrible en el Huerto de los Olivos y en el Calvario, se dirige al Padre, a aquel Padre cuyo amor ha predicado a los hombres, cuya misericordia ha testimoniado con todas sus obras. Pero no le es ahorrado precisamente a Él el tremendo sufrimiento de la muerte en cruz: ”a quien no conoció el pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros”, escribía San Pablo, resumiendo en pocas palabras toda la profundidad del misterio de la cruz y a la vez la dimensión divina de la realidad de la redención. Justamente esta redención es la revelación última y definitiva de la santidad de Dios, que es la plenitud absoluta de la perfección: plenitud de la justicia y del amor, ya que la justicia se funda sobre el amor, mana de él y tiende hacia él. En la pasión y muerte de Cristo en el hecho de que el Padre no perdonó la vida a su Hijo, sino que lo “hizo pecado por nosotros” se expresa la justicia absoluta, porque Cristo sufre la pasión y la cruz a causa de los pecados de la humanidad. Esto es incluso una “sobreabundancia” de la justicia, ya que los pecados del hombre son “compensados” por el sacrificio del Hombre-Dios. Sin embargo, tal justicia, que es propiamente justicia “a medida” de Dios, nace toda ella del amor: del amor del Padre y del Hijo, y fructifica toda ella en el amor. Precisamente por esto la justicia divina, revelada en la cruz de Cristo, es “a medida” de Dios, porque nace del amor y se completa en el amor, generando frutos de salvación. La dimensión divina de la redención no se actúa solamente haciendo justicia del pecado, sino restituyendo al amor su fuerza creadora en el interior del hombre, gracias a la cual él tiene acceso de nuevo a la plenitud de vida y de santidad, que viene de Dios. De este modo la redención comporta la revelación de la misericordia en su plenitud.”

En cuanto a la afirmación general de que Dios es injusto, es ante todo absurda ante la misma razón. Dios es el Sumo Bien y la Fuente de toda justicia. No hay ninguna ley moral ni del tipo que sea que esté por encima de Dios, a la cual Él pueda ajustarse o no, y frente al cual pueda ser eventualmente injusto. Decir que Dios es injusto es como decir que la luz oscurece o que el agua seca, o que el ser impide la existencia.

Pero esa afirmación es también, obviamente, contraria a la fe, y ante todo, a la Sagrada Escritura:

Éxodo 9:27 Entonces Faraón envió a llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: He pecado esta vez; Yahveh es justo, y yo y mi pueblo impíos.

Deuteronomio 32:4 – Él es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en Él; es justo y recto.

2 Crónicas 12:6 – Y los príncipes de Israel y el rey se humillaron, y dijeron: justo es Yahveh.

Esdras 9:15 – Oh Yahveh Dios de Israel, Tú eres justo, puesto que hemos quedado un remanente que ha escapado, como en este día. Henos aquí delante de Ti en nuestros delitos; porque no es posible estar en tu presencia a causa de esto.

Nehemías 9:8 – y hallaste fiel su corazón delante de Ti, e hiciste pacto con él para darle la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del jebuseo y del gergeseo, para darla a su descendencia; y cumpliste tu palabra, porque eres justo.

Nehemías 9:33 – Pero Tú eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros; porque rectamente has hecho, mas nosotros hemos hecho lo malo.

Job 4:17 – ¿Será el hombre más justo que Dios? ¿Será el varón más limpio que el que lo hizo?

Job 35:2 – ¿Piensas que es cosa recta lo que has dicho: Más justo soy yo que Dios?

Salmos 7:9 – Fenezca ahora la maldad de los inicuos, mas establece Tú al justo; Porque el Dios justo prueba la mente y el corazón.

Salmos 7:11 – Dios es juez justo, y Dios está airado contra el impío todos los días.

Salmos 11:7 – Porque Yahveh es justo, y ama la justicia. El hombre recto mirará su rostro.

Salmos 19:9 – El temor de Yahveh es limpio, que permanece para siempre. Los juicios de Yahveh son verdad, todos justos.

Salmos 51:4 – Contra Ti, contra Ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio.

Salmos 116:5 – Clemente es Yahveh, y justo; sí, misericordioso es nuestro Dios.

Salmos 119:7 – Te alabaré con rectitud de corazón cuando aprendiere tus justos juicios.

Salmos 119:62 – A medianoche me levanto para alabarte por tus justos juicios.

Salmos 119:75 – Conozco, oh Yahveh, que tus juicios son justos, y que conforme a tu fidelidad me afligiste.

Salmos 119:106 – Juré y ratifiqué que guardaré tus justos juicios.

Salmos 119:137 – justo eres Tú, oh Yahveh, y rectos tus juicios.

Salmos 119:164 – Siete veces al día te alabo a causa de tus justos juicios.

Salmos 129:4 – Yahveh es justo; cortó las coyundas de los impíos.

Salmos 145:17 – justo es Yahveh en todos sus caminos, y misericordioso en todas sus obras.

Isaías 30:18 – Por tanto, Yahveh esperará para tener piedad de vosotros y, por tanto, será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque Yahveh es Dios justo; bienaventurados todos los que confían en Él.

Isaías 45:21 – Proclamad, y hacedlos acercarse, y entren todos en consulta; ¿quién hizo oír esto desde el principio, y lo tiene dicho desde entonces, sino Yo Yahveh? Y no hay más Dios que Yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de Mí.

Jeremías 12:1 – justo eres Tú, oh Yahveh, para que yo dispute contigo; sin embargo, alegaré mi causa ante Ti. ¿Por qué es prosperado el camino de los impíos, y tienen bien todos los que se portan deslealmente?

Lamentaciones 1:18 – Yahveh es justo; yo contra su palabra me rebelé. Oíd ahora, pueblos todos, y ved mi dolor. Mis vírgenes y mis jóvenes fueron llevados en cautiverio.

Daniel 9:14 – Por tanto, Yahveh veló sobre el mal y lo trajo sobre nosotros; porque justo es Yahveh nuestro Dios en todas sus obras que ha hecho, porque no obedecimos a su voz.

Sofonías 3:5 – Yahveh en medio de ella es justo, no hará iniquidad; de mañana sacará a luz su juicio, nunca faltará; pero el perverso no conoce la vergüenza.

Juan 5:30 – No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre.

Juan 17:25 – Padre justo el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que Tú me enviaste.

Romanos 2:5 – Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios.

Romanos 3:5 – Y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo? (Hablo como hombre).

Romanos 3:26 – con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.

2 Tesalonicenses 1:5 – Esto es demostración del justo juicio de Dios, para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis.

2 Timoteo 4:8 – Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida.

Hebreos 6:10 – Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún.

1 Juan 1:9 – Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.

Apocalipsis 15:3 – Y cantan el cántico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos.

Apocalipsis 16:5 – Y oí al ángel de las aguas, que decía: justo eres Tú, oh Señor, el que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas.

Apocalipsis 16:7 – También oí a otro, que desde el altar decía: Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justo.

Apocalipsis 19:2 – porque sus juicios son verdaderos y justo; pues ha juzgado a la gran ramera que ha corrompido a la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella.

Por lo que toca al Magisterio de la Iglesia, leemos en el libro de Antonio Royo Marín, O.P. Dios y su obra que:

“El Concilio Vaticano I definió […] que ‘Dios es infinito en toda perfección’ […] luego, es infinito en la justicia, que es una perfección.”[24]

El texto del Concilio Vaticano I dice en “Sobre Dios uno, vivo y verdadero y su distinción de la universidad de las cosas:”

“La santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana cree y confiesa que hay un solo Dios verdadero y vivo, creador y señor del cielo y de la tierra, omnipotente, eterno, inmenso, incomprensible, infinito en su entendimiento y voluntad y en toda perfección; el cual, siendo una sola sustancia espiritual, singular, absolutamente simple e inmutable, debe ser predicado como distinto del mundo, real y esencialmente, felicísimo en Sí y de Sí, e inefablemente excelso por encima de todo lo que fuera de Él mismo existe o puede ser concebido.”[25]

De hecho, Javier Ibañez y Fernando Mendoza en La fe divina y católica de la Iglesia, p. 76, ponen la proposición “Dios es infinitamente justo” como dogma de fe (“de fe divina y católica definida”), refiriéndose al mismo pasaje del Concilio Vaticano I. En todo caso, según la clasificación que traen estos autores, no habría duda de que esa proposición es “de fe divina y católica”, porque es claro que al menos ha sido objeto del Magisterio ordinario y universal de la Iglesia, mereciendo entonces de todos modos la nota de “dogma de fe”, y su negación, la censura de “herejía.”[26]

En cuanto al Catecismo de la Iglesia Católica, dice, citando a Santo Tomás de Aquino:

“La omnipotencia divina no es en modo alguno arbitraria: ‘En Dios el poder y la esencia, la voluntad y la inteligencia, la sabiduría y la justicia son una sola cosa, de suerte que nada puede haber en el poder divino que no pueda estar en la justa voluntad de Dios o en su sabia inteligencia.’”[27]

Entendemos, entonces, que correspondería que el Papa, como Maestro supremo de la Fe para toda la Iglesia, rectificara esas palabras, reafirmando la enseñanza católica acerca de la infinita Justicia de Dios, en Quien no cabe pensar ni afirmar injusticia alguna.


[1] Referencia al artículo de Aciprensa: El Papa Francisco explica qué hacer ante el sufrimiento de los niños, por Miguel Pérez Pichel comentando sobre la charla dada en el Vaticano el día 15 de diciembre de 2016.

[2] NOTA DEL EDITOR: El autor se refiere al video Papa Francesco Bellissima Udienza Ospedale Bambino Gesù — a la fecha de esta edición que puede ser consultado en YouTube bajo ese título. Ediciones en  papel impreso o formato PDF de Fe y Razón no contienen el enlace correspondiente.

[3] Hechos 2,23.

[4] Hechos 3,13.

[5] §599

[6] cf. Salmo 2,1-2.

[7] §600

[8] Isaías 53,11; cf. Hechos 3,14.

[9] cf. Isaías 53,11-12; Juan 8,34-36.

[10] 1 Corintios 15,3.

[11] Ibíd.; cf. también Hechos 3,18; 7,52; 13,29; 26,22-23

[12] Cf. Isaías 53,7-8 y Hechos 8,32-35.

[13] §601

[14] Cf.

Isaías 53,7-8 y Hechos 8,32-35.

[15] Hebreos 10,5-10.

[16] Juan 4,34.

[17] 1 Juan 2,2.

[18] Juan 10,17.

[19] §606

[20] Juan 3,16.

[21] Juan 10,18.

[22] Mateo 26,39-42.

[23] Juan 20,30.

[24] Antonio Royo Marín, O.P. Dios y su obra; p. 178

[25] Denzinger §1782.

[26] Javier Ibañez y Fernando Mendoza; La fe divina y católica de la Iglesia; Editorial Magisterio Español; Zaragoza, 1978; p. 14.

[27] §271. Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I, q. 25, a.5, ad 1