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Raymond de Souza

En nuestros días, un equivocado sentido de ecumenismo tiende a igualar las principales religiones monoteístas (cristianismo, judaísmo e islamismo) como formas diferentes de adorar al mismo Dios. Es como decir que todas las denominaciones protestantes están bien con tal que mencionen el nombre de Jesús, sin tener en cuenta las viscerales contradicciones doctrinales que las afligen. Pero la diferencia entre el islamismo y el cristianismo es inmensamente más visceral y completa que las que hay entre las diversas denominaciones protestantes.

En el Islam hay un solo Dios, llamado Allah, que es “Señor” pero no es llamado Padre por sus seguidores, y cuya voluntad determina todos los eventos, es decir, Maktub: ¡Está escrito! Pase lo que pase, Allah es el autor directo y único. No hay libre albedrío humano. Y un conductor de camellos de Arabia fue el profeta de Allah. Pero en el cristianismo, o catolicismo para ser preciso, Dios creó a los hombres a su imagen y semejanza, y, después del pecado original de los hombres, envió a Su Hijo tan Divino como Él mismo para redimir a la humanidad, y nos adoptó como Sus hijos en Su Iglesia de aquí que Lo llamemos nuestro Padre. Por lo tanto, Jesús no es un mero profeta de Dios; Él es Dios Encarnado. Por lo tanto, hay poco en común entre el concepto de Dios del Islam y la enseñanza de Jesús.

Nosotros los católicos debemos tener este concepto muy claro en nuestras mentes, para evitar la confusión y el falso ecumenismo con un error evidente. Esto es de la mayor importancia, especialmente en nuestros días, cuando hermanos cristianos son asesinados por musulmanes por su fe en el ‘Nazareno’. ¡Fortalezcamos nuestra fe en la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo!

La forma primera y más fácil de probar la divinidad de Jesús es el hecho de que Él realizó milagros en Su propio nombre. Él modificó elementos naturales, como convertir agua en vino y multiplicar panes y peces; ¡Él dio salud a los enfermos, audición a los sordos, vista a los ciegos, paz a aquellos que sufrían, incluso purificó a los leprosos y devolvió la vida a los muertos, sin mencionar que exorcizó demonios, probando Su poder absoluto sobre la naturaleza! Y Él hizo todo esto a plena vista de la gente, especialmente de sus enemigos jurados, que intentaron todo para eliminarlo del ministerio que Él había comenzado.

Él los desafió a refutar Sus Milagros: si hubiesen podido probar que ellos eran falsos, Su misión se habría desmoronado a los ojos de todos. ¡Pero no pudieron! Él les dijo que las mismas obras que ellos Lo vieron hacer daban testimonio de Su misión, es decir, de que Dios Padre Lo había enviado.[1] Pero cuanto mayor bien hizo, cuantos más milagros realizó, más Lo odiaron Sus enemigos. Su odio ciego fue su perdición, como ocurrió en el año 70 d.C., cuando los romanos destruyeron el Templo y los registros sacerdotales y se manifestó que el pueblo judío no cristiano había perdido su elección a los ojos de Dios y de Sus Ángeles. Los milagros de Jesús probaron Su pretensión de divinidad, a pesar de la rabia de los racionalistas, porque Dios no da poder divino a impostores.

Pero siendo los racionalistas usualmente irracionales, ellos hacen su mayor esfuerzo para refutar la divinidad de Jesús. Varias teorías han sido presentadas para explicar Sus milagros: ¡ellos sugieren engaño, hipnotismo e incluso poder diabólico! Consideremos esas teorías una a una.

Decir que los Milagros de Jesús fueron creídos por la gente porque ellos se engañaron a sí mismos para creer, porque querían creer, es sumamente absurdo, porque Sus enemigos creyeron que Él sí realizó milagros, ¡y aun así fueron letales contra Él! ¡Ellos querían probar que Él estaba equivocado, no en lo cierto! Como no pudieron probar que Sus milagros eran falsos, decidieron librarse de Él…

Que el hipnotismo pueda ayudar a curar algunas enfermedades nerviosas después de un cierto tiempo de tratamiento es posible, pero nunca purificará instantáneamente a un leproso de su lepra o dará la vista a un hombre ciego de nacimiento, ¡y mucho menos devolverá la vida a un muerto! Además, algunas veces Jesús curó a personas a distancia, y algunas veces ellas ni siquiera sabían que Él las estaba curando. Por lo tanto, mencionar el hipnotismo es sólo una tonta invención.

El poder diabólico es la última y la más ridícula acusación que he visto jamás. En primer lugar, la santidad de la vida de Jesús era indiscutida incluso el Corán islámico Lo llama justo, enviado por Dios, y dice que ahora está en el cielo; y en segundo lugar, Jesús expulsó demonios de gente poseída, mostrando que Él era enemigo de Satanás, no su amigo.

El impresionante registro de profecías del Antiguo Testamento que fueron confirmadas en la vida de Jesucristo es asombroso, y excluye cualquier sugerencia de falsificación. Sólo unos pocos ejemplos bastarán para probar nuestro punto: el profeta Miqueas[2] escribió que el Ungido[3] nacería en Belén –nunca escuché que alguien eligiera su propio lugar de nacimiento[4]– escribió que Él sería vendido por treinta piezas de plata éste fue el dinero usado para comprar el campo del alfarero; Isaías[5] describió Su Pasión con increíble detalle; David, mil años antes de Él, profetizó que Él sería crucificado –“taladran mis manos y mis pies”– que Su ropa sería dividida y Su túnica sería sorteada,[6] y la lista sigue y sigue.

Estas profecías fueron hechas antes de Su nacimiento. Pero Él mismo profetizó el fin del judaísmo como la religión querida por Dios, la destrucción del Templo y el cese de los sacrificios mosaicos, el fin de su sacerdocio, la dispersión de los judíos alrededor del mundo, etc., etc. ¡Incluso la estrategia bélica usada por los romanos para tomar Jerusalén fue prevista por Él! (Lucas 19) Él previó la traición de Judas, las tres negaciones de Pedro, la persecución de los primeros cristianos y el crecimiento de Su Iglesia, etc., etc. Se puede leer todo acerca de la destrucción de Jerusalén precisamente como Cristo la previó en la Historia de las Guerras Judías de Flavio Josefo, un historiador judío contemporáneo a la destrucción de Jerusalén.

Cualquiera con una mente sin prejuicios puede darse cuenta de que todas esas profecías, tanto las anteriores a Su nacimiento como las que Él mismo hizo, no podrían ser el resultado de un engaño o de una treta humana. ¡El hombre cuya vida cumplió todas las antiguas profecías, cuyas propias profecías se hicieron realidad, que hizo milagros reconocidos por Sus enemigos mortales y, sobre todo, que resucitó de entre los muertos probó abundantemente Su pretensión de divinidad!

Por esta razón los primeros cristianos dieron sus vidas en testimonio de la divinidad de Jesús y de la Redención, de Su Iglesia y de la salvación prometida a aquellos que son fieles a Él; ¡y por esta misma razón hoy nuestros hermanos cristianos de rito caldeo en Irak están siendo asesinados, crucificados, violados, decapitados y abusados por seguidores de una falsa religión, un falso profeta y un falso dios!

Es imprescindible para nosotros, católicos de hoy, aprender tanto como podamos acerca de la divinidad de Cristo y de la verdad de Su única Iglesia, a fin de que permanezcamos firmes en la verdadera fe si alguna vez llega a pasarnos lo que está sucediendo hoy a muchos hermanos en países islámicos.


[1] Mateo 11:45; Juan 5:36; 10:37.

[2] En Miqueas 5:2.

[3] Cristo, o Mesías.

[4] Zacarías 11:12-13.

[5] En Isaías 53.

[6] Salmo 22.