veinte
Daniel Iglesias Grèzes

Quizás alguno de ustedes haya notado que nunca publiqué en este blog ningún comentario mío sobre la exhortación apostólica Amoris Laetitia del Papa Francisco. El año pasado no me sentí en condiciones de hacerlo correctamente, pero apoyé de todo corazón la gran obra de discernimiento y de defensa de la doctrina católica realizada por InfoCatólica y sus blogueros. Ahora, casi un año después de la publicación de ese importante y problemático documento pontificio, deseo aportar mis propios comentarios sobre algunos puntos salientes del mismo. No se trata de un análisis exhaustivo. Presentaré veinte reflexiones breves en el orden en que se suscitan en una lectura continua de la Amoris Laetitia.

  1. “A pesar de las numerosas señales de crisis del matrimonio, “el deseo de familia permanece vivo, especialmente entre los jóvenes, y esto motiva a la Iglesia.”[1] Sólo en este primer numeral de la larguísima Amoris Laetitia se habla de la “crisis del matrimonio”, pero ni allí ni en el resto del documento hay ninguna referencia explícita a la caída dramática del número de los matrimonios sacramentales en muchos países, una caída tan grande que cabe hablar de una tendencia a la cuasi-desaparición del matrimonio sacramental (o sea, del matrimonio cristiano). La familia cristiana está basada en el matrimonio cristiano, por lo que una cuasi-desaparición del matrimonio cristiano equivale a una cuasi-desaparición de la familia cristiana. Es muy curioso y hasta chocante que el hecho evidente e importantísimo de esa caída estrepitosa no sea objeto de una reflexión atenta y esmerada. Por otra parte, considerando la mentada crisis del matrimonio y el gran auge del concubinato, ¿es totalmente cierto que “el deseo de familia permanece vivo, especialmente entre los jóvenes”? ¿No es verdad que ese deseo de familia, especialmente entre los jóvenes, es hoy a menudo atenuado, distorsionado o sofocado por la mentalidad individualista, y que eso, en vez de un signo de esperanza, es una de las grandes causas de la actual crisis del matrimonio? Por último, decir que “el deseo de familia permanece vivo… y esto motiva a la Iglesia” ¿no es una descripción muy insuficiente y demasiado “horizontalista” de la motivación de la Iglesia para anunciar el Evangelio de la familia?
  2. “Los debates que se dan en los medios de comunicación o en publicaciones, y aun entre ministros de la Iglesia, van desde un deseo desenfrenado de cambiar todo sin suficiente reflexión o fundamentación, a la actitud de pretender resolver todo aplicando normativas generales o derivando conclusiones excesivas de algunas reflexiones teológicas.”[2] Aquí parece darse una caricaturización de la postura de los católicos fieles a la Biblia y la Tradición. El segundo “todo” está de más; y las “normativas generales” aludidas son mandamientos de la Ley de Dios, no “conclusiones excesivas de algunas reflexiones teológicas”.
  3. “No todas las discusiones doctrinales, morales o pastorales deben ser resueltas con intervenciones magisteriales. Naturalmente, en la Iglesia es necesaria una unidad de doctrina y de praxis, pero ello no impide que subsistan diferentes maneras de interpretar algunos aspectos de la doctrina o algunas consecuencias que se derivan de ella. Esto sucederá hasta que el Espíritu nos lleve a la verdad completa,[3] es decir, cuando nos introduzca perfectamente en el misterio de Cristo y podamos ver todo con su mirada. Además, en cada país o región se pueden buscar soluciones más inculturadas, atentas a las tradiciones y a los desafíos locales, porque “las culturas son muy diferentes entre sí y todo principio general […] necesita ser inculturado si quiere ser observado y aplicado”[4] Se omite decir que muchas de las discusiones de los dos Sínodos de la Familia (2014-2015) se refirieron a cuestiones ya resueltas por el Magisterio de la Iglesia, y afectan la necesaria unidad de doctrina y de praxis. Y se asoma aquí el peligro de una descentralización tal que arruine la unidad doctrinal de la Iglesia Católica.
  4. “En ese contexto, el ideal matrimonial, con un compromiso de exclusividad y de estabilidad, termina siendo arrasado por las conveniencias circunstanciales o por los caprichos de la sensibilidad.”[5] Éste es el primero de los quince numerales de Amoris Laetitia en los que las normas de la moral matrimonial católica son presentadas como un “ideal”, no como exigencias de la Ley de Dios.[6]
  5. “Durante mucho tiempo creímos que con sólo insistir en cuestiones doctrinales, bioéticas y morales, sin motivar la apertura a la gracia, ya sosteníamos suficientemente a las familias, consolidábamos el vínculo de los esposos y llenábamos de sentido sus vidas compartidas. Tenemos dificultad para presentar al matrimonio más como un camino dinámico de desarrollo y realización que como un peso a soportar toda la vida. También nos cuesta dejar espacio a la conciencia de los fieles, que muchas veces responden lo mejor posible al Evangelio en medio de sus límites y pueden desarrollar su propio discernimiento ante situaciones donde se rompen todos los esquemas. Estamos llamados a formar las conciencias, pero no a pretender sustituirlas.”[7] La primera frase de este numeral denigra injustamente el pasado de la Iglesia Católica. Y el resto del numeral es peligrosamente ambiguo.
  6. “Debemos reconocer la gran variedad de situaciones familiares que pueden brindar cierta estabilidad, pero las uniones de hecho o entre personas del mismo sexo, por ejemplo, no pueden equipararse sin más al matrimonio.”[8] Este texto parece dar a entender, entre otras cosas, lo siguiente:
  7. las uniones entre personas del mismo sexo forman parte de “la gran variedad de situaciones familiares” que “debemos reconocer”;
  8. las uniones homosexuales “pueden brindar cierta estabilidad”;
  9. las uniones homosexuales pueden equipararse al matrimonio, pero no “sin más” (no “simplísticamente”, dice la versión italiana). Estos puntos (salvo quizás el segundo) son contrarios a la doctrina católica.
  10. En la sección titulada “Jesús recupera y lleva a su plenitud el proyecto divino”[9] no se cita explícitamente ninguno de los textos de los Evangelios sobre el carácter adúltero de las uniones de los divorciados vueltos a casar. Tampoco se los cita explícitamente en el resto del documento. De hecho la palabra “adulterio” no aparece nunca en el documento.
  11. En la sección titulada Semillas del Verbo y situaciones imperfectas[10] se aplica el concepto de “semillas del Verbo” a las situaciones familiares irregulares, lo que parece altamente problemático. Según la doctrina católica, las uniones concubinarias, adulterinas u homosexuales, en sí mismas, no son “semillas del Verbo”, sino “estructuras de pecado”.
  12. “El amor de Dios es incondicional,… no se debe comprar ni pagar.”[11] Esta afirmación no es falsa, pero parece muy incompleta. Es necesario añadir que estamos moralmente obligados a corresponder al amor de Dios con nuestro amor a Él y al prójimo y que sin santidad nadie verá a Dios.[12] También otros pasajes del documento presentan ambiguamente el amor, caridad o misericordia de Dios como “incondicional” sin explicar claramente en qué sentido lo es.[13]
  13. “Algunas corrientes espirituales insisten en eliminar el deseo para liberarse del dolor. Pero nosotros creemos que Dios ama el gozo del ser humano, que él creó todo “para que lo disfrutemos.”[14] Dejemos brotar la alegría ante su ternura cuando nos propone: “Hijo, trátate bien […] No te prives de pasar un día feliz.”[15] Un matrimonio también responde a la voluntad de Dios siguiendo esta invitación bíblica: “Alégrate en el día feliz.”[16] La cuestión es tener la libertad para aceptar que el placer encuentre otras formas de expresión en los distintos momentos de la vida, de acuerdo con las necesidades del amor mutuo. En ese sentido, se puede acoger la propuesta de algunos maestros orientales que insisten en ampliar la consciencia, para no quedar presos en una experiencia muy limitada que nos cierre las perspectivas. Esa ampliación de la consciencia no es la negación o destrucción del deseo sino su dilatación y su perfeccionamiento.”[17] Este insólito aval pontificio a “la propuesta de algunos maestros orientales” para “ampliar la consciencia” mediante la dilatación y el perfeccionamiento del deseo parece muy desconectado de la doctrina católica tradicional y de las reflexiones de los dos Sínodos de la Familia. Por una parte, las principales religiones o espiritualidades de Oriente   (el hinduismo y el budismo) buscan la expansión o ampliación de la consciencia para lograr la liberación del dolor y de la cadena de las reencarnaciones. En particular, en el hinduismo la referida “ampliación de la consciencia” busca la unificación con el dios Brahma o el dios Shiva. En busca de esos fines, dichas religiones o espiritualidades utilizan distintas técnicas de meditación (yoga, zen, meditación trascendental, etc.) que son incompatibles con la fe cristiana. Por otra parte, este oscuro numeral 149 se enmarca dentro de una sección titulada Amor apasionado[18] y es seguido por una sub-sección titulada Dimensión erótica del amor.[19] En ese contexto, no es aventurado deducir que la propuesta de dilatar o perfeccionar el deseo para ampliar la consciencia se refiere al deseo sexual. Esta perspectiva, unida a lo dicho antes, evoca inevitablemente las perversas técnicas sexuales del tantrismo. Evidentemente, una alusión positiva a dichas técnicas es inadmisible en un documento pontificio, por lo que este numeral[20] debería ser retirado de la exhortación apostólica.
  14. “Los matrimonios necesitan adquirir una clara y convencida conciencia sobre sus deberes sociales. Cuando esto sucede, el afecto que los une no disminuye, sino que se llena de nueva luz, como lo expresan los siguientes versos:

“Tus manos son mi caricia

mis acordes cotidianos

te quiero porque tus manos

trabajan por la justicia.

Si te quiero es porque sos

mi amor mi cómplice y todo

y en la calle codo a codo

somos mucho más que dos.”[21]

Si un Papa quiere citar un poema que exprese la alegría del amor de la familia cristiana y su dimensión social, parece difícil que encuentre un poeta más inapropiado a esos efectos que el uruguayo Mario Benedetti, ateo, marxista y anticatólico. El poema citado, que desgraciadamente suele cantarse en las bodas católicas de mi país (Uruguay), es una canción de amor militante, denuncia política y crítica social de orientación marxista. “En la calle codo a codo somos mucho más que dos” –insinúa el poeta– porque somos parte de la multitud que impulsa la lucha de clases y la revolución socialista. De hecho Benedetti fue uno de los dirigentes principales del Movimiento 26 de Marzo, brazo político y fachada legal del grupo guerrillero de extrema izquierda Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros. Para transmitir con más amplitud el pensamiento de ese escritor, reproduciré un texto de un sitio web:

“Mario Benedetti decía que la vida es un paréntesis entre dos nadas. Era ateo, sólo creía ‘en un dios personal, que es la conciencia: a ella es a la que le debemos rendir cuentas cada día’. En sus poemas cuestionaba la existencia de Dios, el paraíso o el infierno, como en Quién sabe:

‘¿Acaso dios te ayuda cuando tu cuerpo sufre?

¿o no es ni siquiera una confiable anestesia?

¿te importa mucho que dios exista? ¿o no?

¿su no existencia sería para ti una catástrofe más terrible que la muerte pura y dura?

¿te importaría si dios existe pero está inmerso en el centro de la nada?’

En Mutis expresó:

‘Dios morirá de viejo

pesaroso y hastiado

triste por no poder

encomendarse

a dios.’

No escatimaba para tocar a los símbolos religiosos como en Papam Habemus:

‘Tutor de los perdones

distribuidor de las penas

condona las condenas

condena los condones.’

  1. La sección titulada “Discernir el cuerpo”[22] se refiere a 1 Corintios 11,17-34, un texto bíblico muy relevante para la cuestión de si dar o no la eucaristía a los adúlteros no arrepentidos. Sin embargo, se da a ese texto de San Pablo una novedosa interpretación “social” y parece criticarse la interpretación católica tradicional del mismo, por estar –supuestamente– “fuera de contexto”.
  2. La reciente reforma del proceso canónico de los casos de posible nulidad matrimonial parece estar basada, entre otras cosas, en la discutible idea de que muchos de los matrimonios celebrados por la Iglesia Católica son en realidad nulos. Por eso llama mucho la atención que la larga sección titulada Guiar a los prometidos en el camino de preparación al matrimonio[23] no aborde explícitamente el tema de la posible nulidad matrimonial ni plantee medidas concretas orientadas específicamente a evitar ese tipo de celebraciones.
  3. “A las personas divorciadas que viven en nueva unión, es importante hacerles sentir que son parte de la Iglesia, que “no están excomulgadas” y no son tratadas como tales, porque siempre integran la comunión eclesial. Estas situaciones “exigen un atento discernimiento y un acompañamiento con gran respeto, evitando todo lenguaje y actitud que las haga sentir discriminadas…”[24] “No es suficiente decir que las personas divorciadas que viven en nueva unión no están excomulgadas. A pesar de no estar excomulgadas, no pueden comulgar, según la doctrina católica. Además, es muy ambiguo y peligroso el llamado a evitar “todo lenguaje y actitud que las haga sentir discriminadas”. Hay discriminaciones injustas y discriminaciones justas. ¿Nuestro Señor Jesucristo discriminó injustamente a esas personas al enseñar que cometen adulterio?
  4. “Al respecto, quiero recordar aquí algo que he querido plantear con claridad a toda la Iglesia para que no equivoquemos el camino: “Dos lógicas recorren toda la historia de la Iglesia: marginar y reintegrar […] El camino de la Iglesia, desde el concilio de Jerusalén en adelante, es siempre el camino de Jesús, el de la misericordia y de la integración […] El camino de la Iglesia es el de no condenar a nadie para siempre y difundir la misericordia de Dios a todas las personas que la piden con corazón sincero”[25] “No es correcto hablar, como se hace aquí, de dos lógicas o caminos en la historia de la Iglesia, uno acertado y otro equivocado. En realidad se trata de dos aspectos de una misma lógica o camino de Dios, quien dio a sus Profetas autoridad “para arrancar y derribar, para perder y demoler, para edificar y plantar.”[26] y a sus Apóstoles el poder de atar y el poder de desatar.
  5. “No me refiero sólo a los divorciados en nueva unión sino a todos, en cualquier situación en que se encuentren. Obviamente, si alguien ostenta un pecado objetivo como si fuese parte del ideal cristiano, o quiere imponer algo diferente a lo que enseña la Iglesia, no puede pretender dar catequesis o predicar, y en ese sentido hay algo que lo separa de la comunidad”[27] Sin embargo, Mateo 18,15-17 comienza diciendo “si tu hermano peca”, no “si tu hermano ostenta un pecado objetivo como si fuese parte del ideal cristiano”. Consideremos, por ejemplo, el Código de Derecho Canónico, can. 512 § 3: “Para el consejo pastoral [diocesano] deben designarse sólo fieles que destaquen por su fe segura, buenas costumbres y prudencia.” Por ejemplo, alguien que integra una unión homosexual o tiene una notoria conducta homosexual no se destaca por sus buenas costumbres, por lo que no puede ser miembro de un consejo pastoral diocesano. Para llegar a esta conclusión, no importa si la persona profesa o no la ideología homosexualista, o si forma o no parte del lobby gay. Algo análogo vale para otros oficios o encargos eclesiásticos y otras malas costumbres.
  6. Amoris Laetitia n. 298 contiene la ya famosa nota 329. La doctrina católica sobre la imposibilidad de dar la comunión a los divorciados vueltos a casar salvo en caso de arrepentimiento y propósito de enmienda está relegada a esa nota, que cita parcialmente a Familiaris Consortio n. 84 pero omite la parte donde el Papa San Juan Pablo II expresa esa doctrina con gran claridad y firmeza. Además, la nota 329 critica esa doctrina católica con un argumento indigno (acusándola de hacer peligrar la fidelidad a la ‘nueva unión’ adulterina) y lo hace citando inapropiadamente un texto de la constitución Gaudium et Spes que habla del matrimonio legítimo, no de una de esas ‘uniones’.
  7. “Estas actitudes son fundamentales para evitar el grave riesgo de mensajes equivocados, como la idea de que algún sacerdote puede conceder rápidamente “excepciones”, o de que existen personas que pueden obtener privilegios sacramentales a cambio de favores.”[28] Aquí parece que se rechazan algunos errores más extremos, sin rechazar otros errores más “moderados”. Entonces, ¿el sacerdote puede conceder excepciones si no lo hace rápidamente? ¿O puede conceder privilegios sacramentales si no lo hace a cambio de favores?
  8. “Ya santo Tomás de Aquino reconocía que alguien puede tener la gracia y la caridad, pero no poder ejercitar bien alguna de las virtudes, de manera que aunque posea todas las virtudes morales infusas, no manifiesta con claridad la existencia de alguna de ellas, porque el obrar exterior de esa virtud está dificultado: “Se dice que algunos santos no tienen algunas virtudes, en cuanto experimentan dificultad en sus actos, aunque tengan los hábitos de todas las virtudes.”[29] Este texto es utilizado de un modo incorrecto, porque se hace decir a Santo Tomás de Aquino algo totalmente contrario a su pensamiento. El P. José María Iraburu lo ha demostrado en detalle aquí. Por otra parte, un artículo de Michael Palakuk en la revista Crux demuestra que también en este pasaje capital de la Amoris Laetitia (como en otros pasajes de la misma), Mons. Víctor Fernández, actuando como un ghost-writer inescrupuloso, se ha auto-plagiado; pero además demuestra que este auto-plagio hace referencia a un artículo de Fernández que sostiene que todos los hombres están predestinados eficazmente a la salvación y se salvan. Copio aquí algunos de los párrafos centrales del artículo de Palakuk.

“Él [Fernández] dice que los católicos que creen que sólo los que ya están en ‘estado de gracia’ deberían recibir la comunión no sólo están excluyendo a otros; también parecen estar ‘mofándose’ o ‘jactándose’ de la gracia dada libremente. Fernández parece preferir, por el contrario, a los pecadores que se aproximarían a la mesa de la comunión sin ese tipo de jactancia, aunque –él dice con delicadeza– este enfoque ‘señala en la dirección de un diálogo con la doctrina de Lutero de simul iustus et peccator’ (que cada uno es a la misma vez tanto justificado como pecador). Fernández usa la frase plagiada para argumentar que las personas podrían estar en situaciones objetivamente pecaminosas y aún así estar ‘eficazmente predestinadas a la salvación’. Preocuparse de que tales personas se arriesguen a la condenación eterna es suponer que las creaturas humanas por sí mismas podrían revertir la voluntad de Dios. Éstas son las principales especulaciones del artículo. Si ellas son afirmadas, al parecer, la naturaleza esencial del cristianismo como algo que involucra una prueba y un período de prueba cambia; la ley moral se vuelve irrelevante; y la distinción entre pecado mortal y pecado venial se descompone. Es decir que el ensayo de Fernández es profundamente problemático. Sin embargo ahora una exhortación apostólica del Santo Padre hace referencia a él. Peor aún, un pasaje plagiado está arrancado directamente desde una línea de pensamiento que tiene una semejanza superficial con la del Santo Padre.”[30] O sea, resumo yo, un documento papal plagia un artículo lleno de herejías.

  1. “Comprendo a quienes prefieren una pastoral más rígida que no dé lugar a confusión alguna.”[31] No es ésa la alternativa real: no queremos más rigidez, sino más fidelidad.

Infocatólica


[1] Amoris Laetitia, n. 1.

[2] Amoris Laetitia, n. 2.

[3] Cf. Juan 16,13.

[4] Amoris Laetitia, n. 3.

[5] Amoris Laetitia, n. 34.

[6] Cf. Amoris Laetitia, nn. 36, 38, 39, 57, 119, 148, 157, 230, 292, 297, 298, 303, 307, 308.

[7] Amoris Laetitia, n. 37.

[8] Amoris Laetitia, n. 52.

[9] Amoris Laetitia, nn. 61-66.

[10] Amoris Laetitia, nn. 76-79.

[11] Amoris Laetitia, n. 108.

[12] Cf. Hebreos 12,14.

[13] Cf. Amoris Laetitia, nn. 296, 297, 311).

[14] 1 Timoteo 6,17.

[15] Sirac 14,11.14.

[16] Eclesiastés 7,14.

[17] Amoris Laetitia, n. 149.

[18] Amoris Laetitia, nn. 142-162.

[19] Amoris Laetitia, nn. 150-152.

[20] Que es una cita implícita de un artículo de Mons. Víctor Fernández, ghost-writer del Papa Francisco.

[21] Amoris Laetitia, n. 181. || La nota 204 dice: “Mario Benedetti, ‘Te quiero,’ en: Poemas de otros, Buenos Aires 1993, p. 316.”

[22] Amoris Laetitia, nn. 185-186.

[23] Amoris Laetitia, nn. 205-216.

[24] Amoris Laetitia, n. 243.

[25] Amoris Laetitia, n. 296.

[26] Jeremías 1,10.

[27] Cf. Mt 18,17. || Amoris Laetitia, n. 297.

[28] Amoris Laetitia, n. 300.

[29] Amoris Laetitia, n. 301.

[30] Traducción del autor.

[31] Amoris Laetitia, n. 308.