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Daniel Iglesias Grèzes

“Y el Verbo [Logos] se hizo carne, y habitó entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Juan 1, 14).

Segundo libro de una trilogía apologética

Mi primer libro, publicado en 2008, se tituló Razones para nuestra esperanza. Escritos de apologética católica. La apologética es la ciencia que estudia los fundamentos racionales de la fe cristiana y católica. Siguiendo la estructura clásica de la apologética católica, ese libro tiene tres partes, referidas respectivamente a la fe en Dios, la fe en Jesucristo y la fe en la Iglesia Católica.

Mi quinto libro, publicado en 2011, se tituló En el principio era el Logos. Apologética católica en diálogo con los no creyentes. En esencia, fue una profundización de la Parte 1 de mi primer libro, orientada a responder esta pregunta: ¿Por qué ser creyente? O sea, ¿qué razones hay para creer en Dios?

En el Prólogo de En el principio era el Logos escribí: “Este libro es la primera parte de una trilogía apologética que, si Dios quiere, completaré algún día”. Seis años después, se me ha concedido publicar la segunda parte de esa trilogía. El presente libro es una versión muy aumentada y corregida de la Parte 2 de Razones para nuestra esperanza, orientada a responder esta pregunta: ¿Por qué ser cristiano? O sea, ¿qué razones hay para creer en Cristo?

Debido a la metodología adoptada, la presente obra da por demostradas las verdades principales de la teología natural, tratadas en el primer libro de la trilogía; es decir, la existencia del Ser Absoluto, Necesario y Perfectísimo que llamamos “Dios”; un Dios único, omnisciente, todopoderoso, eterno, Creador del universo y del hombre, a los que gobierna y cuida con su Divina Providencia, etc., etc. Por eso el subtítulo de este libro es Apologética católica en diálogo con los no cristianos, y no “con los no creyentes”, como en el primer libro de la aún incompleta trilogía. Esto no significa que los no creyentes no puedan leer este libro con fruto, sino que les sería más útil leerlo después de conocer la apologética general (la primera de las tres grandes partes de la apologética católica), que coincide con la teología natural (la filosofía sobre Dios) desarrollada correctamente. Por lo tanto, en este libro me dirijo sobre todo a los creyentes, cristianos o no cristianos, con la esperanza de ayudar a algunos lectores a conocer más en profundidad las razones que fundamentan la fe cristiana y la verdad sobre Dios y sobre el hombre revelada por y en Jesucristo.

Este libro no es un tratado sistemático, por lo cual deja de lado muchos temas relevantes (por ejemplo, no se detiene mayormente en la resurrección de Jesús). Es una colección de escritos de apologética cristiana, que en su gran mayoría son reelaboraciones de artículos que he publicado en la revista virtual “Fe y Razón” o en mi blog “Razones para nuestra esperanza”. Por supuesto, hay muchas más razones para ser cristiano que las aquí expuestas. Ojalá la lectura de esta obra sea, al menos para algunos lectores, un estímulo para adentrarse en el gran océano de sabiduría de la apologética cristiana.

Doy gracias a Dios por haberme dado el escribir este libro y le pido que produzca frutos de conversión.

Estructura de este libro

La apologética tiene tres funciones principales: a) una función afirmativa: promover la fe cristiana, mostrando su razonabilidad, o sea demostrando los argumentos racionales que la sustentan; b) una función negativa: defender la fe cristiana, refutando las objeciones hechas contra ella; c) una función crítica: criticar las doctrinas alternativas o contrarias a la fe cristiana, señalando sus errores e insuficiencias.

La Parte 1 de este libro corresponderá a la función afirmativa de la apologética. Procurará sobre todo demostrar la razonabilidad del dogma central del cristianismo: la Encarnación, que implica la divinidad de Cristo. En el diálogo entre cristianos y no cristianos, suele cometerse el error de discutir sobre dogmas de fe tales como el Cielo y el Infierno sin haber alcanzado antes una base de acuerdo mínima que haga posible y fructuoso ese diálogo. Sin principios comunes, dos interlocutores no llegarán a coincidir jamás, salvo por accidente. En nuestro caso, antes de discutir sobre la verdad de los dogmas de la fe católica, es conveniente ponerse de acuerdo acerca de si la Iglesia es realmente lo que ella dice ser: el Cuerpo Místico de Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre. Por lo tanto, si el cristiano quiere mostrar a un no cristiano la verdad de un dogma de fe, primero debe hacer todo el recorrido apologético, demostrando la credibilidad de la fe cristiana en Dios, en Cristo y en la Iglesia. Sólo después de la conversión del no cristiano (si ocurre) el cristiano podrá proponerle directamente las verdades de la teología dogmática.

La Parte 2 de este libro corresponderá a la función negativa de la apologética. Ésta sí permite que el cristiano y el no cristiano discutan sobre temas dogmáticos (por ejemplo los referidos a la escatología). Pero en este caso el cristiano se limita a refutar racionalmente los argumentos contrarios a la fe cristiana, sin apelar a los datos de la teología dogmática, ciencia que presupone la fe, ausente en el interlocutor.

Por último, la Parte 3 de este libro corresponderá a la función crítica de la apologética, e incluirá críticas a algunos sistemas religiosos o filosóficos alternativos al cristianismo.

La alegría cristiana

Nuestra civilización occidental está enferma de tristeza y de angustia. Es natural que lo esté porque, en gran medida, ha perdido la fe cristiana y ha asumido una cosmovisión absurda: el ser humano no sería más que un animal astuto, surgido por casualidad y destinado a la nada, después de una vida breve y totalmente intrascendente. Por eso el proverbial “hombre moderno” busca divertirse por medios cada vez más extraños y alienantes, tratando de olvidar su angustiosa situación (su muerte futura) y cayendo en diversas idolatrías y esclavitudes, como por ejemplo el flagelo de la drogadicción. Así, sumido en una terrible oscuridad, ignorante de la verdad esencial sobre sí mismo, en cierto modo muere (y mata) espiritualmente cada día.

La fe cristiana ofrece un agudísimo contraste con este negro panorama. Sus sentimientos dominantes son dos: alegría y paz. Se trata de la verdadera alegría y la verdadera paz, la alegría y la paz que sólo Cristo puede dar y que el mundo busca en vano fuera de Él. Se trata de la alegría de saber que Dios es un Padre infinitamente bueno, que nos ha creado por amor y para el amor, para la feliz comunión de amor con Él por toda la eternidad. Un Dios que nos ama tanto que se hizo hombre en Jesucristo, para salvarnos. Se trata de la paz de la reconciliación con Dios nuestro Padre, en Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, quien nos amó y se entregó por nosotros, por cada uno de nosotros.

La fe cristiana no es como un salto al vacío, sino un acto de la inteligencia movido por la voluntad. Para una inteligencia abierta a toda la realidad no es muy difícil elegir entre la fe cristiana en Dios, que ilumina todo con su luz, y el ateísmo, que convierte toda la existencia y el universo entero en un gigantesco absurdo. En el principio no pudo ser ni el vacío ni el sinsentido; en el principio era el Logos, la Palabra Racional, la Sabiduría de Dios.

Supuesta la existencia de Dios, tampoco es muy difícil llegar a aceptar todo el contenido de la fe cristiana, comenzando por el gran misterio de la Encarnación: el Hijo de Dios hecho carne. Ofrezco aquí, comprimido al máximo, un argumento estético a favor de la religión cristiana. Un cínico podría pensar que el cristianismo es demasiado bello para ser verdad. En cambio yo pienso (y en este punto me guía la filosofía tomista) que el cristianismo es tan bello que tiene que ser verdad. ¿Acaso puede haber bajo el sol algo más hermoso que la Encarnación y la Pascua del Hijo de Dios? “Porque tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3, 16). ¿Cómo Dios podría haberse dejado ganar en amor, generosidad y belleza por una fantasía humana?

Según palabras de Jesucristo, los cristianos somos “luz del mundo”. Debemos llevar la luz de Cristo, verdadera, buena y bella, a un mundo agobiado y oprimido por falta de fe y de esperanza. La Buena Noticia de Cristo está magníficamente resumida en el número 1 del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica: “¿Cuál es el designio de Dios para el hombre? Dios, infinitamente perfecto y bienaventurado en Sí mismo, en un designio de pura bondad ha creado libremente al hombre para hacerlo partícipe de su vida bienaventurada. En la plenitud de los tiempos, Dios Padre envió a su Hijo como Redentor y Salvador de los hombres caídos en el pecado, convocándolos en su Iglesia, y haciéndolos hijos suyos de adopción por obra del Espíritu Santo y herederos de su eterna bienaventuranza”. Es mi deseo que este libro contribuya a anunciar este núcleo esencial del Evangelio, para que la alegría y la paz de Cristo broten o rebroten en muchos corazones.

Montevideo, Viernes Santo de 2017.