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Leonardo Castellani

Cuarta conferencia, dada el 28 de junio de 1969

Los Septenarios o Series de 7 de la profecía – Las siete iglesias – Carácter de los otros Septenarios – Los Cuatro Caballos simbólicos: Monarquía Cristiana, Guerra, Hambre y Persecución – Las siete plagas

En la conferencia anterior hablamos de lo externo del Apocalipsis, autor de, alrededor de, como dicen los franceses, que es más facil. Hoy vamos a hablar de lo interno, del contenido del Apocalipsis que es más difícil. Hablamos sobre la evolución de la interpretación del Apocalipsis que tal vez interesa más a los especialistas que a nosotros, pero puede servir para ir adelantando ya cosas del interior, o sea cosas sobre el mismo texto del Apocalipsis. Después hablé de las desviaciones, sobre los tergiversadores y evasores y también hablé sobre el arte del Apocalipsis, es decir las construcciones artísticas con respecto al libro—y son todas cosas alrededor del libro, no de adentro del libro.

Me olvidé de hablar de una realización artística argentina, de Víctor Delhez que hizo una especie de planchas grandes de más de medio metro de alto sobre las escenas del Apocalipsis; hizo por lo menos treinta planchas grandes que no las publicó hasta ahora. Son muy hermosas porque es un gran grabador, es decir xilógrafo. Las expuso en Mendoza y después las expuso aquí en Buenos Aires, después en Nueva York y no consiguió venderlas porque nadie quiso le dar el dinero que él pretendía por esas obras. También hizo un contrato con Kraft para publicar una edición del Apocalipsis, de esas lujosas que hacen, pero al final no se llegó a nada por lo mismo, porque no convinieron en el precio.

A pesar de que la interpretación ha progresado mucho, quedan muchas cosas oscuras. Por ejemplo, al llegar al Milenio—lo veremos en la clase próxima—un gran doctor dice: “Lo que es el Milenio, lo sabremos cuando se cumpla”. Pero por lo menos podemos saber lo que no es el Milenio, porque ayer leí un libro muy campanudo, un libro lujosísimo editado hace pocos días el que habla del Milenio y dice un error fenomenal, dice lo contrario de lo que es el Milenio; dice “los milenistas dicen tal cosa” y es lo contrario lo que dicen los milenistas. Ya lo veremos más adelante.

El Apocalipsis es como la ampliación de la profecía de Cristo sobre su Segunda Venida. No es de estilo directo, sino simbólico. Por eso los grandes Padres llaman al capítulo XXIV de San Mateo “apocalipsis abreviado”. Mejor se podría decir que el Apocalipsis es un San Mateo ampliado, es el discurso escatológico ampliado, ampliado y añadido.

El libro está dividido en 22 capítulos, una división reciente, del s. XV, y artificial. San Beda el Venerable lo había dividido en siete partes. Yo conté simplemente las distintas visiones, o cuadros, o estampas y después encontré que lo mismo había hecho un antiguo Primatius Latinus. Las visiones son las siguientes:

  • Mensajes a las siete iglesias.
  • Visión del libro y del Cordero.
  • Visión de los siete sellos.
  • Signación de los 144.000 elegidos.
  • Visión de las siete tubas.
  • Visión del libro devorado.
  • Visión de la medición del Templo.
  • Visión de los dos testigos.
  • Visión de la séptima tuba, y
  • Visión de la mujer coronada.

Estas diez primeras visiones son más históricas que escatológicas, es decir, se refieren a sucesos que no son todavía el fin. Las siguientes son escatológicas, es decir, referidas directamente a los Últimos tiempos, y son también diez:

  • Visión de las dos fieras.
  • Visión de las vírgenes y el Cordero.
  • Visión del Evangelio eterno.
  • Visión del segador sangriento.
  • Visión de las siete fialas.
  • Visión de la gran ramera.
  • Visión de su caída.
  • Visión de reino milenario.
  • Visión del juicio final, y
  • Visión de la Jerusalén triunfante.

Ahora para la mejor exposición de estas clases, conviene dividir el Apocalipsis en tres partes. Hay que ocuparse primero de los Septenarios, después ocuparse del Anticristo que es como un pivote central y después ocuparse de las últimas grandes visiones que son netamente escatológicas, es decir, que sin ninguna duda refieren a los Últimos tiempos.

Los Septenarios. Son series de siete que se suceden con esta peculiaridad: que el profeta relata hasta el número seis y allí se detiene, el séptimo es siempre la Parusía. La marcha del Apocalipsis es más bien espiraloide, no es directa y tampoco es concéntrica, es más bien como un espiral, va avanzando lentamente con avances y retrocesos. El séptimo es siempre la Parusía; vuelve atrás: a eso llaman recapitulación que es peculiar de este libro y así fue notado desde el principio por Tertuliano, Tyconio y San Agustín. Se puede decir que San Juan da seis pasos y al llegar al séptimo retrocede cinco.

Vamos a ver de este libro, el significado de los cuatro Septenarios de diversa interpretación. Y digo “nuestra” y no mía porque es la interpretación de los Santos Padres. Las Siete Iglesias es el primer Septenario. Son siete tramos del camino de la Iglesia hasta su final. Esta interpretación es probable solamente pues muchos la rechazan entre los protestantes y entre los modernos. Los siete sellos, que es el segundo Septenario, viene después. Representan el auge del cristianismo y su caída, en el tiempo negro, “kali-yuga” que dicen los hindúes, es decir “el descenso”—hay un ascenso y un descenso, un descenso muy largo próximo a la Parusía, el tiempo negro. Esta exégesis me parece indudable, por los Santos Padres y por el texto mismo. Hay cosas que ya son seguras, en el Apocalipsis, y hay cosas que son probables y hay cosas que son conjeturas. Yo les voy a indicar la calificación de cada cosa que diga. Después viene las siete trompetas o tubas. Según todos los Santos Padres, son herejías. Ellos las aplican a las herejías de su tiempo, o hasta su tiempo; y nosotros también. Pero en nuestro tiempo ya han aparecido muchas otras herejías nuevas que no existían en tiempos de San Agustín. Esto es discutible: no que sean herejías, porque no pueden ser otra cosa, sino que por ejemplo, que la tercera sea el Cisma Griego, que la cuarta sea el Protestantismo, la sexta, la herejía actual o modernismo. Las últimas son las siete plagas, el último Septenario. Son castigos de Dios o calamidades de los últimos tiempos. Estas son muchas más riesgosas, excepto la primera que es segura.

Ahora, voy a ir viendo los cuatro Septenarios con la interpretación que yo le di en un libro sobre el Apocalipsis, que a veces es segura y a veces es probable, solamente discursiva, argumentativa.

El primero son las siete iglesias. Son siete mensajes de alabanza, admonición y amenaza que el profeta dirige a siete iglesias del Asia: Éfeso, Esmyrna, Pérgamo, Thyatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea. Probablemente San Juan Evangelista era el Primado de esas siete iglesias, el Arzobispo digamos, porque él residió en Éfeso con la Santísima Virgen, a la cual recibió después de la muerte de Cristo; y murió en Éfeso, a los setenta y dos años, según dice la tradición. Ahora bien, estas cartas son símbolo profético de la historia total de la Iglesia en siete épocas, dicen intérpretes tan grandes como Alberto el Magno, Hozhauser y Billot, y muchos otros. Pero otros los contradicen acerbamente, como (inaudible), Swift y Alló. Las dos partes defienden su opinión con argumentos fuertes; yo no me voy a meter a dirimir su disputa, que cada uno abunde en su sentir. Yo personalmente prefiero la primera opinión y expuse mis razones y su aplicación a las siete épocas de la Iglesia en mi libro sobre el Apocalipsis.

Por ejemplo, acá está, les voy a leer el texto de… por lo menos los primeros para que vean cómo se pueden aplicar a una época de la Iglesia. Por ejemplo, “Al ángel de la Iglesia de Éfeso, escríbele”—es la primera iglesia:

“Esto dice
El que tiene las siete estrellas en su diestra
Y anda en medio de los siete candelabros
De oro.”

Primero viene siempre una alabanza de Cristo, unos epítetos o cualidades. Esto dice:

“Sé tus obras y tu labor y tu paciencia
Y no puedes aguantar a los malos
Y probaste a los que se dicen ser Apóstoles
Sin serlo
Y los encontrase embusteros.
Y tienes paciencia
Y aguantaste por el nombre mío
Y no defeccionaste.”

Esta es la alabanza, y después viene el reproche.

“Pero tengo contra ti alguito:
Que la caridad tuya de antes has dejado
Ten memoria pues de donde surgiste
Y conviértete
Y haz (de nuevo) tus primeras obras.
Si no, yo vengo contra ti
A trasladar tu antorcha de su lugar
Si acaso no te conviertes.
Pero tienes en tu pro esto
Que odias las obras de los Nicolaítas
Como yo las odio.”

Este sería el primer tiempo de la Iglesia, antes de las persecuciones romanas, Iglesia más bien judía y griega. Y con todas las cosas que le dice, las obras, toda su labor y su paciencia—porque fue riquísima en obras la Iglesia primera de todas—“no puedes aguantar a los malos y probaste a los que se dicen ser Apóstoles”, porque aparecieron falsos apóstoles como Simón el Mago, “los encontraste embusteros. Y tienes paciencia”, porque habían dejado los martirios ya, “Aguantaste por el nombre mío y no defeccionaste. Pero tengo contra ti alguito: Que la caridad tuya de antes has dejado”. Se resfrió la caridad: primero los fieles ponían todos sus bienes en conjunto para que sirviesen a la comunidad, a la iglesia, y después empezaron a aflojar en esto—ya se ve en el episodio de Ananías y Safira—ya se ve que ya empezaron a trampear y a quedarse con los bienes, la caridad eximia y heroica de los primeros cristianos defeccionó rápidamente. “Ten presente de dónde caíste”—se cayó nada menos que de Cristo, porque la Iglesia fue fundada por Cristo y los apóstoles—“Conviértete, y haz de nuevo tus primeras obras; si no, yo vengo contra ti a trasladar tu antorcha de su lugar, si acaso no te conviertes”. Cuando una época se corrompe, decae, una iglesia, como dice acá, Cristo le avisa, la amenaza, y después retira el candelabro y lo lleva a otra época. Eso ha pasado continuamente en la historia de la Iglesia. Se han perdido regiones enteras de la Cristiandad y después ha surgido el candelabro en otra parte.

“Pero tienes en tu pro esto, que odias las obras de los Nicolaítas como yo las odio.” Aquí se refiere a una herejía, la primera herejía, del diácono Nicolás, nombrado diácono por San Pedro para distribuir las limosnas, fundó una herejía muy curiosa y en seguida aparecen en las obras de San Juan Evangelista, van a ver que existen los Nicolaítas. “El que tenga oídos oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias. Al vencedor le daré de comer del Árbol de la Vida que está en el Paraíso de Dios”. Al final siempre hay una promesa: al que vence, es decir al residuo de los que se conservan buenos cuando una iglesia decae.

La segunda es Esmyrna. Cada uno de los nombres de las iglesias, las ha interpretado el Cardenal Billot y realmente parecen significar una época de la Iglesia. Esmyrna significa “mirra”, la mirra es una sustancia amarga y desinfectante que la usaban para embalsamar y curar heridas. Y esta es la época de las grandes persecuciones. Comienza con la de Nerón. “He aquí lo que dice el Primero y el Último, el que fue muerto y revivió”. Es la alabanza de Cristo. Después dice: “Conozco tu tribulación y tu miseria, pero tú eres rica; conozco la blasfemia de los que se autodicen judíos y no lo son, mas son la Sinagoga de Satanás”. Las grandes persecuciones romanas fueron instigadas, atizadas por los judíos; posiblemente la primera persecución fue producida por una judía querida de Nerón que se llamaba Popea, sin la cual probablemente Nerón ni se hubiera enterado de esa secta de los cristianos. Los romanos al principio creían que era una secta judía. “Mira, no temas lo que habrás de sufrir: he aquí que arrojaré el diablo a muchos de vosotros en prisión para que sufráis”. La prisión para los romanos significaba la muerte porque las cárceles romanas no tenían esa gran invención moderna, de la sensibilidad moderna de la cárcel perpetua. No, se entraba a una cárcel para ir a la muerte o para salir al poco tiempo. No había prisiones perpetuas, ni de quince años, ni de ocho años. Había las minas, una cosa terrible, eso sí, pero prisión no había, de manera que dice “os arrojarán en prisión” y significa “os matarán”. “Y tendréis tribulación de diez días” o sea, diez persecuciones, las diez persecuciones romanas, porque si hubieran tenido una tribulación de diez días es una cosa ridícula, no tiene ningún sentido, no se puede llamar tribulación siquiera. “Hazte fiel hasta la muerte”, ahí aparece la muerte, “y te daré la corona de la vida. El que tenga oídos que oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias. El victorioso no será alcanzado por la muerte, la Segunda”—por lo tanto los otros iban a ser alcanzados por la muerte primera, que es la muerte corporal, la Segunda es el infierno. Y así sucesivamente uno puede ir aplicando lo que dice a cada una de las siete iglesias, que no hay tiempo, y que a cada una le toca un período de la historia de la Iglesia y al llegar al final uno puede saber si está en el último o penúltimo eslabón…los primeros son relativamente fáciles, pero cuando uno ya está acercándose a los tiempos actuales, entonces es cuando se presentan grandes dificultades. Lo malo de estas precisiones es que todos los intérpretes que la aplicaron creyeron que la edad en que estaban viviendo era la última y se equivocaron; lo cual prueba cuán oscuro es el asunto, excepto el abad Joaquín de Floris que opinó su edad era la quinta.

La segunda parte de los Septenarios son los siete sellos. Los cuatro primeros sellos dan cuenta de un caballo que surge del libro—porque es un libro sellado que el Cordero le dio: Jesucristo abre personalmente este libro porque ningún otro lo podía abrir, lloraban en el cielo porque ninguno podía abrir el libro este—que es el libro de la Historia del Mundo, las profecías de lo que era la historia del mundo. Entonces, el Cordero rompe los sellos y surge un caballo gigantesco que se pierde en la lejanía: los cuatro caballos simbólicos. En esta interpretación tengo el apoyo de casi todos los Santos Padres, de manera que se puede dar por segura, porque lo que todos los Santos Padres dicen y no durante un año o pocos años, sino siempre, en mucho tiempo, esa es la Tradición de la Iglesia. La Iglesia tiene por fuentes de la Revelación, como saben, la Sagrada Escritura y la Tradición. La Tradición la rechazan los protestantes, quieren la Escritura sola. Pero la Tradición entendida de esa manera, que no es la cualquiera transmisión de conocimientos, sino que es una opinión que unánimemente los Santos Padres, o casi unánimemente, durante mucho tiempo enseñan, ahí no puede fallar, es como la Sagrada Escritura, porque Dios no permite que la Iglesia se equivoque en una cosa de doctrina y se equivocaría toda la Iglesia en ese caso. Por eso la Iglesia ha definido la Infalibilidad del Papa, la Asunción de María, ¿qué más?, la Inmaculada Concepción, que no están en la Escritura. Están en la Tradición. Y están definidas como cosa de Fe, como cosa revelada por Dios, porque siempre y en todas partes y por todos —“quod semper, quod ubique et ab ómnibus” dicen, es la regla de la Tradición, esas tres cosas han sido enseñadas, desde antiguo han sido practicadas. El Caballo Blanco representaría la propagación y auge del Evangelio, o sea un período larguísimo. El Caballo Rojo las grandes guerras que siguen a la caída de la Cristiandad. El Caballo Negro representa la carestía, hambre y miseria. El Bayo o color cadáver, la última persecución de la Iglesia, junto con todas las otras calamidades de los otros caballos. Si leen el texto verán que es muy aparente. Después del Cuarto Caballo, el pálido o cadavérico, los dos sellos que siguen apuntan claramente a la Parusía y el Séptimo liberta las Siete Tubas, o trompetas, o sea el tercer Septenario. La Quinta Tuba son los mártires que claman a Dios venganza desde debajo del altar y la Sexta es un gran terremoto, un gran clamor, que sacude los cielos, o sea, anuncia la proximidad de la Parusía. Y la Séptima—ahí retrocede, en vez de decir la Séptima es la Parusía, vuelve atrás y aparecen las Siete Tubas o Siete Trompetas.

Los Santos Padres en su gran mayoría dicen que el Caballo Blanco representa la difusión del cristianismo, lo que aparte hizo por medio del dominio de la monarquía cristiana que duró diez siglos, o doce siglos en Europa. Sobre el Caballo Blanco se sienta un monarca, un monarca victorioso, “doblemente victorioso” o “siempre victorioso” dice el— “sale vencedor y a vencer” dice el texto, y lleva en la mano un arco que alcanza lejos: la monarquía cristiana alcanzó “lejos”, porque llevó el Evangelio a Asia, a África y sobre todo a América. En otro lugar hay un caballo blanco sobre el cual cabalga Cristo; por eso los Santos Padres dicen representa la propagación y el auge del cristianismo. Y eso se hizo por medio de la monarquía cristiana: los reyes cristianos creían tener autoridad de Dios y pesar de que eran malos a veces, creían que su misión era defender la Iglesia y defender el Evangelio. Hasta que cayó la monarquía cristiana a fin del 1700 con la decapitación de Luis XVI por la Revolución Francesa. No solamente los reyes de la Cristiandad, mas aun los pueblos cristianos se tenían por misioneros. “Rey por la gracia de Dios” se llamaban los reyes y los pueblos se tenían por obligados a propagar la Gloria de Dios: en nuestros días todavía existe una copla popular española soldadesca, de los soldados, que dice:

Soldadito soy del rey
Y por el honor suspiro
Y si muero en la batalla,
Sepan que he muerto por Cristo.[1]

Esta explicación del Corcel Blanco es lugar común entre los exégetas, por eso yo la doy como segura a esta interpretación de los cuatro caballos. Los dos caballos siguientes son símbolos suscitados en la Escritura de la Guerra y la Carestía. Al caer la Cristiandad Europea que duró doce o diez siglos, desde Constantino hasta la Revolución Francesa; algunos dicen que duró desde que San Remigio bautizó a Clodoveo y lo hizo Rey de Francia hasta que los ingleses le cortaron la cabeza a Carlos I, que fue el precedente de la Revolución Francesa—dicen que ese es el tiempo de la Cristiandad. Es lo mismo, más o menos, diez o doce siglos: mucho tiempo duró en Europa la Cristiandad. Las guerras adquirieron mucha más extensión, ferocidad y continuidad y la secuencia de las guerras es la escasez y el hambre, como vemos incluso hoy día: nunca ha habido tanta hambre en el mundo como después de esas dos Grandes Guerras que hemos tenido, que hemos visto.

El Quinto Sello muestra a los mártires debajo del Altar que claman a Dios venganza, porque los enterraban bajo los altares a los mártires, de tal manera que aún ahora no se puede decir misa si uno no tiene el ara, donde hay reliquias de santos o de mártires. De manera que el profeta ve a los mártires debajo del Altar pidiéndole a Dios que vindique la sangre que han derramado y Él les ha dicho que esperen hasta que se cumpla el número de sus compañeros que tienen que morir todavía—en el final.

En el Sexto se produce un gran terremoto, clamor y perturbaciones en el cielo y un gran pavor en el mundo. “Porque ha llegado el Día Grande de Su Ira ¿y quién podrá sostenerse?” dice el texto. La regla de siempre: que al llegar a la Parusía, retrocede. De modo que vuelve atrás y empieza con el Septenario siguiente, el tercero, que son las Tubas, las trompetas.

De modo que en nuestra interpretación los sellos cubren toda la historia, desde el Cristianismo hasta la Parusía, mas el Séptimo Sello produce en el cielo un rato de silencio y después aparecen siete ángeles con siete tubas, Tercer Septenario. No es fácil decir qué significa esa media hora de silencio. Puede ser un breve período de paz y prosperidad antes de la catástrofe. 30 años, puede ser una generación; pero no se sabe bien lo que significa esa media hora de silencio misteriosa que se produce en el cielo antes de la Parusía.

Las Siete Tubas están divididas en 4 + 3. Lo mismo que las otras dos septenas anteriores (las Plagas en cambio están divididas en 5 + 2). Las cuatro primeras Tubas o Trompetas, literalmente tomadas son catástrofes tan tremendas que no quedaría un hombre vivo sobre la tierra, desde la primera de ellas. “Tuba” es un instrumento músico que es una palabra castellana, latina, pero se usa en música y que es una trompeta muy larga y delgada con una boca en la punta que usaba el bramán: la tuba. De donde no se puede interpretar en literal crudo: por ejemplo, la primera vez que cae granizo con fuego mezclado con sangre sobre la tierra y devasta la tercera parte de la tierra. Literal crudo: no se pueden interpretar ciertos textos así, crudamente, deben tener otro significado simbólico. San Agustín dice que hay que interpretar literalmente la Escritura, menos cuando no se puede. Literal crudo, sería por ejemplo si en el Génesis donde dice que Dios hizo abrigos de piel a Adán y Eva, interpretamos que Dios agarró una tijera y una aguja y les cosió el vestido a Adán y Eva. No se puede interpretar así, entonces hay que interpretar que Dios los inspiró o les enseñó a matar animales, sacarles las pieles y hacerse vestidos. De manera que en el Apocalipsis hay que interpretar literalmente mientras se pueda, cuando no se puede hay que ver los signos, descifrar los símbolos. Lo que no hay que interpretar es alegóricamente, ya el Papa Pío XII dijo “no interpreten alegóricamente la Escritura”. Alegóricamente uno puede interpretar lo que quiera, de cualquier cosa puede decir cualquier otra cosa, como dice San Basilio.

¿Qué son estas trompetas? Los Santos Padres dicen que son herejías, las cuales producen las variaciones de las épocas en la historia, los cambios de frente, como si dijeran, así como las trompetas producen las variaciones de los ejércitos, como cuando una trompeta hace cambiar de frente a un batallón, por ejemplo. Y esos son cambios de frente; todos los cambios de frente de la historia, que los clasifican en historia contemporánea, media, antigua, actual, todo eso, son originados por una herejía. La Religión preside todos los movimientos de la humanidad, de manera que las herejías son las que hacen cambiar de marcha a la humanidad. Así pues yo tomé la historia de las herejías por Hilaire Belloc y las apliqué a estas grandes calamidades y concuerda bastante bien. La primera Tuba, que cae granizo con fuego mezclado con sangre sobre la tierra, sería el Arrianismo con las invasiones de los Bárbaros. Con las invasiones los Bárbaros mataron a muchísima gente—una cosa increíble, cuando el Imperio Romano no podía contenerlos. Solamente yo cambié en Belloc… él pone la herejía de los Albigenses, yo lo cambié y puse en su lugar el Cisma Ruso, porque los Albigenses no fueron propiamente una herejía, fueron una especie de movimiento de rebelión social y política parecido al comunismo actual, muy parecido al comunismo actual. De manera que no variaban el dogma de la Iglesia y cambiaban uno de los artículos, por ejemplo la divinidad de Cristo y decían “eso no” y ponían otro. A rajatabla cambiaron y despedían todo el dogma de la Iglesia, diciendo que había dos dioses, uno del bien y otro del mal, y que los cuerpos los había hecho el dios del mal, o sea el demonio y que las almas las había hecho Dios y que por eso—sacaban una cantidad de conclusiones increíbles y horrendas de esa doctrina: condenaban el matrimonio, condenaban comer carne y una cantidad de cosas así.

La Segunda que es un monte ardiente que cae en el mar sería el Mahometismo. El Mahometismo inmediatamente que nació empezó a hostigar en el Mar Mediterráneo a los pueblos cristianos. Fue una calamidad para la tercera parte de los pueblos cristianos. Cada una de estas calamidades afecta a la tercera parte de los hombres, dice el Profeta.

La Tercera, que es una gran estrella del cielo que cayó en los ríos sería el Cisma Griego. “Envenenó los ríos” porque el Cisma envenenó los ríos pero no quitó—no quitó el dogma. No modificó en nada el Dogma Católico, de manera que no es teología, pero envenenó al pueblo ruso: habiéndose separado de la obediencia de Occidente empezó a crecer una religión supersticiosa, llena de supersticiones, llena de adscripciones, de sumisión al Zar, de manera que dice el Profeta que los ríos envenenados no mataban, pero producían enfermedades a los que tomaban agua de allí.

La cuarta que es oscurecerse el sol, la luna y las estrellas en su tercera parte, sería el Protestantismo. Este sí que oscureció la doctrina; el sol significa la doctrina en la Sagrada Escritura, las estrellas significan los grandes doctores: el profeta Daniel explícitamente llama a los doctores estrellas del cielo. Cayeron una gran cantidad de doctores: fundaron el protestantismo grandes doctores, teólogos como Lutero, Zwinglio, Calvino, Melanchton y Knox en Inglaterra—eran doctores, eran estrellas—cayeron a la tierra y oscurecieron el sol.

Estas cuatro calamidades afectan la tercera parte de la tierra, el mar, los ríos y el cielo. Producen grandísimas destrucciones y muerte, mas las tres tubas que siguen se llaman los tres “¡Ayes!”. “Ay, ay, ay, de los habitantes de la tierra” (Apocalipsis 8:13). Son anticipaciones del fin, son universales, los anteriores han sido parciales, la tercera parte.

La Quinta Tuba. Es la plaga de las langostas que surgen del abismo. El ángel del abismo abrió una especie de gran cobertura y del abismo surgieron unas langostas monstruosas que dicen que representan la herejía llamada Iluminismo o Enciclopedismo, que viene después del Protestantismo, siglos XVII-XIX, inspirada por el Protestantismo, ciertamente. Las langostas del abismo tienen una facha monstruosa, que no se puede pintar, pero cada uno de sus rasgos, rostros de hombre, cabellos de mujer, corona de oro falsificado en las cabezas, dientes de león, corazas como de hierro, unidos como un escuadrón de tanques (o sea los caballos aparejados para la guerra de los antiguos), cola de escorpión, límite para dañar a los hombres durante cinco meses. Cada uno de estos rasgos se puede interpretar bien de la falange de impíos, encabezados por Voltaire, que justamente en Francia lo llamaban el rey Voltaire, “le roi Voltaire”. Estas langostas tienen coronas en la cabeza: el inmenso prestigio que empezó a dar la literatura a los que se dedicaban a la literatura en ese tiempo, los llamados “filósofos” que atronaron al mundo desde antes de la Revolución Francesa. ¿Y cuánto duró el predominio de esta herejía? El mismo tiempo que duró la libertad de prensa, porque los diarios son las alas de estas langostas. ¿Y cuánto duró la libertad de prensa? Desde la Revolución Francesa hasta la Gran Guerra Segunda, 150 años. “Les fue dado torturarlos durante cinco meses de años”, o sea 150 años. Los hebreos no tenían esa declinación latina de siglo y medio siglo. Para decir “muchos años” usaban la semana o el mes o el día. Por ejemplo, las setenta semanas de Daniel son setenta semanas de años, como se ve claramente. O bien a los años les decían un tiempo, dos tiempos y medio tiempo, como dice el Apocalipsis. De manera que aquí “cinco meses de años”, 5 x 30 = 150 años, es muy poco tiempo. Es el tiempo que duró la libertad de prensa. Y la prensa representa las alas de estas langostas porque las esparcía por todo el mundo; porque esta es una plaga total, es universal, de todo el mundo, no de una tercera parte del mundo. 1789-1939 son 150 años justos. La Revolución Francesa desató la libertad de prensa: antes de eso no había libertad de prensa: ustedes saben las tribulaciones que pasó Voltaire, tuvo que refugiarse en Suiza, en Fernet, porque lo perseguía la justicia del Rey por las obras que escribía, anduvo vagando por toda Francia hospedado por los nobles amigos de él, porque también en Ginebra que era su patria lo desterraron, lo condenaron a muerte por un libro de él, de manera que no había libertad de prensa. Después de la Revolución Francesa pudo dedicarse a—pero después de esta Guerra última, ¡se acabó la libertad de prensa! Hoy día no hay libertad de prensa, son cuentos. Los grandes diarios dependen del capitalismo, dependen de los avisos de los que aportan capitales, préstamos y todas esas cosas y los diarios chicos en cuanto se descuidan los prohíben, los cierran, porque los gobiernos… los gobiernos, cuando un diario realmente molesta al gobierno, lo corta simplemente, como cortó acá dos o tres “Tía Vicenta” y esos. Se acabó la libertad de prensa cuando se acabó, cuando empezó la Guerra Mundial Segunda con la tremenda censura que hicieron todos los gobiernos y que ha continuado solapadamente hasta nuestros días. Pueden reírse de esto, pero si las tubas representan a las herejías, esta no puede ser otra herejía y según los Santos Padres representan a las herejías y no se ve qué otra cosa podría representar. San Agustín también las interpretó así y nombró las herejías de su tiempo; añadamos que Lacunza juzgó que esta herejía, el filosofismo, o el enciclopedismo, o iluminismo, o deísmo, como quieran, que había en su tiempo, era el comienzo de la religión del Anticristo. Lacunza, en medio de cosas simplistas o extravagantes, tiene notables intuiciones.

Antes de la Séptima Tuba que significa literalmente la Parusía…¿Por qué hace esto San Juan, por qué retrocede antes de la Parusía? Me parece que el tema principal de su libro y el foco de su profecía es la Parusía: así, él toma un aspecto de la historia de la religión y lo va persiguiendo hasta llegar al fin y entonces allí corta, porque hay otros aspectos. Él ilumina alrededor de la Parusía—ilumina los aspectos alrededor de ella, como si dijéramos por facetas; si no, se liquidarían enseguida las profecías, si fuera a seguir los siete sellos hasta el fin, pone las grandes visiones del Anticristo y eso—se acabarían en un momento las profecías y quedarían sin ilustrar muchas otras cosas que acompañan estos sucedidos, estos hechos. Antes de la Séptima Tuba que significa literalmente la Parusía, la Sexta Tuba prenuncia algo todavía más monstruoso que las langostas: hay una guerra mundial, movida por los reyes del oriente, con un ejército de 200 millones de soldados, armados de un modo que realmente recuerdan los ejércitos actuales, principalmente los carros de guerra o tanques artillados. Y el profeta dice que es un ejército ecuestre, es decir montado, no es infantería: Carlos de Gaulle en tres libros que escribió sobre la guerra moderna dictaminó que las próximas guerras serían motorizadas, una nueva especie de caballería, que son los caballos de acero que uno ve en la actualidad. La infantería va a servir para ocupar territorio ya ganado al enemigo pero no va a servir para dar batalla o para hacer trincheras, eso se acabó: ahora son los tanques los que van a hacer la guerra. Los intérpretes antiguos no daban pie con bola aquí, un ejército de 200 millones era un imposible y un moderno, el P. Alló, dice que son todos los demonios del infierno (no hay que confundirlo con Ernesto Hello que es un gran escritor francés). Alló en un dominico que escribió un comentario sobre el Apocalipsis, muy malo me parece a mí, que lo voy a tener que citar muchas veces porque es autorizadisímo, lleno de erudición, y él al llegar aquí dice que son los demonios del infierno. Pero nosotros sabemos más: un ejército de 200 millones no es imposible, la China sola puede hoy reclutarlo; y su armamento que parece fantástico, “caballos con armaduras ígneas color acero y las cabezas que arrojan fuego, humo y azufre” recuerdan singularmente los modernos tanques de guerra. La Séptima Tuba, como dije, habla directamente de la Parusía sin género de duda.

El último Septenario son las Siete Fialas o bocales de la ira de Dios. “Fiala”, del latín, significa un frasco de boca ancha, de cuello estrecho, con asa o sin asa. De manera que yo en mi libro puse mal, puse redoma o vaso—redoma no es, la redoma es otra cosa, es una especie de alambique y “vaso” es demasiado general. La traducción exacta es “bocal”, con “b” larga que no usamos nosotros mucho. Los siete bocales de la ira de Dios, que están puestos después de la pintura del Anticristo y San Juan los llama, los últimos castigos. Es fácil de ver que se tratan de castigos de Dios a los incrédulos y pecadores, pero no es fácil determinar en qué consisten concretamente. El primero ha sido interpretado por los Santos Padres, los demás no. El primero es la sífilis. El profeta dice “una llaga fea y vergonzosa en los hombres que han cedido al Anticristo”, o “que han tomado la marca del Anticristo. Los autores traducen diferentemente este texto, pero hay muchos Santos Padres que han visto en estas llagas una relación con el sexo, yo no sé por qué. Otros han dicho que eran hemorroides. La sífilis no la conocían los antiguos, no era endémica como entre nosotros, ni sabían que era una enfermedad especial, no sabían el origen, no sabían la causa. De manera que algunos Santos Padres dicen que van a ser tumores y otros dicen que serán hemorroides. El latín “ferum et foedum” alude a una enfermedad horrible y pésima y el texto griego dice “ponerón”, es decir, maligno y doloroso, una enfermedad maligna y dolorosa.

Las otras fialas las he fijado yo con poca ayuda de la tradición, fijándome en los grandes males que aquejan al mundo de hoy por culpa de los hombres mismos, pues los castigos de Dios suelen ser las consecuencias de los desórdenes humanos, que Dios no anda armado con un palo matando a los que lo desobedecen: es el orden moral sobre el cual está sólidamente fundada la tierra el que castiga, automáticamente a veces, a sus transgresores. Enumeraré simplemente lo que parecen representar estas calamidades monstruosas antes de la Guerra de los Continentes, porque después de este Septenario el profeta vuelve, en la Sexta Fiala, sobre la Guerra de los Continentes de la cual ya ha hablado en la Sexta Tuba. Primera, está dicha, enfermedad venérea. Segunda, el mar se vuelve como sangre muerta, el Ángel volcó su bocal “en el mar, y se volvió sangre como de un muerto” dice el texto: la descompostura de las relaciones internacionales, lo que dijo Cristo, “se levantará nación contra nación y se tendrán odio mutuamente”. En efecto el mar, por medio del comercio, es el soporte de las relaciones entre las naciones apartadas—después de inventados los barcos, el mar no separa las naciones sino que las une, por medio del comercio se propagó la civilización en todo el Mediterráneo y después, más allá. Ahora es el aire, diríamos ¿no?, pero en ese tiempo era el mar el que unía a las naciones. De manera que envenenarse o volverse sangre el mar, puede querer decir que las relaciones internacionales se van a ensangrentar. Tercero, los ríos y las fuentes se volvieron sangre: es el envenenamiento de las fuentes de la cultura. En esto coincidimos con varios exégetas actuales. Anteayer salió la noticia de que el Rin había sido envenenado por un insecticida—¿es eso? No, no es eso, aunque podía ser una figura de la tercera plaga. No es eso, porque eso no afecta a todo el mundo, ni dura mucho. Ahora, los ríos y las fuentes para los antiguos eran figura de la cultura, porque todos tienen que tomar eso… la fuente Castal para los Griegos era la inspiradora de la poesía, de manera que la cultura hoy día—estamos viendo cómo se envenena hoy día la cultura, porque estamos viendo algo parecido a lo que decía Tácito en tiempo de la corrupción del Imperio Romano, que decía “corromper y ser corrompido, a eso llaman cultura”. Cuarto, “fueron quemados los hombres por fuego y calor excesivo”: es la tortura de la llamada “Ciencia”, o sea la técnica, pues es sabido que del sol proceden todas las fuerzas que usan actualmente los aprendices de brujo, para ir a la luna por un lado, y para matar hombres, por otro. Y para tener al mundo atormentado. Hoy salió en el diario que la televisión en colores, en norteamérica, difunde unas radiaciones que hacen daño a la salud, de manera que tres millones de televisores de los quince millones que hay en norteamérica los tienen que tirar, los tienen que romper y comprar otro, o mandarlo a la fábrica que les mande otro, que se lo cambien—de manera que eso es atormentar a la gente porque ahora con el susto que se habrán llevado todos van a tener miedo cuando tengan televisión de que no les mande nuevas radiaciones venenosas. La Quinta, “la sede de la Bestia se volvió tenebrosa”. Así tropezamos con una gran autoridad: Santo Tomás. Dice que la sede de la bestia es el poder político y que el poder político ande hoy en medio de tinieblas no me parece muy difícil de creer. Los políticos no saben solucionar nada, solamente prometer, y los problemas del mundo se han vuelto más insolubles, se han vuelto inabarcables para la mente humana, y dice el profeta que, “se morderán la lengua de desesperación”, aunque los políticos nuestros, al revés de morderse la lengua, la sueltan, porque no paran de hablar, de hablar, de hablar. La Sexta, el Ángel vuelca su copa sobre el gran río Eufrates y lo seca para abrir camino a los reyes de oriente. Me parece transparente este signo. El Eufrates era el límite que dividía el oriente del Imperio Romano, por tanto representa una gran barrera que antes defendía a Europa del Asia, o sea, de lo que actualmente llamamos “el peligro amarillo”.

Los diarios están repletos de noticias sobre la intranquilidad del mundo y lo que suscita esa intranquilidad es el Oriente: China, el comunismo, Rusia, el Vietnam. Antes de la Gran Guerra de Oriente contra Occidente, el profeta dice una cosa chusca: ¿se llevará a cabo esta guerra o se prepararán solamente los hombres para ella? No se sabe, es decir, parecería que se llevaría a cabo pero un gran intérprete que es el novelista inglés Roberto Hugo Benson del que ya les hablé dijo que no, dijo que va a estar inminente una Gran Guerra de Oriente contra Occidente, con explosivos en los cuales (inaudible)—la bomba atómica en el año 1900—, y que la iba a parar a esa guerra el Anticristo y que por eso lo iba a hacer rey del mundo, o señor del mundo. No sabemos, aunque me parece que el Apocalipsis dice que se va a llevar a cabo la guerra.

Antes de la guerra esa, aparecen tres ranas que salen de la boca del Dragón, de la Bestia y del Pseudoprofeta. O sea tres espíritus inmundos al modo de ranas, dicen las traducciones, o sea, algunas traducciones dicen salen tres demonios de la boca del demonio, porque el Dragón es el demonio, y del Anticristo y del Pseudoprofeta. Es absurdo que de la boca del demonio salga un demonio. No dice “el demonio” la Sagrada Escritura, dice “espíritus sucios” o “inmundos” y la palabra “spiritu” en latín y la palabra “pneuma” en griego, espíritu, significa “soplo” primeramente. De manera que son tres soplos sucios o inmundos que salen de la boca—uno del diablo, otro del Anticristo y otro del Pseudoprofeta. De tal manera que una revista protestante que tengo, la de los Testigos de Jehová, traducen “spiritus” por “expresiones”, salieron tres expresiones sucias, dice, o sea tres ideologías, falsas. Y ¿cuáles son las tres ideologías falsas que hoy preparan la guerra?: son el liberalismo, el comunismo y el modernismo, digo yo. San Agustín puso que eran las tres herejías de su tiempo, los maniqueos, los donatistas y los pelagianos—pues naturalmente San Agustín no era profeta, ni yo tampoco. Él se equivocó, me parece, pero yo no me podría equivocar—no podrían venir, después de estas tres que hay ahora, unas herejías más malas todavía que esas… No hay, no puede ser, rotundamente no. Cuando irrumpió el liberalismo, el Cardenal Belarmino dijo que no podía darse una herejía más completa.

(No está disponible la grabación de la parte final de esta conferencia).

Disertaciones del P. Castellani pronunciadas a lo largo de sucesivos viernes, entre el 6 de junio y el 18 de julio de 1969, en el salón de actos de la Iglesia del Socorro de la Ciudad de Buenos Aires.  Material publicado originalmente en Archivo.


[1] Aquí Castellani se apura y musita en voz baja de modo que no estoy seguro, pero parece decir algo así como “Yo la he de tararear cuando muera por Cristo ¿no?” He pasado y repasado la grabación una y otra vez, pero no estoy seguro. Sin embargo, me siento obligado a incluir este inciso.

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